Así es la "penalización por hijo" en España: la mujer gana un 28% menos a los 10 años del primer niño

Hace tres años compartíamos los resultados de un estudio de Kleven, Landais y Søgaard (2018) con datos de Dinamarca acerca de la denominada “penalización por hijos”. En él se veía que el 80% de la brecha de género en los salarios que existe hoy en el país nórdico se debe a tener hijos. Tener un niño no perjudica a las carreras de los padres, pero sí al de las madres, que a los 10 años tras el nacimiento del primer niño ganaban un 19% menos que los hombres (también trabajan menos horas), y cuyo hundimiento económico y profesional se agrava con cada nuevo niño.

España. Aunque sabíamos que este efecto también se manifestaba en otros países, nos faltaba el análisis nacional. Según los resultados del estudio de Quinto, Hospido y Sanz (2021), la brecha salarial promedio de la mujer española a largo plazo es similar a la que se experimenta en Suecia o Estados Unidos, aunque menor que en Reino Unido, Alemania, o Austria (sobre estos dos últimos, allí se llega a una sanción a corto plazo de casi el 80% y a largo plazo del 51 y 61% respectivamente).

¿Cuánto menos cobra la madre trabajadora? Cruzando los registros de la Seguridad Social, los investigadores han encontrado que al primer año de tener el primer niño los ingresos brutos de la madre caen, en promedio, un 11.4% con respecto a lo que ganaba antes de tenerlo mientras el sueldo del padre se mantiene. A los 10 años la penalización por hijo sube al 28% con lo que ganaba antes del primer hijo. Todo ello conduce a que, cuando el primer niño tiene 10 años, los ingresos de las madres sean de media un 33% más bajos que los de los padres. Este efecto no vuelve a recuperarse en el resto de su etapa laboral.

Menos dinero por menos horas. Esa pérdida económica se revela, sobre todo, por la pérdida de productividad de la madre. Estas mujeres reducen su número de horas trabajadas tras el primer parto (un 26% menos horas que antes), mientras que los hombres no lo hacen. También es más probable que opten por trabajar a tiempo parcial (un 46% más probable que antes) o reducirse la jornada. Por último, son más propicias que antes de parir a entrar a trabajos de duración determinada (29% más), cosa que, de hecho, se subvierte para los varones, que optan por ellos un 6% menos que antes. Así es cómo se ve que la carga laboral por el hijo recae prácticamente en exclusiva en la mujer.

No todas las madres son iguales. En esto sí nos diferenciamos de otros estudios como el de Dinamarca. Aquí sí hay una brecha añadida de clase entre mujeres con alto nivel de estudios frente a las de bajos estudios. Una mujer titulada acaba perdiendo menos días de trabajo y, por tanto, menos salario, que las de estudios básicos, que tienden además a trabajar más en contratos de duración determinada y a tiempo parcial.

De dónde venimos, a dónde vamos. La tasa de actividad de los hombres en edad de trabajar se ha mantenido casi estable entre 2007 y 2019 (82.6% a 79.9%, como vemos, de hecho, ha caído un poco) y la de las mujeres ha aumentado (del 62.8% al 70.1%). En este sentido, progresamos adecuadamente hacia la igualdad, pero esta no está ni ha estado garantizada. Ha habido escollos estructurales, por ejemplo, la disparidad en los permisos de paternidad y maternidad: hace apenas 14 años los padres contaban sólo con dos días por nacimiento de hijo, y en 2018 sólo tenían cinco semanas, escalando desde ellas a las 16 actuales, siendo 2021 el primer año en que son idénticos para madres y padres.

Pero esos primeros meses no lo son todo. Como se observa, el trabajo a tiempo parcial es casi seis veces más frecuente entre las mujeres (23% de trabajadoras) que entre los hombres (4%). Como se ha visto en todo este análisis, la carga del cuidado de los hijos y el hogar tiene mucho que ver con todo ello.

Los otros contextos: existen otros datos interesantes al respecto de las brechas salariales de nuestro momento. Resulta que, con datos de Estados Unidos, las mujeres y hombres solteros ganan menos, en promedio, que sus equivalentes que sí están casados, un fenómeno que se cree se explicaría por la llamada “selectividad” marital. En otros derroteros, mientras las mujeres han aumentado su estatus, los hombres se han ido volviendo un poco más “mediocres”. También, que las mujeres con altos ingresos tienen tasas de divorcio mucho más altas, un efecto que no ocurre entre los hombres.

Foto: Charles Deluvio.

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