Algo está cambiando en la costa de Granada: cada vez aparecen más ballenas, mantarrayas gigantes y tortugas

Manta
  • Buceadores de La Herradura pasaron de ver 2-3 ballenas en toda su vida a avistar más de 10 en un solo día entre 2025 y 2026

  • La Mobula mobular, especie en peligro crítico, ha pasado de ser invisible a aparecer en grupos de 10-12 ejemplares

Editor

Está claro: los ciclos de la fauna y la flora marinas se están desplazando y reestructurando a un ritmo acelerado como respuesta directa a los cambios globales del planeta. Desde Reino Unido registrando capturas récord de pulpos por el calor hasta la llegada masiva de megafauna marina a franjas litorales donde antes su presencia era excepcional. Lo contaba un medio granaíno a través de Marcos González, dueño del centro de buceo Open Water.

Este profesional ha crecido dándose chapuzones en La Herradura; por eso nota los cambios enseguida: "Llevo toda la vida viendo la fauna del Mediterráneo y siempre ha sido lo normal: en verano venían un tipo de peces, en invierno otro. Pero desde hace unos años estamos notando cambios, y cada vez se está acrecentando más".

¿Ballenas? ¡Ballenas! Su primer gran avistamiento de una ballena, recuerda, fue hace tres años. Desde entonces, los avistamientos se han multiplicado: "El año pasado, en un solo día, llegamos a ver más de una decena entre La Herradura y Almuñécar".

Lo que de verdad le sorprendió fueron las mantarrayas gigantes, conocidas como 'móbulas'. "No las había visto nunca, ni mi padre, ni los pescadores tampoco. Un día vimos dos y luego cada vez veíamos más. El año pasado fue increíble y en un día vimos hasta diez o doce ejemplares juntos", relata. Desde el Oceanogràfic de Valencia coinciden con este aumento de avistamientos.

A eso se une que hace poco avistaron a un tiburón azul o tintorera, una especie catalogada en peligro crítico en el Mediterráneo tras haber sufrido un declive del 90% en los últimos 50 años —hasta los pillaron copulando—. Aunque sí es propia de estas aguas, resulta rara de ver por la sobrepesca.

Y tortugas. "Antes veía una al año, o ninguna. Este año llevo decenas y decenas", asegura Marcos. Aún recuerda los días tras los temporales del pasado invierno que mantuvieron el mar revuelto durante 53 días. Cuando por fin amainó el temporal, la tripulación se encontró siete u ocho tortugas, dos de ellas muy débiles por no haber podido alimentarse durante tantos días de oleaje. Avisaron al 112 y un equipo especializado las recogió, las recuperó y más tarde las devolvió al mar en una suelta en la playa.

Tras ver tantas especies marinas inusuales en el litoral granadino, Marcos decidió organizar salidas marinas que bautizó como 'safaris': excursiones en las que, junto a especialistas, observan lo que el Mediterráneo les ofrezca ese día, ya sea un coral, una medusa o, con suerte, algún gran animal marino.

La ciencia confirma. Luis Sánchez Tocino, exprofesor de Zoología Marina en la Universidad de Granada y vinculado al Departamento de Zoología, destaca la presencia de grandes cetáceos como el rorcual común, cuya subpoblación mediterránea está En Peligro y apenas cuenta con entre 1.300 y 1.700 individuos. O la yubarta (la ballena jorobada), especies que "pasaron por el litoral granadino y se quedaron más tiempo del habitual y en algunos casos se podían escuchar alimentarse desde la propia playa".

Según Luis, la clave de estos movimientos está en la comida. "Los cetáceos son migratorios: van siguiendo rutas en busca de alimento. Si en un momento dado hay mucha comida en una zona, se quedan más tiempo; si no la encuentran, siguen su camino". Y el alimento depende de las corrientes marinas profundas, que arrastran los nutrientes hacia la superficie.

Baja la temperatura. Héctor Pula, responsable técnico del Aula del Mar de la Universidad de Granada, detalla que se está realizando un estudio de estas especies que llegan con más frecuencia de la habitual. Aunque insisten en que los análisis todavía están en marcha y no hay resultados definitivos, apunta a que no son las temperaturas máximas del agua las que de verdad importan para la fauna, sino las mínimas. "A las especies lo que realmente les afecta es la temperatura mínima que alcanza el agua, normalmente en invierno”. Si la especie se siente cómoda, va y coloniza zonas donde antes no habitaba.

Según explican, la temperatura mínima invernal en la costa de Granada solía rondar los 12 grados. Ahora, durante buena parte del año, se mantiene en 13 o incluso 14 grados. "Ese grado o dos de más está permitiendo que especies no adaptadas al frío, que antes no llegaban hasta aquí, ahora sí lo hagan".

Te colonizo. Las tortugas bobas (Caretta caretta) siguen el patrón. Aunque antes anidaban en el Mediterráneo oriental, el calentamiento global está llevando a esta especie vulnerable a expandir sus zonas de reproducción hacia las playas del Mediterráneo occidental. En la última década, las playas del litoral español y del resto de la cuenca han vivido este aumento en detección de nidos. Se registraron avistamientos y nidificaciones en playas de Andalucía, Comunidad Valenciana, Cataluña y Baleares, en respuesta a factores ambientales, según un estudio publicado en Diversity en 2021.

Granada y más allá. Lo que ocurre en la costa tropical tiene reflejo en todo el Mediterráneo español. En los últimos meses, se han registrado cerca de 20 varamientos de la especie Mobula mobular —una manta filtradora catalogada en peligro crítico en el Mediterráneo cuya población ha caído un 80% en 30 años— en España, 14 en Italia y 6 en Francia; los expertos desconocen la causa y lo atribuyen a una combinación de factores aún no determinados.

Cetáceos valientes. En la costa valenciana, el fenómeno de los cetáceos es aún más evidente. Entre mayo y julio, en las costas de Denia, Jávea y Calpe, los rorcuales se acercan a tierra antes de migrar hasta lugares desconocidos del Atlántico. En 2023 se contabilizaron 97 rorcuales en la zona, mientras que en 2024 se registraron más de 60 durante los primeros meses de la temporada. En 2026, según ha informado el Servei Ambiental Marí i de Pesca de Dénia, ya se han avistado más de 60 rorcuales. Aunque estos números también son muy variables, puesto que el lunes 9 de junio de 2025 se produjo el récord de avistamientos, 3 grupos con un total de 12 individuos.

La medusa "huevo frito" como termómetro. Los últimos datos de MedusApp, desarrollada por la Universidad de Alicante y la Universitat Politècnica de València, muestran que la 'huevo frito' (Cotylorhiza tuberculata) se ha convertido en la especie de medusa más reportada en la costa mediterránea dentro de su base de datos.

Según los investigadores, en 2020 representaba el 12,1% de las medusas comunicadas a través de la aplicación, mientras que en 2025 ya suponía el 27,8% de los avistamientos, prácticamente tres de cada diez. Es normal: esta época es cuando la especie alcanza su máximo esplendor.

Una boya para entender el cambio. El Aula del Mar instaló justo antes del verano una boya oceanográfica con sensores de temperatura tanto en superficie como en el fondo marino. Es, según explican, la primera de este tipo en todo el Mediterráneo dentro de la red internacional Aqualink. La boya permitirá obtener datos oceanográficos en tiempo real y a largo plazo que servirán al estudio de fenómenos asociados al cambio climático, como las olas de calor, además de facilitar la calibración de sensores remotos, la validación de modelos oceanográficos y el seguimiento de la evolución de los ecosistemas marinos.

Imágenes | Open Water Adventures

En Xataka | Cada vez es más habitual encontrarse medusas en las playas del Mediterráneo antes del verano. Y es una mala señal

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