Adiós a mirar Instagram en clase: Francia acaba de prohibir el smartphone en los colegios

Era una medida abiertamente pregonada por Emmanuel Macron antes de llegar al Elíseo y finalmente se ha cumplido: la Asamblea Nacional francesa, controlada por En Marche!, la formación del presidente, acaba de aprobar la prohibición de los teléfonos móviles en todos los colegios del país. La medida, de momento, afecta a los menores de 15 años, que no podrán valerse de aparatos tecnológicos de ningún tipo con fines recreativos (sí con objeto pedagógico).

¿Por qué? El procedimiento resume la idiosincrasia política francesa. En gran medida, los teléfonos ya estaban vetados dentro de las clases por una ley aprobada en 2010. Según el ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, la legislación previa era insuficiente dado que no abarcaba áreas no pedagógicas como los comedores o los recreos. Es decir, no era integral. Ahora sí lo será, pese a que el texto sólo transforma en tinta lo que muchos colegios franceses ya estaban haciendo.

¿Una medida cosmética de carácter centralizado y con gran pompa política y moral? Es lo que defiende la oposición, que se ha abstenido de votar a favor o en contra de la ley. Para Macron es un tanto de cara a muchos padres que interpretan en los móviles un problema.

¿Y lo son? En parte sí. Hay numerosos estudios que establecen una nítida correlación entre la penetración del smartphone entre las poblaciones adolescentes y el aumento del número de suicidios o de chavales deprimidos. Sólo en Estados Unidos, entre las poblaciones entre 13 y 18 años, los volúmenes de cuadros depresivos y tentativas suicidas han aumentado entre un 21% y un 30% durante el último lustro. Como vimos en su momento, hay pocos factores socioculturales tan capaces de explicar el dramático cambio de tendencia como el uso del teléfono móvil.

¿A qué se debe? A una suma de factores. Por un lado, las redes sociales establecen claras jerarquías sociales (likes, seguidores, comentarios en una foto de Instagram) que antaño tenían un carácter más abstracto o se ceñían a los espacios de socialización común (los recreos). Ahora la presión es doble. Por otro, la mayor utilización de los teléfonos móviles está relacionada con la menor interacción física. Como sabemos, no hablar, tocar o ver a otra gente dispara nuestro riesgo de caer en una depresión o en un cuadro de ansiedad (porque nos sentimos aislados).

La falta de sueño es otro problema señalado por los estudios.

¿Prohibir lo soluciona? Lo ideal, según explican numerosos expertos en pedagogía y psicología infantil, es compaginar la interacción física y la utilización de las nuevas tecnologías. Dicho de otro modo: no se le pueden poner puertas al campo. Pero sí acotarlas. En parte, es la estrategia elegida por países como Suecia o Reino Unido, donde la prohibición del smarphone se limita a las fases pedagógicas o es impulsada por parte del alumnado.

¿Y Francia qué? Para el gobierno de Macron esta idea era insuficiente. El veto francés se extiende más allá del aula y abarca todas las áreas de la vida escolar hasta los quince años. Las escuelas que cuenten también con educación secundaria podrán elegir si extienden la prohibición a sus alumnos más mayores. Más allá de las connotaciones de salud mental, hay un punto moralista. Para Blanquer, se trata de evitar que los smartphones "monopolicen" nuestra vida diaria.

Los problemas son varios. Desde la propia logística (se pueden esconder, utilizar de espaldas a los profesores) hasta lo cosmético de la ley (son pocos los profesores que permiten el uso del smartphone durante sus clases), pasando por el control y la seguridad que la conexión digital aporta a numerosos padres hoy en día. Pero quizá sea el inicio de una tendencia continental.

Imagen: Paul Hanaoka/Unsplash

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