Pese a que lleva años perdiendo población y lectores, Japón no para de abrir nuevas bibliotecas. Y tiene todo el sentido

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Desde 2000 el número de bibliotecas ha aumentado un 30%. Y eso que el interés por la lectura ha descendido

Carlos Prego

Editor - Magnet

Japón tiene cada vez menos gente (en general). Y menos aficionados a la lectura (en particular). A pesar de lo uno y de lo otro desde hace años el país está experimentando un fenómeno curioso: su red de bibliotecas no para de expandirse, con cientos y cientos de nuevos puestos de lectura. Para ser más precisos, Nikkei estima que en 2024 se repartían por Japón alrededor de 3.400 bibliotecas, lo que equivale a 800 más que las que funcionaban en 1999.

La gran pregunta es… ¿Por qué?

La gran paradoja. En un país con cada vez menos gente y en el que la pasión por la lectura está perdiendo terreno, lo lógico sería que cerrasen bibliotecas. En Japón ocurre lo primero y lo segundo (menos gente, menos lectores), pero no lo tercero. Lo curioso es que no solo está esquivando los cierres de puestos de lectura. Los está aumentando. Quien quiera encontrar un lugar en el que leer libros sin coste alguno lo tiene mucho más fácil hoy que hace 25 años.

Revisando los datos. Para entender la paradoja hace falta revisar antes tres datos. El primero es la evolución de la población nipona. Según World Bank Group, en 2024 residían en el país 123,9 millones de personas, bastantes menos de los 128 millones que llegó a sumar en 2010. Y el panorama a medio y largo plazo no es mucho mejor. Las últimas estadísticas oficiales revelan que, lejos de frenarse, el desplome de la natalidad alcanza cifras históricas y avanza más rápido de lo que preveían las autoridades. Si nada cambia, en 2050 la población caerá a unos 100 millones.

Menos gente, menos lectores. Esa es la segunda clave. Si hablamos de lectura, el problema no es tanto que haya menos japoneses como que los que hay parecen cada vez menos interesados por la literatura. 

En 2018 la Agencia de Asuntos Culturales lanzó una encuesta para averiguar con qué frecuencia leían sus conciudadanos. Descubrió que entre los mayores de 16 años el porcentaje de quienes leían menos de un libro al mes rondaba el 40-49%. En 2023 ese indicador había subido ya hasta el 62,6%. Otro 27,6% aseguraba que leía entre uno y dos libros al mes. Por si esa pista no fuera suficientemente clara, el número de librerías abiertas en Japón se redujo cerca de un 30% en apenas una década.

Y llegó la sorpresa. Con esas cifras sobre la mesa sorprende aún más el dato que acaba de divulgar Nikkei y con el que arrancábamos este artículo: hoy en Japón hay un 30% más de bibliotecas que en 2000. De los 2.600 centros públicos (en manos de ayuntamientos y distritos) en funcionamiento a comienzos de siglo se pasó a 3.400 en 2024. En 1996 no llegaban siquiera a 2.500. 

Aunque Japón no es ni mucho menos el país con mayor ratio de puestos de lectura por habitante, el aumento es considerable y algunas bibliotecas incluso pueden presumir de mover cientos de miles de usuarios al año. La de Tenmonkan, inaugurada en 2022, ronda las 700.000 personas anuales, buena parte jóvenes menores de 30 años.

¿Cómo es posible? La gran pregunta. Y la respuesta es sencilla: en Japón las bibliotecas no solo son más numerosas, también están cambiando. Siguen siendo espacios de lectura a los que uno acude en busca de libros o una sala silenciosa en la que devorar una novela o estudiar, pero también son lugares de socialización. Algo similar a centros comunitarios, solo que con estantes llenos de libros.

"Los residentes usan las bibliotecas muy a menudo. Junto con los auditorios y museos, atraen a la gente y crean un ambiente animado", señala Katsuyoshi Kinoshita, responsable de la Fundación para el Avance de las Bibliotecas.

El "tercer lugar". "Son espacios en los que la gente no solo lee libros, sino que también puede disfrutar de cuentacuentos y otros eventos o relajarse en una cafetería", confirma a Nikkei Fumihiko Suzuki, del Instituto de Investigación Daiwa.

Esa apertura ha convertido a las bibliotecas en una suerte de "tercer lugar" para muchos japoneses, un espacio de referencia más allá de sus hogares, trabajos o escuelas. El acceso es libre, puedes permanecer allí el tiempo que quieras, siempre hay gente y a menudo ofrecen actividades alternativas a la lectura: actos en auditorios o para niños, materiales históricos, museos… Son, en resumen, "lugares de encuentro".

¿Es algo espontáneo? No exactamente. Como explica Sadao Uematsu, de la Asociación Japonesa de Bibliotecas, el fenómeno se explica en parte por las "fusiones" impulsadas a comienzos de siglo, cuando "muchas salas de lectura de centros comunitarios se convirtieron en bibliotecas municipales". El éxito que alcanzaron la década pasada algunos proyectos centrados precisamente en espacios de lectura animaron a otros ayuntamientos a subirse al carro.

En los últimos años el ritmo de apertura de bibliotecas se ha ralentizado, pero aun así el fenómeno ha despertado el interés de instituciones internacionales como el World Economic Forum, que en febrero le dedicó un amplio análisis que conecta el 'boom' de las bibliotecas con otro de los fenómenos que marcan la sociedad nipona: el envejecimiento.

En un país en el que los mayores de 65 años representan más del 29% de la población, los espacios con actividades comunitarios se han convertido en una pieza clave para el bienestar de los mayores. Con ese telón de fondo, las bibliotecas se han convertido en valiosas aliadas.

Imágenes | Olegs Jonins (Unsplash) y Yanhao Fang (Unsplash)

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