Un -18,5%: cómo se compara la caída del PIB español con otros descalabros históricos

España ha entrado oficialmente en recesión. Su PIB se ha hundido en el segundo trimestre un 18,5% respecto al trimestre anterior, a su vez un 5,2% a la baja. Medio año de desplome económico. Una circunstancia inédita desde 2011 y 2008, las dos últimas ocasiones en las que la economía se contrajo dos trimestres consecutivos. Se trata del mayor descalabro intertrimestral de la historia del país, al menos desde que existen registros regulares (1970). Las previsiones no son optimistas.

Un vistazo a la situación interanual tampoco ofrece motivos para el optimismo. El PIB se ha hundido un 22% respecto al año pasado a estas alturas, una caída aún más pronunciada que la de marzo, cuando retrocedía un 4,1%. Es imposible esquivar la magnitud de las cifras. La economía española ha entrado en una barrena que cuenta con pocos referentes históricos, fruto de una circunstancia doblemente excepcional: una pandemia y un confinamiento prolongado durante dos meses.

¿Pero hasta qué punto es extraordinaria y grave la recesión que afronta España? Una buena forma de entenderlo es comparar sus cifras con otros grandes descalabros históricos, siempre excepcionales. La referencia más inmediata y cercana es lo que está sucediendo ahora mismo en otras partes del mundo. El PIB de la Eurozona, por ejemplo, se ha contraído un 12,1% respecto al cuatrimestre anterior, y el de la Unión Europea en su conjunto un 11,9%. Se trata, como el propio Eurostat afirma, "la mayor caída observada con diferencia desde el inicio de las series en 1995".

Son caídas interanuales del 15% y 14% respectivamente. Dentro gráfico:

Variación intertrimestral del PIB de la Unión Europea y de la Eurozona entre el primer trimestre de 2008 y el segundo trimestre de 2020. Habla por sí solo. (Eurostat)

Estados Unidos sale sólo marginalmente mejor parado. Su PIB ha caído un 9,5% respecto al año anterior, aunque la cifra más repetida en medios sea otra: 33%. Esta última no es sino una estimación anualizada de la última variación intertrimestral, no comparable con las cifras ofrecidas por España y la Unión Europea. En cualquier caso, se trata de un desplome también inédito: sólo el hundimiento del 10% en 1958 se le aproxima. De nuevo, el confinamiento ha jugado un rol letal en la economía (pese a que el de Estados Unidos ha sido más breve y menos severo).

En términos históricos, dos referentes cercanos vienen a la mente de forma inmediata cuando hablamos de España. El primero es la Gran Recesión de 2008. Pese a que la economía cerró aquel curso en positivo (creció un 1,1% respecto a 2007), todas las cifras comenzaron a hundirse a finales de 2008 y confirmaron el peor de los escenarios del año siguiente. A la altura del segundo trimestre de 2009, el PIB interanual de España era un 4,2% menor que el año anterior. La segunda mitad del año sería algo mejor, pero el país cerraría el curso con una contracción del 3,6%.

La mayor de toda su historia. Hasta ahora, si las previsiones se cumplen.

En rojo, de 2008 a 2013, cinco años de caída económica en España. Menos pronunciada que la potencial en 2020, pero mucho más sostenida. (Macrotrends)

Los cuatro años posteriores fueron malos, pero no tan malos. 2010 se cerró con un mínimo aumento del 0,2%. En 2011 volvió a caer (un 1,1%), así como en 2012 (2,9%) y 2013 (1,7%). Lo excepcional de la Gran Recesión devino no tanto de lo espectacular de las cifras, que también, sino de su prolongación a lo largo de un lustro. En cinco años, España perdió gran parte de su riqueza en el camino. Si en 2006 su PIB per cápita se ubicaba en el 105% de la media europea, en 2013 era del 95%. Salimos más pobres, y todos los indicadores socioeconómicos (todos) empeoraron.

¿Sucederá lo mismo ahora? Sin duda, tanto el hundimiento intertrimestral (18,5%) como el interanual a la altura del segundo trimestre (22%) son más pronunciados y alarmantes que los de 2009. Las previsiones apuntan a un efecto rebote en el curso que viene. Es decir, a un bache, muy profundo, pero también muy coyuntural. Veremos si finalmente es así.

Otros cataclismos históricos

La otra gran referencia histórica cuando hablamos de una demolición del PIB es la Guerra Civil. Aquí las cifras son algo más delicadas dado que se basan en estimaciones más que en registros fiables. En 2012, en uno de los peores momentos de la crisis económica que atenazaba a España, se viralizó un gráfico en el que se comparaba la evolución (no interanual, sino en una media de cinco años) de su PIB per cápita entre 1850 y la actualidad. El agujero que revelaba la Guerra Civil era insoslayable.

Evolución del PIB per cápita de España desde 1850 hasta 2011. La Guerra Civil es más que evidente.

Durante el primer año de conflicto, entre 1935 y 1936, la riqueza de los españoles se desplomó un 24,26%. Cuando Morgan Stanley advirtió de que el PIB español podría cerrar el curso un 22% por debajo de 2019, la lectura fue inmediata: España afrontaba un cataclismo sólo comparable al de la guerra. Lo cierto es que hay que contextualizar el dato. Entre 1936 y 1939 España se dejó un tercio de su economía (PIB, no PIB per cápita), con una caída acumulada del 30%. Un verdadero apocalipsis.

Es improbable que algo así suceda, pongamos, hasta 2023, por más que el cierre de 2020 ofrezca cifras igual de alarmantes. Entre 2007 y 2013, sin duda la otra gran crisis económica que ha asolado al país en los últimos 150 años, la pérdida del PIB per cápita fue del 10%.  En 1868, una crisis bancaria provocó un hundimiento acumulado en dos años del 12%. Y en 1895, otra crisis bancaria y la epidemia de la filoxera causó otra contracción del 9% a lo largo de otros dos años. Nada que se aproxime a la destrucción económica tan prolongada que trajo la Guerra Civil.

Si salimos de España, hay otros ejemplos. Rusia es uno de los más recurrentes. La disolución de la Unión Soviética se saldó con una catástrofe económica. La nueva federación pasó los primeros siete años de su existencia en recesión. En 1991 se dejó un 5% del PIB; en 1992, un 14%; en 1993, un 8%; en 1994, un 12%; en 1995, un 4%; y en 1996, un 3,76%. Hasta 1997 su economía no lograría crecer respecto al año anterior. De nuevo, la espectacularidad del (potencial) dato de 2020 queda lejos de un descalabro tan estructural y sostenido.

¿Otro caso? Entre el año 2000 y 2002 el PIB de Argentina cayó un 0,79%, un 4,4% y un 10,8% consecutivamente. Si nos remontamos algo más en el tiempo (y descontando la menor fiabilidad de las cifras), el PIB mundial cayó un 15% entre 1929 y 1932, los años de la Gran Depresión. Para Estados Unidos el balance sería aún más espectacular, con una pérdida de hasta el 30%. En todos los casos, la gravedad de la crisis se produce por su prolongación en el tiempo, no por un dato puntual.

Los siete primeros años de Rusia fueron una pesadilla económica. (Macrotrends)

Este es un elemento clave para entender (si bien no para rebajar) la importancia de la cifra española en 2020. Por un lado: la variación del 22% interanual corresponde al segundo trimestre, coincidiendo con el confinamiento más duro. Como hemos visto a cuenta de 2009, es posible que esa cifra mejore y se suavice conforme avance el año, acolchando el saldo final en diciembre (que seguramente superará al 10%, la mayor caída interanual del PIB desde la Guerra Civil).

Y en cualquier caso, la característica de las principales crisis históricas, muy en especial de las que arrojan las cifras más espectaculares, no es lo puntual de un dato, sino su extensión a lo largo de varios años. Ya nos fijemos en la Gran Depresión, en Guerra Civil, en la disolución de la Unión Soviética o incluso en la Gran Recesión, la gravedad de la destrucción tuvo más que ver con su duración que con una caída específica (que también). En ese sentido, es imposible saber qué será del coronavirus. Si un bache enorme, pero puntual, o las bases de una recesión más profunda y alargada.

Sea como fuere, son malas noticias.

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