Como no tenemos tiempo ni para leer, alguien ha visto un negocio: clubes de lectura a 1.200 euros el "retiro"

Estos clubs tienen 38.000 miembros y organizan retiros de lujo con un solo objetivo: leer

John Tones

Editor Senior - Entretenimiento

Fin de semana de febrero, costa galesa. Un grupo de mujeres se sienta alrededor de una mesa acompañadas de apetitosas raciones de pastas y fruta. Se ignoran mutuamente de modo muy cortés. Nadie mira a sus móviles, sino a voluminosos libros que traen consigo. Los abren, se ponen a leer en silencio cada cual el suyo, y pagan 1.200 euros (o más) por ese extraño privilegio.

Negocio en expansión. En Estados Unidos y Reino Unido ha nacido una nueva categoría de experiencia de viaje, los retiros de lectura. Un grupo de personas se reúne en una casa rural o un hotel boutique durante un fin de semana para avanzar en sus lecturas personales, en silencio amigable y sin obligación de leer un libro común, tal y como sucede con los clubs de lectura. Carísimos y exclusivos, los precios varían desde la empresa Page Break (entre 1.000 y 1.200 dólares por fin de semana) hasta Ladies Who Lit (3.450 libras por cuatro días en Mallorca) o Bad Bitch Book Club (entre 950 y 1.750 dólares).

Es lo suyo. Aunque hoy se percibe como una actividad solitaria, leer como algo introspectivo es una percepción históricamente anómala. Durante siglos, leer fue una práctica social: familias reunidas al calor de la chimenea para escuchar sermones en voz alta, mujeres compartiendo historias mientras cosían, viajeros intercambiando libros en los vagones del tren. De hecho, la aparición del ferrocarril en el siglo XIX generó toda una industria: el editor Henry Walton Smith comenzó a vender novelas baratas en los andenes de las estaciones londinenses, y Allen Lane instaló una máquina expendedora de libros de la editorial Penguin (el Penguincubator) en los vestíbulos del metro.

Se lee menos.El descenso en los índices de lectura está sobradamente documentado. Desde 2003 hasta 2023, la proporción de estadounidenses que leen por placer a diario cayó de un 28% a un 16%, aproximadamente el 3% anual. El informe del que salen esos datos, elaborado a partir de más de 236.000 participantes, señala que la caída es más pronunciada entre la población de menor renta y menor nivel educativo, aunque el descenso afecta a todos los grupos demográficos. El teletrabajo también ha afectado a un espacio histórico de lectura: el trayecto al trabajo.

La importancia de BookTok. Pero frente a este descenso generalizado de los índices de lectura, especialmente en clases más modestas, existe una reivindicación de la lectura como una forma de ocio que desconecta del ritmo conectado e hiperactivo en el que vivimos. Paradójicamente (por venir de una red social), la comunidad lectora de TikTok tiene mucho que ver con esta nueva visión de la lectura: con 200.000 millones de visualizaciones bajo el hashtag booktok, esta red social ya es un motor de ventas que rescata títulos del olvido y catapulta obras de autores independientes a las listas de más vendidos. 

Según la fundadora de The Literary League, Gabi Valladares, que ha organizado retiros de lectura en el resort Scribner's Lodge de las Catskills, "las vacaciones libreras ofrecen un punto de conexión incorporado", y añade que son "poco exigentes", al combinar ratos con autores y otros aficionados con horas libres para, simplemente, leer.

Se desconecta. La idea, por mucho que internet sea la plataforma de difusión de este tipo de retiros y su filosofía, es desconectar del mundo online, en busca de la recuperación de una lectura sin interrupciones. Como apunta Leah Price, autora de 'What We Talk About When We Talk About Books', el problema actual no es el trabajo, históricamente el principal competidor de la lectura, sino "la competencia del contenido digital de formato corto". El año 2018, cuando el wifi llegó a toda la red de metro de Nueva York, fue descrito como "horrible" para la lectura en el suburbano por Uli Beutter Cohen, que entrevista viajeros sobre sus lecturas para su cuenta de Instagram Subway Book Review

Algunos clubs. Bad Bitch Book Club nació en 2018 como un grupo de Facebook de amigos con intereses comunes. Para 2020, el confinamiento disparó la página a 38.000 miembros en todo el mundo, recibiendo ingresos de alrededor de 200.000 dólares anuales mediante una suscripción en Patreon de 14 al mes. Sus campamentos de verano en The Forks, Maine, recibieron 500 solicitudes para 240 plazas distribuidas en tres fines de semana.

Page Break, fundada en 2024 por Mikey Friedman, tiene una propuesta diferente: los participantes leen en voz alta (por turnos, imaginamos) una misma novela a lo largo del fin de semana, intercalada con comidas frugales y juegos temáticos, acercándose más a la idea de un club de lectura tradicional. Para un retiro reciente en el desierto de Joshua Tree (California), la empresa recibió 50 solicitudes para 15 plazas, que se asignaron por sorteo. Su objetivo: millennials y zetas demasiado ocupados para comprometerse con un club de lectura convencional.

Mujeres. El perfil de los asistentes es abrumadoramente femenino. Emma Donaldson, fundadora de Boutique Book Breaks (retiros en hoteles con spa por la campiña inglesa), señala que hasta la fecha solo ha tenido un huésped varón. Las organizadoras atribuyen este sesgo a la feminización de la industria editorial en las últimas décadas y a un marketing para estos retiros que adopta el lenguaje del bienestar: velas, sales de baño, cocktails sin alcohol... La teórica DeNel Rehberg Sedo conecta la popularidad de estos clubs de lectura femeninos con los grupos de concienciación de las décadas de 1960 y 1970, hablando de espacios que "continuan la formación de las mujeres y las alejan de las responsabilidades domésticas".

La metáfora del bienestar no es casual. Cuando el debate se centra a menudo en elegir entre la lectura como consumismo acelerado o como práctica reflexiva, estos retiros ofrecen un punto intermedio. La posibilidad de leer despacio, sin rendir cuentas a ningún algoritmo, en compañía de otras personas que tampoco entienden por qué demonios leer un libro se ha convertido en estos tiempos en algo que cuesta tanto trabajo.

Cabecera | Foto de Priscilla Du Preez en Unsplash

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