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La receta de la Coca-Cola parecía intocable. Hasta que Europa primero y México después han decidido tocarla

Proteger la fórmula de la Coca-Cola sirve poco ante una regulación estricta del azúcar 

José A. Lizana

Colaborador

Durante décadas, la receta de la Coca-Cola ha sido tratada casi como un secreto de Estado, custodiada en una bóveda en Atlanta y protegida por un halo de misterio. Sin embargo, en el mundo real, los gobiernos han descubierto que no necesitan infiltrarse en esa bóveda para alterar la bebida más famosa del mundo, sino que pueden hacerlo a través de textos legislativos. Modificar, por ejemplo, el marco fiscal o regulatorio puede empujar a cualquier compañía a cambiar su composición, sus precios o su abastecimiento. 

El caso de México. Sin duda, es uno de los más sólidos a nivel mundial para entender cómo se puede forzar un cambio industrial a gran escala. Y no es para menos, porque el motor de este cambio no fue una orden directa de reescribir la fórmula, sino la entrada en vigor de un nuevo impuesto a las bebidas azucaradas en 2014

Aquí el efecto que tuvo fue comentado por diferentes estudios que demostraron que, un año después del impuesto, las compras de las bebidas azucaradas cayeron un 6%, mientras que las compras de agua subieron un 4%.

Tuvo una respuesta. El escenario fiscal y la caída de las ventas lógicamente generaron una fuerte presión para que la compañía cambiara sus ingredientes, haciendo que comenzara una gran presión sobre el mix de edulcorantes de la compañía. Esto abrió un intenso debate sobre el uso de azúcar de caña frente al jarabe de maíz de alta fructosa, y ahora el gobierno nacional ha puesto sobre la mesa la posibilidad de obligar a que Coca-Cola deje de usar jarabe de maíz importado y transicione hacia el azúcar de caña nacional al vendérsela mucho más barata.  

En Europa. Mientras México utiliza la presión fiscal sobre el consumo, la Unión Europea es el ejemplo perfecto de la regulación estructural del mercado. Y es que para quien ha viajado a Norteamérica, se habrá dado cuenta de que el sabor de la Coca-Cola es diferente al que se toma aquí en Europa. Y a culpa la tiene también una maraña burocrática muy importante.  

El culpable no fue otro que la fuerte intervención que tuvo el mercado de azúcar en la Unión Europea durante 50 años a través de un complejo sistema de cuotas que llegó a su fin el 30 de septiembre de 2017. 

Sus consecuencias. Aquí la normativa europea limitó históricamente la producción de isoglucosa, que es el equivalente europeo al jarabe de maíz estadounidense, mediante cuotas estrictas. Esta restricción estructural obligó a que su uso en la industria de los refrescos fuera mucho más contenido que en Estados Unidos.

Aunque la Comisión Europea siguió gestionando ciertos límites cuantitativos en la fase final de este régimen legal, la regulación actuó como un dique de contención. Además, varios Estados miembros han implementado sus propios impuestos a los refrescos, separando la estrategia de la "regulación del mercado" de las políticas de "salud pública" contra el consumo de azúcar.

En la India. Para entender hasta dónde puede llegar el pulso entre un Estado y el gigante de Atlanta, hay que viajar a la India de 1977. Aquí, a diferencia de México o Europa, no se debatió sobre azúcar de caña o edulcorantes, sino sobre la soberanía y el control corporativo por 'culpa' de una ley de control de divisas que obligaba a las multinacionales a diluir y reducir su participación extranjera. 

Aquí Coca-Cola reaccionó rápidamente para evitar que ningún gobierno pudiera controlar sus operaciones y por ende compartir su fórmula secreta, y es por ello que decidió abandonar el país en 1977 antes de someterse y revelar los secretos que tenía. 

Imágenes | Unsplash

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