Hace 80 años orientarse en el metro de París ya era una locura. Su solución: este fascinante mapa luminoso

¿Quieres llegar a la otra punta de la ciudad? No hay problema. Sacas el móvil, tecleas en Google Maps el lugar al que quieres llegar y sigues las indicaciones. O aun más fácil. ¿Que estás en Madrid y quieres moverte, por ejemplo, de Príncipe Pío a Ventas? Pues te descargas la app del Metro y accedes a información precisa sobre la ruta, conexiones, tiempos e incluso el aforo estimado.

Si no eres amigo de mirar pantallas mientras viajas no pasa nada: tienes los planos en papel.

La cosa sin embargo no siempre fue tan fácil. Hacia los años 30 y 40 del siglo pasado, moverse por el metro de la bulliciosa y ecléctica París, cuya red sumaba ya 13 líneas en 1935, exigía de un buen conocimiento de las estaciones y de la propia ciudad. Si eras un recién llegado o no dominabas el mapa te arriesgabas a acabar callejeando por una de las grandes capitales de Europa.

Conscientes de ese problema hacia 1937 los responsables del metro parisino idearon un sistema claro y didáctico para que los pasajeros, incluso los muy novatos, pudiesen orientarse por su red de galerías, líneas y conexiones: Plans Indicateurs Lumineux d´itinéraires, más conocido por las siglas PILI. Al fin y al cabo hace 85 años quizás no existiesen los smartphones ni los sistemas GPS, pero la electrónica ya estaba ahí para echar una mano a quienes necesitaban conocer la mejor ruta.

Sigue las bombillas

A grandes rasgos PILI era un mapa electromecánico del metro dotado de bombillas y un panel horizontal con botones que permitían a los viajeros seleccionar las distintas estaciones.

Pongamos que era la primera vez que usabas el servicio, no hablabas ni papa de francés y querías moverte desde Pont Marie a Porte de Charenton. PILI te lo ponía fácil: solo tenías que pulsar el botón de la última estación —por defecto entendía que partidas de la terminal en la que lo usabas— y su mecanismo iluminaba el trayecto en el mapa, señalando cada una de las paradas.

Una bombilla encendida por cada estación que recorrías hasta tu destino.

Fácil.

Intuitivo.

Sin mucho margen para equivocaciones.

Las estaciones incluso estaban ordenadas alfabéticamente.

Quizás no informase sobre aforos o incidencias, como los smartphones, pero desde luego no estaba nada mal para 1937. El sistema funcionó tan bien, de hecho, que poco después había ya más de 80 de aquellos dispositivos desplegados por París y para la década de los 80 —en 1981, para ser precisos— la RATP (Régie Autonome des Transports Parisiens) gestionaba 184.

Muchos niños parisinos veían en PILI un enorme juego de bombillas y teclas y sus característicos tableros se convirtieron en parte del paisaje urbano de la ciudad de las luces, igual que las farolas o el paseo del Sena. Lo que surgió de la pura necesidad, del deseo caritativo de evitar que los viajeros acabasen pululando desorientados por el subterráneo, acabó elevado a la categoría casi de símbolo, una pieza más del atrezo urbano, perfectamente identificable para cualquier parisino, igual que el logo blanco, azul y rojo del metro de Londres o el rombo rojo rojizo que identifica al de Madrid.

Que hubiese calado en la identidad visual de los vecinos no significa, eso sí, que disfrutase del indultó del tiempo. A medida que las décadas pasaban, la tecnología avanzaba y se constataba lo gravoso del mantenimiento de aquellos mapas electromecánicos, PILI perdió interés.

En los años 90 las autoridades creyeron que era más inteligente amoldarse a los nuevos tiempos y empezaron a implantar un dispositivo adaptado a las ampliaciones y con la tecnología CD-i, el Plan Lumineux Interactif (PLI). Los viejos PILI fueron perdiendo fuerza en los 90 y la década de los 2000. Ya en la segunda década del XXI se adoptó el sistema Zenway, digitalizado y más completo.

En simbolismo y recuerdos, probablemente los viejos paneles PILI sigan llevándose sin embargo la palma. Tal es la huella que dejaron que han inspirado obras de arte y pasajes literarios.

“De niña, tuve que ser arrebatada de este cuadro cuyas iluminaciones quería probar —rememora la escritora Jane Sautière en Estaciones (entre líneas)—. A veces la constelación era magnífica cuando, por casualidad, había elegido una ruta con muchas conexiones. Tomaban forma figuras celestes, Osa Menor y Osa Mayor, Coronas del Sur, Capricornio y Acuario… Un cielo tan perfectamente iluminado que pensé que podía viajar por debajo. Nada, al final, borró esta esperanza”.

Hay incluso quien se resiste al paso del tiempo y ha acabado llevándose a casa su propio PILI. El resto aún podemos contemplar algunos —apagados, eso sí— en ciertas estaciones de París.

Un guiño para nostálgicos.

Imágenes | Wikimedia

Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com

VER 4 Comentarios

Portada de Xataka