El telescopio Swift ya es historia: se ha desintegrado sobre Sumatra tras 22 años en órbita

Swift 1

Se hizo lo que se pudo, pero la caída ha sido inevitable

Azucena Martín

Editora

La NASA hizo todo lo posible para rescatar el Observatorio Neil Gehrels Swift de una caída inevitable. El pasado mes de julio, después de detectar que la reentrada del observatorio espacial era casi inminente, se lanzó la misión Link, cuyo objetivo era sujetar el telescopio e impulsarlo a una órbita más estable. Desgraciadamente, la nave que debía hacerlo sufrió una serie de problemas que la llevaron de vuelta a casa sin cumplir con su propósito. Por eso, como cabía esperar, el Swift ha acabado cayendo en la Tierra sin que nadie pudiese evitarlo. Ocurrió este miércoles, 4 de noviembre, en Sumatra y, por suerte, no ha habido que lamentar daños. Al menos que se sepa.

Crónica de una caída anunciada. El riesgo de que Swift cayese sobre la Tierra antes de que finalizase este año era de más del 90%. Y se ha cumplido. La vuelta a casa ha sido descontrolada. No se pudo calcular dónde caería con exactitud, aunque la NASA hizo un llamamiento a la calma, asegurando que lo más probable era que la mayor parte del observatorio se desintegrase al cruzar la atmósfera terrestre. En los últimos días de seguimiento, se habló de que podía caer sobre algún país cercano al ecuador. Finalmente, ha sido la Fuerza Espacial de Estados Unidos la que ha anunciado el destino definitivo. Swift reentró en la atmósfera el 4 de noviembre a las 12:39 GMT (13:39, hora peninsular española) justo sobre la isla de Sumatra. 

Sin daños. El anuncio se hizo sobre la reentrada en la atmósfera. No hay constancia de dónde han caído exactamente los restos, si es que los ha habido. Buena parte debió desintegrarse, si no todo. Algunos medios de comunicación sí que hablan de fragmentos, que cayeron sin causar daños. Sin embargo, hasta ahora la NASA no ha hecho ningún anuncio oficial sobre esto. Las predicciones anteriores a la vuelta de Swift apuntaban a un riesgo de 1 entre 2.100 de que algún fragmento cayese sobre una persona. Si hasta ahora no ha habido ningún reporte, lo esperable es que finalmente no haya pasado nada.

22 años de trabajo duro. Inicialmente, Swift se concibió para una misión de 2 años. Sin embargo, el observatorio, que pesaba 1.450 kg y tenía el tamaño de un minibus, consiguió alargar su misión mucho más. Durante 22 años, ha estado aportando datos científicos muy interesantes, especialmente en lo referente a los estallidos de rayos gamma. 

Cuando la fricción de la atmósfera, acelerada por una alta actividad solar, comenzó a desorbitar el observatorio, la NASA procedió a apagar algunos de sus instrumentos para intentar disminuir la resistencia y mantenerlo a flote más tiempo. Todo habría ido bien si Link hubiese completado su misión, pero por desgracia no fue posible.

Fallo en la propulsión. Unas semanas después de su lanzamiento, Link comenzó a girar sin control a causa de dos fallos, uno en las ruedas de reacción y otro en su sistema de propulsión mediante gas frío. La NASA intentó recuperar el control, pero no lo logró. La nave volvió a la Tierra sin tiempo ya para enviar otro equipo de rescate hacia Swift. Ante esta situación, la agencia espacial estadounidense optó por volver a encender los instrumentos del observatorio y exprimirlo hasta su último momento. Un momento que ha llegado con su abrupta jubilación este mes de noviembre de 2026. 

Imagen| Laboratorio de Imágenes Conceptuales del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA

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