
Ni supersónico ni hipersónico: por qué el discreto X-70 puede ser el avión experimental más versátil de la NASA
La NASA acaba de desvelar un nuevo avión experimental con piloto a bordo y la verdad es que deja con la boca abierta por lo que puede hacer: no es un avión de pasajeros ni tampoco un caza, sino una plataforma de investigación en vuelo que permitirá estudiar cómo responde una aeronave en situaciones de maniobra que, según la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, nunca antes se han demostrado en un vuelo tripulado.
Un laboratorio con alas. El X-70 Fractal será el último de una saga, los aviones X, que la NASA emplea para probar tecnologías antes de que lleguen a la aviación real desde que el Bell X-1 rompió la barrera del sonido allá por 1947, pasando por el X-15 hipersónico o el actual X-59 de vuelo supersónico silencioso. Su característica diferencial será que dispondrá de un sistema de control de vuelo que se puede reconfigurar rápidamente, lo que posibilitará esa experimentación de todo tipo de situaciones.
Como explicaba Jared Isaacman en su presentación en la cumbre UP Summit del Centro Espacial Kennedy, permite probar "tecnologías avanzadas de control de vuelo, maniobrabilidad y otras tecnologías de vanguardia en vuelo real". ¿Cómo? Gracias un diseño modular y la capacidad de intercambiar de forma ágil cargas útiles internas y externas.
Por qué importa. Porque es un avión con piloto y mandos reconfigurables, lo que permite evaluar cómo se comporta una aeronave con distintas características de manejo, algo muy valioso para el diseño de futuros aviones y sistemas de control. Además, la modularidad permite usar la misma plataforma para varios programas. Resumiendo: en lugar de operar aviones distintos para cada línea de investigación, se usa uno solo cambiándole cargas y configuraciones.
Las especificaciones del X-70 Fractal. El X-70 Fractal tiene un peso al despegue de unos 4.536 kilogramos y está diseñado para volar a Mach 0,75 (entre unos 800 y 920 km/h según la altitud), alcanzando altitudes de hasta 13.716 metros y un alcance operativo de más de 2.700 kilómetros (1.500 millas náuticas, unos 2.778 km). Asimismo, permite jugar con unos 900 kg de carga experimental, ya sea interna o externa. Además, no es un avión autónomo, sino que requiere de piloto.
Su diseño es un misterio. La mala noticia es que la única imagen que la NASA ha facilitado de la aeronave es la que ilustra este artículo y está generada por ordenador, por lo que no hay fotografías reales del avión. El medio de cobertura espacial Space.com explica que su peso es similar al del Model 437 Vanguard de Scaled Composites y Northrop Grumman y que, además, la silueta se le parece. A falta de datos oficiales, todo apunta a que será un avión de tamaño compacto y alto rendimiento subsónico, diseñado para estudiar el control y la maniobrabilidad más que para la velocidad pura.
No es la única incógnita. Aunque no hay un calendario detallado de pruebas, en teoría no habrá que esperar mucho para verlo en acción: Isaacman contaba que está previsto que su primer vuelo a las órdenes de la NASA tenga lugar en los próximos dos años. Eso sí, eso es más un objetivo que una garantía, sirva como ejemplo el X-59: adjudicado a Lockheed Martin en 2016 y con previsión de estar listo para 2020, su primer vuelo se materializó en 2025, como recuerda PopSci.
De momento, solo queda esperar a que la NASA vaya despejando incógnitas como quién fabricará el avión y su presupuesto, así como su calendario de ensayos y, más pronto que tarde, la publicación de imágenes reales de la aeronave.
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