
No es un araña, no viene de un volcán... ¡es un cráter de impacto!
El 13 de octubre de 2026, la imagen del día del NASA Earth Observatory fue una instantánea fascinante tomada por el satélite Landsat 9 desde el cielo de Australia. En ella se ve el cráter Araña (Spider crater), una deformación del terreno ubicada en la región de Kimberley, en Australia Occidental. Como su propio nombre indica, tiene una curiosa forma de araña que ha llamado la atención de los científicos desde hace años. Y es que, en realidad, esta estructura llamó por primera vez la atención de los geólogos en los años 50 del siglo pasado.
En unos inicios se pensó que podría tener origen volcánico, pero las investigaciones posteriores la han descrito como un cráter de impacto. Aún hay muchos misterios a su alrededor, pero estos ya no obsesionan solo a los científicos. La foto de la NASA ha hecho que personas ajenas a la ciencia de todo el mundo se interesen y se maravillen por ella.
Las cifras. En la imagen de la NASA, tomada el pasado 20 de septiembre de 2026, se ve una estructura de unos 4 kilómetros de ancho. Sin embargo, este es solo el centro del cráter completo, cuyas dimensiones totales son de 13x11 kilómetros. Esto incluye las patas de la araña, formadas por crestas claras de arenisca.
El origen. Durante estudios realizados en la década de 1970 se encontraron dentro del cráter Araña varias muestras de conos astillados (shatter cones). Estas son fracturas cónicas con estriaciones que se forman en las rocas cuando estas se someten a un impacto colosal, de entre 2 y 30 GPa. Normalmente son una evidencia diagnóstica de que una estructura como esta pueda considerarse un cráter de impacto. Por eso, cuando se hallaron, se desechó la hipótesis del origen volcánico.
Con esta evidencia, se sugiere que, tras un gran impacto de un meteorito, el terreno se elevó en el centro y las capas de roca se deformaron, sacando a la superficie algunas rocas que normalmente estarían a mucha profundidad. Después, con el paso del tiempo, la erosión eliminó la roca menos resistente y dejó en relieve las crestas más duras. Esas serían las patas de la araña.
Más pruebas. Otra prueba de que se trata de un cráter de impacto se arrojó con un estudio publicado en 2021. En él se analizaban granos de cuarzo y circón recogidos en el cráter Araña. Cuando un impacto golpea la roca, deja deformaciones microscópicas en los cristales, y el circón y el cuarzo las conservan bien. Por eso, igual que los shatter cones, estos minerales son grandes indicadores de que una deformación del terreno es en realidad un cráter de impacto. En este caso, también explicaron cómo se produjo la colisión, ya que las deformaciones no estaban repartidas de forma uniforme alrededor del centro. Esto indicaría que el impacto se produjo de forma oblicua.
Antigüedad incierta. Ya tenemos bastante información sobre cómo se pudo formar el cráter Araña. Aun así, salta a la vista que no es un cráter convencional, de ahí que se considere tan interesante y misterioso. De hecho, uno de los misterios que aún lo envuelven es el de su antigüedad. Se sabe que debió formarse después de un plegamiento suave de la cuarcita paleoproterozoica y antes de un episodio regional de erosión glaciar. Esto, por asociación, lo ubica en un momento entre 600 y 900 millones de años atrás. Más allá de eso, no se sabe nada de su edad.
Imágenes | NASA
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