Descubrimos el primer asteroide de tres cabezas que se ha visto jamás. Y también tiene su propia luna

Asteroide De Tres Cabezas

No solo es llamativo por su apariencia. También lo es porque puede ocultar secretos sobre el origen de la Tierra

Azucena Martín

Editora

Las herramientas de observación del cielo han evolucionado muchísimo en los últimos dos siglos. Como muestra, el asteroide 44Nysa. Fue descubierto en 1857 por el astrónomo Hermann Mayer Salomon Goldschmidt; quien, en realidad, detectó un nuevo punto brillante en el cielo y lo identificó someramente con ayuda de un telescopio de lo más básico. Con los años, se descubrió que no era un asteroide cualquiera, pues parecía tener dos cabezas o, dicho técnicamente, dos lóbulos. Ahora, gracias a las observaciones realizadas por los telescopios terrestres  Large Binocular Telescope (LBT) y Very Large Telescope (VLT), sabemos que en realidad es todo un Can Cerbero del espacio, ya que tiene ni más ni menos que tres lóbulos. Es el primer asteroide de tres cabezas que se ha logrado identificar jamás.

De punto brillante a asteroide de tres cabezas. Las tres cabezas de Nysa no eran fáciles de identificar porque el propio brillo emitido por el asteroide dificultaba ver bien su estructura. Por eso, los autores del estudio que se acaba de publicar utilizaron dos dispositivos de imagen de alto contraste, el SHARK-VIS en el LBT y SPHERE y su polarímetro ZIMPOL en el VLT. Además, emplearon ópticas adaptativas que contrarrestan el efecto de desenfoque de la atmósfera para aumentar aún más la resolución de las imágenes. 

Por otro lado, combinaron todo esto con técnicas de procesamiento de imágenes que permitieron afinar aún más y eliminar el halo brillante que rodea el asteroide. Así, salió a la luz esa tercera cabeza que había pasado desapercibida en los últimos 170 años. 

Todas sus características. Estos investigadores observaron que 44Nysa mide 75 kilómetros en su punto más ancho. Cuenta con dos valles que más o menos se habían podido ver con anterioridad y que ahora sabemos que es la unión de los “cuellos” de sus tres cabezas. 

Por otro lado, se ha podido estudiar su composición. Su superficie es más brillante que la de la mayoría de asteroides porque es muy rico en el silicato enstatita, que no contiene hierro. Esto lo convierte en un asteroide tipo E.

También una luna. Algo que también había pasado desapercibido por no poder discernir a través del brillo del asteroide es que cuenta incluso con una luna que gira a su alrededor. Inicialmente se identificó como un objeto mucho más pequeño, de un kilómetro de ancho, ubicado a 170 kilómetros del asteroide. Dado que se ha podido observar en dos ocasiones independientes, se ha comprobado que, efectivamente, se mueve alrededor de 44Nysa, como la Luna en torno a la Tierra.

Una flecha señala a la luna que gira en torno al asteroide

Posibles orígenes. Hay dos hipótesis sobre el origen de 44Nysa. Por un lado, podría ser el resultado de la fusión de tres objetos, que darían lugar a cada una de sus cabezas. Por otro, es posible que fuese impactado por un objeto más grande, quizás otro asteroide, que lo deformaría, dándole esa apariencia tricéfala. Para que esta última hipótesis cuadrase, alrededor de 44Nysa tendría que haber más objetos de composición similar. Los restos de la colisión. De momento, estos no se han detectado, pero los científicos seguirán investigando todo a su alrededor. Por supuesto, eso también incluye su satélite.

Por qué es tan útil. Conocer el origen de Nysa no solo es útil por lo curioso que resulta poder observar un asteroide de tres cabezas. También es interesante porque los asteroides tipo E se formaron cerca del Sol, por lo que podrían estar relacionados con los bloques de construcción de los planetas interiores del sistema solar. Efectivamente, esto también incluye a la Tierra.

No debería estar solo. 44Nysa es el primer asteroide de tres cabezas que se descubre en el sistema solar, pero lógicamente también más allá del mismo. Ahora bien, eso no quiere decir que no haya ninguno. Si ha sido difícil identificarlo en nuestro vecindario, sería aún más raro dar con él mucho más lejos. Las imágenes serían demasiado tenues e imprecisas. ¿Pero quién sabe? Si lo que se ha descubierto ahora era impensable en 1857, está claro que aún nos quedará muchísimo por descubrir. Incluso fenómenos más impactantes que un asteroide de tres cabezas. 

Imagen | Felton Bequest (Wikimedia Commons)/Kate Minker et al

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