
Había que estar en el lugar adecuado en el momento adecuado
Predecir una llamarada solar no es sencillo. Lo que se hace normalmente es utilizar instrumentos de alta resolución para seguir la propagación de una eyección de masa coronal que ya se ha producido y, así, decidir si se deben tomar precauciones en la Tierra. Lamentablemente, no siempre hay tiempo de diseñar un plan de acción. Por eso, lo ideal sería predecir la llamarada solar antes de que se produzca. Hasta ahora, esto no ha sido posible. Sin embargo, el pasado mes de mayo un equipo de científicos del Instituto de Tecnología de New Jersey descubrió una serie de cambios en la atmósfera del astro rey que podrían ser la antesala de una llamarada solar.
Tres parámetros. Estos científicos observaron que en las tres horas previas a una llamarada solar se produjeron unos cambios muy concretos en tres parámetros del plasma que compone la atmósfera solar. El brillo, el movimiento hacia o en contra del observador y la velocidad no térmica. Esta última mide ciertos cambios turbulentos y movimientos a baja escala en el plasma. Se vio que, durante el periodo señalado, todos estos parámetros aumentan. Pero, además, dentro de ese aumento, también hay ciclos regulares que duran entre 18 y 21 minutos. De momento solo se ha observado antes de una erupción solar, pero si se observa en otras podría ser la predicción que llevábamos esperando tanto tiempo.
El lugar adecuado en el momento adecuado. Los autores de este estudio trabajaron con ayuda del Espectrógrafo de Imagen de Región de Interfaz (IRIS) de la NASA, cuya misión es analizar de forma concisa fragmentos muy estrechos de la atmósfera solar. Lo usaron para analizar una región del Sol en la que se habían detectado varias erupciones solares en los últimos días. Esto quería decir que era una región muy activa, aunque no se podía saber con seguridad que fuese a darse otra llamarada solar. Sin embargo, tuvieron la suerte de que, efectivamente, tenían los instrumentos adecuados en el lugar adecuado y el momento adecuado.
Los riesgos. Las llamaradas solares son explosiones de radiación electromagnética que se producen en la atmósfera solar. A menudo van seguidas por erupciones solares, en las que, además de radiación, se producen ráfagas potentes de plasma. Es decir, que salen disparadas desde el Sol una gran cantidad de partículas cargadas eléctricamente.
Cuando estas ráfagas impactan con la magnetosfera terrestre pueden desviarse o penetrar a través de ella y llegar a la atmósfera de nuestro planeta. Si eso pasa, pueden darse fenómenos tan bonitos como las auroras o tan peligrosos como las tormentas geomagnéticas. Por lo general, estas no suponen un riesgo para los humanos, pero sí alteran nuestras infraestructuras de telecomunicaciones, con todo lo que eso conlleva.
Habrá que investigar más. De momento, no se sabe por qué se producen esos cambios en el plasma justo antes de una llamarada solar. De hecho, será necesario seguir investigando para comprobar si estos cambios en el plasma se producen también con otras llamaradas solares. Si es así, los astrofísicos podrían tener por fin herramientas para predecir las tormentas geomagnéticas con suficiente antelación. No habría que esperar a la llamarada, se le podría ganar tiempo. En casos como este, el tiempo es oro.
Imagen | NASA
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