La actividad solar es inusualmente alta: esto es lo que está sucediendo ahora mismo en el interior del Sol

La vida de una estrella está repleta de etapas fascinantes. Desde el momento en el que se consolida gracias a la contracción gravitacional de la materia diseminada en una nube de gas y polvo hasta que consume su combustible e inicia su ocaso, una estrella atraviesa muchas etapas. Algunas de ellas son relativamente apacibles, y otras, en cambio, son asombrosamente violentas. Y nuestro Sol no es una excepción.

El astro que nos baña con su energía no tiene la masa necesaria para poner fin a sus días bajo la forma de una supernova. Es una estrella con relativamente poca masa, por lo que terminará sus días expandiéndose y transformándose en una gigante roja, para, a continuación, expulsar sus capas más externas al medio estelar y permanecer en el espacio bajo la forma de una enana blanca.

No obstante, esto no significa que su vida esté siendo aburrida. Ni mucho menos. Incluso el comportamiento de las estrellas medianas y apacibles, como nuestro Sol, atraviesa periodos de gran actividad que pueden provocar que vierta al espacio una cantidad de energía superior a la habitual. Y en ocasiones lo hace de una forma abrupta, aunque no debemos alarmarnos porque incluso sus reacciones más 'agresivas' son coherentes con el comportamiento natural de una estrella.

Actualmente nuestro Sol se encuentra atravesando el ciclo solar 25, una etapa de alta actividad que, según los astrónomos, alcanzará su pico máximo a mediados de 2025. Cada una de estas etapas dura habitualmente entre 9 y 13 años, y suelen dar paso a fases caracterizadas por una actividad notablemente menor.

Lo curioso es que el ciclo actual está siendo más vigoroso de lo que los astrónomos habían previsto. De hecho, la NASA identificó el pasado 20 de abril una erupción solar de cierta intensidad (aunque no de las mayores observadas por los científicos). Los astrofísicos prevén que este ciclo durará aproximadamente once años, que es lo habitual, aunque comenzó hace tan solo dos años, por lo que aún le quedan muchos años de actividad por delante.

Entendiendo el latido estelar: qué sucede en el interior de nuestro Sol

El 'alma' de una estrella reside en su interior. Si queremos entender de dónde obtiene su energía y qué mecanismos le permiten mantenerse en equilibrio tenemos necesariamente que indagar en su física. No obstante, no tenemos por qué sentirnos intimidados; es posible comprender qué fenómenos tienen lugar en el núcleo estelar sin necesidad de recurrir a cálculos matemáticos. Los astrofísicos los utilizan, por supuesto, pero nosotros podemos sortearlos y, aun así, familiarizarnos con la física de las estrellas.

Como he mencionado unas líneas más arriba, las estrellas se forman gracias a la condensación de la materia procedente de una nube de polvo y gas mediante contracción gravitacional. No obstante, en realidad el instante en el que nace una nueva estrella es aquel en el que consigue acumular la masa necesaria para que se encienda el horno nuclear y se inicie en su núcleo la combustión de los núcleos de hidrógeno gracias a las reacciones de fusión nuclear.

Durante esta etapa la estrella va consumiendo su reserva de hidrógeno y produciendo helio. Y por el camino libera una gran cantidad de energía. Un apunte interesante: este es el proceso que estamos intentando replicar en la Tierra gracias a los reactores experimentales de fusión nuclear, como ITER. Este es el mecanismo que está teniendo lugar actualmente en el interior del Sol. Se puso en marcha cuando la temperatura del núcleo de la estrella alcanzó los diez millones de grados centígrados, y se prolongará durante una parte de la vida de este astro conocida como secuencia principal.

El equilibrio hidrostático de las estrellas es el resultado del pulso que mantienen la contracción gravitacional y la presión de radiación y de los gases

En cualquier caso, el helio no es el único subproducto resultante de las reacciones de fusión nuclear. Ni mucho menos. A medida que se consume el hidrógeno la estrella se va reajustando, comprimiendo su núcleo e incrementando su temperatura, de manera que se dan las circunstancias necesarias para que comience la ignición del helio. O no. Dependerá de la masa de la estrella. En cualquier caso, el Sol solo ha consumido aproximadamente la mitad de su reserva de hidrógeno, por lo que tiene combustible para varios miles de millones de años más.

Hay un proceso fisicoquímico que destaca entre todos los que tienen lugar en el interior de una estrella. Y es, precisamente, el que la permite mantenerse en equilibrio hidrostático. La contracción gravitacional 'tira' de la materia de la estrella hacia su interior, de manera que si esta fuerza no fuese compensada el astro colapsaría y se comprimiría de una forma más o menos abrupta. Afortunadamente, si en el interior de la estrella se dan las condiciones necesarias para que la fusión de los núcleos de hidrógeno tenga lugar aparece una fuerza que es capaz de oponerse a la contracción gravitacional, compensándola.

Las estrellas se forman gracias a la acumulación de materia mediante contracción gravitacional procedente de las nubes de gas y polvo diseminadas por el cosmos. Esta imagen, tomada por el telescopio espacial Hubble, nos muestra una porción de la nebulosa de la Laguna, situada en la constelación de Sagitario.

Se trata de la presión de radiación y de los gases, que 'tira' de la materia de la estrella hacia afuera. Este es el mecanismo que está teniendo lugar ahora mismo en el interior del Sol, y gracias al que se mantiene en equilibrio. Para estudiar el comportamiento y prever la evolución de una estrella los astrofísicos cuentan con la ayuda de cuatro ecuaciones diferenciales que, a partir de la composición química inicial de una estrella y su masa, y con la ayuda de ordenadores muy potentes, nos permiten conocer con mucha precisión cómo va a ser su evolución y en qué momento llegará el colapso gravitacional.

Como hemos visto, nuestro Sol ha consumido aproximadamente la mitad del combustible que acumuló durante su formación, por lo que los astrofísicos prevén que la estabilidad que mantiene actualmente se prolongará entre 4600 y 5000 millones de años más. No está nada mal. Sin embargo, esto no significa que su día a día sea sosegado. Esta estrella, al igual que cualquier otra de las que discurren a lo largo de la secuencia principal, se está reajustando constantemente para mantenerse en equilibrio.

La energía liberada por la reacción de fusión que tiene lugar entre los núcleos de protio (este es el isótopo del hidrógeno más abundante en la naturaleza) de sus capas más internas, de su núcleo, va siendo transportada gracias a mecanismos en los que no es necesario que indaguemos hasta las capas más externas.

Y, como podemos intuir, tienen un reflejo en su superficie que, al fin y al cabo, es la parte de nuestra estrella que los astrónomos pueden observar con más facilidad. De hecho, una de las estrategias a las que recurren con más frecuencia para analizar el comportamiento del Sol consiste en contar las manchas solares y observar su evolución.

El ciclo solar 25 aún puede depararnos más emociones fuertes

Durante algunas fases puntuales de un ciclo de alta actividad como el actual el Sol puede liberar una cantidad mayor de materia y energía. Las partículas cargadas que emergen desde la corona solar, que es la capa más externa de la atmósfera solar, pueden llegar a la Tierra si son proyectadas en la dirección apropiada bajo la forma de un fenómeno natural conocido como viento solar. No obstante, este no es el único mecanismo que permite a una estrella expulsar materia hacia el medio estelar.

Nuestro planeta cuenta con dos escudos que nos protegen de la radiación solar y la radiación cósmica: la atmósfera y el campo magnético terrestre

Otro fenómeno con el que nos interesa estar familiarizados debido a que puede tener lugar durante los ciclos de alta actividad como el actual es la eyección de masa coronal, que no es otra cosa que la proyección de ondas de radiación electromagnética combinada con la expulsión de viento solar. Afortunadamente, podemos estar razonablemente tranquilos.

Y es que nuestro planeta cuenta con dos escudos muy valiosos que nos protegen tanto de la radiación solar como de la radiación cósmica que procede de más allá de la frontera de nuestro sistema solar: la atmósfera y el campo magnético terrestre. Este último se extiende desde el núcleo de la Tierra hasta más allá de la ionosfera, dando forma a una región conocida como magnetosfera capaz de desviar las partículas con carga eléctrica hacia los polos magnéticos del planeta. Este es el mecanismo que nos protege en gran medida tanto del viento solar como de los rayos cósmicos.

La puesta en marcha del «horno nuclear» provoca que las estrellas liberen enormes cantidades de energía. Mientras, los procesos de fusión nuclear se llevan a cabo en su interior, produciendo elementos químicos cada vez más pesados si la masa de la estrella es lo suficientemente elevada.

No obstante, esto no impide que algunos núcleos de alta energía choquen con las moléculas presentes en las capas más externas de la atmósfera, dando lugar a una lluvia de partículas menos energéticas y potencialmente menos peligrosas que ocasionalmente pueden llegar hasta la corteza terrestre. Esta es la razón por la que la atmósfera también ejerce un importantísimo efecto protector sobre nuestro planeta.

Los astrofísicos están haciendo un esfuerzo enorme para entender mejor el comportamiento de las turbulencias del plasma solar, y, además, cada vez cuentan con mejores instrumentos de observación y medida. Si se dan las condiciones necesarias para que una tormenta solar intensa afecte de forma directa a la Tierra mediante la emisión de un pulso electromagnético, podría provocar daños en nuestros equipos eléctricos y electrónicos. No es imposible que suceda, pero es relativamente poco probable, por lo que podemos estar razonablemente tranquilos. Al fin y al cabo, después de la tormenta siempre llega la calma.

Imágenes | NASA Goddard Space Flight Center

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