Una empresa organizó un viaje de "team building" de lujo a Honduras: todo lo que pudo salir mal salió peor

  • Plex buscaba cohesionar su plantilla de trabajadores en remoto con una semana tropical de lujo

  • Lo que se encontraron fueron temperaturas de 38 grados, tarántulas para comer, picaduras y cortes de luz constantes

Rubén Andrés

Editor - Trabajo y productividad

En 2017, la empresa tecnológica Plex, creadora de la plataforma de streaming gratuito con su mismo nombre, decidió organizar algo que debía ser el evento del año para sus empleados: una semana entera en Honduras, con temática de "Supervivientes", para unir a los 120 trabajadores remotos de la compañía. El presupuesto que la empresa había asignado para esa actividad de team builiding no era precisamente modesto: 500.000 dólares.

La realidad fue, según todos los que estuvieron allí, algo radicalmente distinto. La experiencia fue tan "única", que casi una década después, los protagonistas siguen contándolo y hasta The Wall Street Journal se ha hecho eco de aquel viaje. Y lo que describen suena más a una broma colectiva que a un viaje de empresa.

Cuando el caos une más que la planificación

Los retiros corporativos llevan años ganando peso en los presupuestos de recursos humanos, especialmente en empresas con equipos distribuidos para cohesionar equipos que durante todo el año no se ven cara a cara. Según datos de IEBS recogidos por el portal especializado Trafalgarpolo, un 86% de las compañías que implementan estos retiros corporativos reportan mejoras en cohesión interna y retención de talento, sobre todo cuando sus equipos operan a distancia.

Plex es el ejemplo perfecto: una plataforma de streaming, cuyos empleados trabajan repartidos por todo el mundo, que necesitaba algo que los uniera de verdad. Algo como una experiencia con temática de supervivencia, que al final resultó ser más real de lo que les habría gustado.

Keith Valory, director ejecutivo de Plex, reconoció en el WSJ que el resultado fue exactamente el esperado pese al caos: "Te forjas vínculos muy sólidos en estos viajes. Es como la fuerza que da vida a la empresa". Casi una década después de aquel viaje, muchos participantes siguen trabajando juntos y las aventuras del Plexcon de 2017 sigue siendo uno de los temas de conversación favoritos del equipo. Incluso tienen un vídeo de su aventura.

Reseña del CEO de Plex sobre su viaje a Honduras

Las primeras señales de que algo iba mal en aquel viaje llegaron semanas antes de empezarlo. Sean Hoff, fundador de Moniker Partners, la agencia organizadora del evento, contaba al WSJ que "unas tres semanas antes de llegar a Honduras, recibimos un correo del gerente general del hotel que decía 'Me voy. Les deseo lo mejor con su retiro'. Supe que algo andaba mal".

Tres días después, otro correo: el chef principal ya no estaría en el hotel. Sin gerente y sin chef, los autobuses en Honduras empezaron a llenarse de empleados de Plex. La aventura promete.

La llegada no tranquilizó a nadie. Scott Olechowski, director de producto y cofundador de Plex, aseguraba que la llegada ya les pareció inquietante: "Caminos de tierra. Te acercas y hay torres de vigilancia alrededor de la propiedad y gente con ametralladoras". Muchos empleados comenzaron a preguntarse a dónde les habían llevado.

El primero en caer fue, precisamente, el CEO que debía liderar la semana con su equipo. Keith Valory desobedeció el consejo unánime de evitar las verduras crudas y se comió una ensalada. "Pillé una E. coli, que es de lo peor que puedes coger en toda tu vida. Perdí entre 8 y 10 kilos. Vino el médico y clavaron una bolsa de suero en el poste de la cama", contaba el directivo al diario estadounidense.

Tarántulas, hormigueros y 38 grados bajo el sol

Con el CEO postrado, las pruebas con temática de supervivientes arrancaron bajo un sol de justicia y a casi 38 grados centígrados, dirigidas por un ex-Navy SEAL que habían contratado. En una de las pruebas, a un empleado le tocó comerse una tarántula muerta. Era de Texas y aseguró haber comido cosas peores.

Una de las pruebas de supervivencia consistía en comer arañas e insectos

En otra prueba, otro empleado cayó sobre un hormiguero de hormigas de fuego, lo que obligó a administrarle antihistamínicos de urgencia. No quedaban pastillas, así que tuvieron que inyectárselo directamente en las nalgas afectadas.

La infraestructura del complejo "de lujo" tampoco ayudaba. Ante la ausencia del chef principal (que había dimitido semanas antes de la llegada del grupo) la comida llegaba a medio cocer, el agua y la electricidad se cortaban a cualquier hora del día y los paneles solares, tapados por la vegetación, no podían cargar las baterías y el recinto quedaba a oscuras durante la noche.

Sean Hoff, el responsable de que todo saliera bien en el viaje, acabó con palpitaciones causadas por deshidratación por correr de un lado a otro del complejo con altas temperaturas, tratando de solucionar los problemas que no paraban de surgir. "Tuvieron que llamar a una ambulancia y hacerme un electrocardiograma. Me dijeron: 'Señor, necesita bajar el ritmo. Está llevando su cuerpo al límite'".

Pruebas de resistencia para oficinistas ideadas por un militar de las fuerzas especiales

Una mañana, un empleado de Plex encontró en su ducha un animal similar a un puercoespín que, al parecer, había caído desde el techo durante la noche quedando atrapado con la mampara.

Atrapados en una isla con reggae y cerveza

Una de las noches organizaron una cena en una de las paradisíacas playas del recinto. Lo que debía ser una placentera velada con el sonido del mar como banda sonora, terminó con muchos los asistentes picados por pulgas de arena, lo que obligó a repartir antihistamínicos entre los empleados.

Al día siguiente, el grupo viajó a la vecina isla de Utila para visitar la reconstrucción de un campo de béisbol que la empresa había financiado. Lo que nadie había calculado era el regreso: la pista era muy pequeña y solo admitía aviones de ocho plazas. Para más inri, no tenía iluminación nocturna, por lo que los aviones no podían operar de noche.

Pese a darse toda la prisa que pudieron en los traslados, parte del grupo quedó atrapado en la isla sin poder regresar al recinto donde se alojaban hasta que volviera a salir el sol. A una de las empleadas que se quedó atrapada se le pasó el efecto de los antihistamínicos y hubo que avisar a un doctor local que improvisó una vía intravenosa para administrárselo.

Tal vez el karma les quiso hacer un guiño, y el grupo que se quedó atrapado en la isla pasó el resto de la noche escuchando reggae y bebiendo cerveza hasta que los aviones pudieron volver a operar. Un golpe de suerte entre tanto infortunio.

Entre infecciones por E. coli, pruebas de supervivencia dignas de los cuerpos de élite, puercoespines cayendo del techo, picaduras varias y una isla sin salida, la semana en Honduras fue, objetivamente, una de las experiencias más duras que puede vivir un empleado.

Aunque, si lo piensas dos veces, tampoco es para tanto: al menos nadie les convocó a una reunión un viernes a las seis de la tarde.

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Imagen | Moniker Partners

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