Acaba de descubrir que los 40 millones de pingüinos tienen un papel clave en la regulación (y el mantenimiento) de la temperatura en el Polo Sur
Esta historia empieza tomando café en el Ateneo de Lugo y hojeando el Progreso; continúa con una entrevista a Iker Trigo, un técnico lucenses del CSIC que ha pasado una campaña antártica, confesando que "nunca imaginó que oliesen mal los pingüinos"; y acaba con uno de los hallazgos científicos sobre el polo sur más contraintuitivos de los últimos meses.
Pero no nos adelantemos.
¿Qué sabemos de los pingüinos? Todo el mundo sabe lo que es un pingüino: un pájaro de en torno a un metro de altura y cinco kilos de peso. Alas que parecen aletas, patas palmeadas y un pelaje blanquinegro muy característico. Torpes en la tierra, rapidísimos en el mar y absolutamente inútiles en el aire.
Además, son muy monos. O eso nos dice la imagen popular de los pingüinos.
Pero los pingüinos guardan secretos. La que nos ocupa hoy, claro está, es que los pingüinos son una de sus principales fábricas de hedor de toda la región Antártica. Huelen mal, muy mal. Aunque, sí, es cierto: tampoco podemos llamarlo "un secreto" en sentido estricto.
En fin, cualquiera asume que decenas de miles de aves comiendo krill van a oler rematadamente mal. No por nada las manchas de guano son tan visibles que los satélites Sentinel-2 las usan para censar colonias de pingüino emperador desde el espacio.
El descubrimiento de estos meses es que el amoniaco que contiene esas enormes cantidades de guano son la principal fuente terrestre de "partículas formadoras de nubes". Es decir, los mismos compuestos químicos que hacen que los pingüinos apesten tienen un papel clave en la regulación de las nubes que regulan la temperatura del continente.
¿Y esto? Durante el verano austral de 2023, un equipo de la Universidad de Hensilki se instaló en la base argentina de Marambio para medir las concentraciones del amoniaco, el ácido sulfúrico, el ácido yódico o la dimetilamina en el ambiente.
Sus conclusiones es que las concentraciones de amoniaco estaban íntimamente relacionadas con las colonias de pingüinos. Es más, los datos señalan que este amoniaco (unido al ácido sulfúrico proveniente del fitoplancton) crea aerosoles que actúan como núcleos de condensación de nubes.
Es verdad que el trabajo tiene limitaciones y se centra, fundamentalmente, en el verano austral: pero los datos son sorprendentes y reconfiguran muchas de las cosas que creíamos saber sobre las dinámicas atmosféricas antárticas.
Todo está relacionado. Y es curioso que no nos hayamos dado cuenta de esto hasta ahora: al fin y al cabo, hay 40 millones de individuos en el polo sur generando núcleos de condensación. Pero muestra todo lo que nos queda por saber.
Imagen | Martin Wettstein
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