La forma de las manos es uno de los últimos misterios evolutivos del ser humano. Y estamos un paso más cerca de resolverlo

Mano Mono

Nuestras manos precisas no han evolucionado de la noche a la mañana, sino que cuentan con una gran historia

José A. Lizana

Colaborador

Nuestras manos son, sin lugar a dudas, una de las maravillas de la ingeniería biológica, puesto que durante mucho tiempo, la narrativa evolutiva dominante ha puesto el foco en cómo nuestra anatomía se transformó para permitir el agarre de precisión y la fabricación de herramientas complejas. Sin embargo, si miramos más allá de los dedos y nos centramos en la muñeca, los huesos cuentan una historia mucho más antigua y sorprendente.

Nuevas pruebas. Un exhaustivo estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B ha puesto sobre la mesa una prueba bastante importante sobre cómo se movían nuestros antepasados. Y la conclusión es que la morfología de nuestra muñeca conserva un eco innegable de un ancestro común adaptado a caminar apoyado sobre los nudillos.

Cómo lo han hecho. Para llegar a esta conclusión, los investigadores no se han basado en conjeturas aisladas, sino en un análisis anatómico a gran escala. El equipo analizó más de 2.037 huesos del carpo, que son los que forman la muñeca, pertenecientes a diferentes especies de primates, cruzando estos datos con el análisis anatómico de 55 fósiles de homininos extintos.

Lo que descubrieron al mapear toda esta morfología es que los huesos de la muñeca humana no se parecen a los de la mayoría de los primates, sino que comparten unas profundas similitudes estructurales específicamente con los grandes simios africanos.

No es casualidad, puesto que responde a las adaptaciones biomecánicas necesarias para soportar el peso del cuerpo sobre las manos cuando están cerradas. Es decir, aunque hoy utilicemos nuestras muñecas para tareas complejas como teclear, pintar o incluso realizar una cirugía, su arquitectura estaba diseñada para caminar sobre los nudillos. 

Con cautela. ¿Significa esto que nuestro ancestro caminaba sobre los nudillos con absoluta certeza? En ciencia, las afirmaciones cerradas son peligrosas, y los propios autores del estudio son cautos, ya que no presentan esta práctica ancestral como un dogma irrefutable, sino como la interpretación más consistente y plausible según las pruebas anatómicas que hay encima de la mesa. 

Su evolución. Nuestro cuerpo no fue evolucionando de golpe hasta su forma actual, sino que pasó por diferentes fases a ritmos distintos. Aquí el estudio muestra este fenómeno en nuestras manos, ya que, mientras que la estructura general de la muñeca ha conservado esas señales evolutivas primigenias compartidas con los simios africanos, otras partes de la mano cambiaron más tarde. En concreto, las adaptaciones asociadas a la manipulación fina y de precisión aparecieron mucho después en nuestro linaje evolutivo. 

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