
Varias escuelas en Canberra y Tasmania han aprovechado miles de botellas de plástico para levantar un "Palacio de Plástico"
Un puñado de escuelas y estudiantes universitarios en Australia dieron con una idea bastante ingeniosa, pues en lugar de tirar las botellas de plástico, se preguntaron por qué no construir algo útil con ellas. Con esta premisa en mente, construyeron una serie de invernaderos caseros bastante baratos de hacer, pues se levantaron casi por completo con botellas recicladas. Estas estructuras han servido además como aulas, huertos y otros proyectos comunitarios.
La idea. Se cogen miles de botellas de plástico vacías, se lavan y se utilizan para rellenar las paredes de una estructura básica de madera. La luz pasa a través del plástico igual que lo haría a través del cristal o del policarbonato, atrapando el calor en el interior y creando las condiciones cálidas y húmedas que las plantas necesitan para crecer, dándole así una segunda vida a las botellas.
Canberra. En 2014, 33 estudiantes del Máster en Terapia Ocupacional de la Universidad de Canberra asumieron un trabajo que consistía en diseñar y construir un invernadero de botellas desde cero, para luego donarlo. Utilizando más de 1.500 botellas y financiándolo a través de 1.000 dólares recaudados mediante colectas, los estudiantes montaron la estructura en el campus antes de transportarla a Nowra, Nueva Gales del Sur, para regalársela a Slice of Life Australia, una organización sin ánimo de lucro que apoya a jóvenes con discapacidad.
Otro de los ejemplos más conocidos fue construido en 2015 por alumnos de la escuela primaria Richardson Primary School en Canberra, quienes pasaron 18 meses reuniendo más de 2.000 botellas para construir su “Palacio de Plástico”, que era como denominaron al invernadero. Una subvención de 2.000 dólares del fondo medioambiental del Teachers Mutual Bank cubrió la estructura de madera, las herramientas y los plantones, e incluso las partes sobrantes de las botellas se reutilizaron como macetas.
Tal como explicó en su momento la profesora de sexto curso Kate Davis, el plan original de 2.000 botellas creció rápidamente para que pudiera caber una clase entera dentro, según compartía el medio ABC. Jason Borton, director de la escuela, contaba que el proyecto ofreció a los estudiantes “muchas oportunidades de aprendizaje práctico y con un propósito real”, combinando lecciones medioambientales con matemáticas, medición y diseño.
Tasmania. Un proyecto similar tomó forma en 2016 también en la escuela primaria Youngtown Primary School en Launceston, Tasmania, donde los estudiantes reunieron unas 6.000 botellas para su propio invernadero. Allí, el trabajo de construcción real fue llevado a cabo por participantes de un programa de trabajo a cambio de prestación por desempleo. El director del proyecto, Craig Williams, declaró en su momento a la ABC que la iniciativa ofrecía a los participantes experiencia práctica en construcción, al tiempo que dotó a la escuela de una herramienta docente práctica.
El profesor Brad Colson señalaba por aquel entonces que el invernadero permitía que los plantones empezaran a crecer mucho más rápido que si se cultivaban directamente en la tierra, y utilizó el espacio para hablar con los alumnos sobre reciclaje, consumo y alimentación.
Todos estos proyectos individuales que se remontan a principios y mediados de la década de 2010, han continuado con iniciativas similares, pues la idea de usar materiales baratos y darle una segunda vida al plástico en un esfuerzo comunitario como este ha seguido inspirando proyectos parecidos en escuelas, universidades y huertos comunitarios de todo el mundo. Y es que resulta que un montón de botellas de plástico y un poco de imaginación pueden llegar bastante lejos.
Imágenes | Fred Hooper, Hannah Walmsley y Jamila Toderas (Canberra Times y ABC)
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