
Lo trajeron para adornar jardines. Ahora amenaza un ecosistema único
Cuando acostumbramos a hablar de especies invasoras, suelen salir a la palestra animales "exóticos" desde el punto de vista de la procedencia, sirva como ejemplo las avispas asiáticas o el ailanto, un árbol del que quizás no te suene su nombre pero sí su aspecto, ya que es un viejo conocido de los parques (cuyo origen es chino), pero la realidad es que no hace falta irse tan lejos: en España hay floras y faunas de lo más dispares que, llevados a otros ecosistemas, pueden provocar desastres naturales. Un ejemplo: un árbol tan mítico de Madrid que hasta sale en su escudo. Sí, el madroño.
Vaya por delante que en realidad el madroño mediterráneo (Arbutus unedo) no es exclusivo de Madrid, de ahí su nombre: de forma general, su hábitat extiende por las costas bañadas por el Mediterráneo. Pero resulta que las islas Canarias son atlánticas y no mediterráneas, por lo que el madroño "madrileño" no es endémico. Allí tienen su propio madroño, el Arbutus canariensis.
Cuando el madroño mediterráneo hace turismo en Canarias. El madroño canario lleva milenios adaptado al ecosistema del archipiélago y sus laurisilva, pero en el siglo XX el madroño mediterráneo aterrizó en las islas como árbol ornamental.
Su llegada y naturalización en varias islas del archipiélago es un problema para el madroño oriundo porque ambas especies son capaces de cruzarse de forma natural, dando lugar al Arbutus xandrosterilis, descrito por primera vez en 1993 y cuya población, según observaciones de campo posteriores, sigue creciendo en algunas zonas de Tenerife.
Por qué es importa. Que un madroño foráneo y un híbrido campen a sus anchas por un ecosistema tan delicado como las islas es un riesgo para el madroño canario porque lo desplazan, al competir de forma directa por el espacio y los recursos.
Pero el principal problema en la actualidad está en la eventual extinción del madroño oriundo como consecuencia de la dilución genética: la hibridación de forma sostenida implica que a la larga, la especie autóctona va perdiendo generación tras generación lo que lo hace único y por ende, desapareciendo. De ahí que la ley prohiba en Canarias su plantación, transporte y venta.
Contexto. Con el madroño mediterráneo se da una paradoja que explica bien la diversidad ambiental del estado español: como explica el proyecto del CSIC Arbolapp, mientras que aparece en los catálogos de flora amenazada o protegida en comunidades como Castilla-La Mancha, Madrid, Murcia y Valencia, en las islas Canarias esta es una especie invasora. Una misma especie y dos estatus antagónicos en función de la región.
Este patrón no es exclusivo del madroño: es habitual en biogeografía insular, donde ecosistemas aislados y con alto endemismo (como la laurisilva canaria) son especialmente vulnerables a especies que en su área de origen son inofensivas.
Un problema de mestizaje de difícil solución. Según la ficha oficial del MITECO, el madroño mediterráneo está naturalizado ya en Tenerife y Gran Canaria. De momento, la única medida de control aplicada es la tala mecánica, con la que se ha eliminado la mayoría de los ejemplares silvestres de La Esperanza en Tenerife, aunque el propio MITECO no registra ningún plan de gestión posterior a esa actuación.
Pero ahí no acaba el problema: una vez la especie invasora se cruza con la nativa, hay que identificar y gestionar también su descendencia. El cruce de los madroños no aparece en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, pero la ley se le aplica igual: según la ficha técnica del madroño canario, tanto el madroño mediterráneo como sus híbridos quedan sujetos a las mismas medidas de control. Así que este nuevo madroño está en tierra de nadie: perseguido por ley, pero sin un plan de control propio.
De momento, entre las medidas aplicadas está el control mecánico mediante tala.
En Xataka | La Península Ibérica está siendo invadida: más de 1.200 especies exóticas han llegado para quedarse
Portada | Cristian Tarzi y Mark Pisek
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