En 1969, un piloto alquiló una isla de coral devastada y transportó bidones de agua para las primeras plantaciones: 50 años después es irreconocible

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Medio siglo desde su llegada aquel pedazo de coral desnudo es prácticamente otro enclave

Miguel Jorge

Editor

Cuando Don Adams llegó a Lady Elliot Island a finales de los años 60 encontró algo muy distinto de lo que hoy emerge en el extremo sur de la Gran Barrera de Coral. La extracción de guano había arrancado buena parte del suelo fértil y prácticamente toda la vegetación, mientras unas cabras introducidas en la isla impedían que las plantas volvieran a establecerse. Adams vio una oportunidad donde otros veían un pedazo de coral prácticamente estéril.

Todo empezó con uno de los fertilizantes más codiciados. Lady Elliot Island había acumulado durante siglos enormes cantidades de excrementos de aves marinas, un material extraordinariamente rico en nutrientes que en el siglo XIX se convirtió en un valioso fertilizante. 

La explotación comenzó en 1863 y durante los años siguientes los trabajadores retiraron aproximadamente un metro de suelo rico en guano y eliminaron casi todos los árboles. Cuando la minería terminó en 1874, había desaparecido buena parte del mecanismo natural que permitía sobrevivir a aquel pequeño cayo coralino: menos vegetación significaba menos aves, menos guano nuevo y todavía menos nutrientes para que crecieron nuevas plantas.

El piloto que decidió que aquel terreno podía volver a ser una isla. Don Adams era aviador y vio, además, posibilidades turísticas en aquel paisaje degradado. En 1969 obtuvo una concesión del Gobierno australiano, construyó una pista de aterrizaje sobre el coral y levantó alojamientos básicos para recibir visitantes, pero al mismo tiempo comenzó a intentar devolver la vegetación a Lady Elliot. 

El problema era elemental: apenas había suelo fértil y faltaba agua dulce, así que Adams cargaba su avión con bidones de unos 18 litros y los transportaba hasta la isla para regar personalmente las primeras plantaciones.

Adams en su avión

Plantar para volver a poner en marcha todo el ecosistema. No solo eso. Adams y su familia introdujeron miles de plantas y árboles, entre ellos casuarinas, pandanus y otras especies capaces de soportar las difíciles condiciones del cayo. El proceso fue lento, pero la vegetación comenzó a estabilizar el terreno y las aves marinas regresaron para descansar y reproducirse entre los árboles.

Con ellas volvió también el guano: los nutrientes se mezclaban con la materia vegetal, penetraban en el poroso subsuelo coralino y ayudaban a reconstruir precisamente el ciclo ecológico que la minería había interrumpido un siglo antes.

Las cabras importadas fueron lo único que quedó en la isla Lady Elliot después de que terminaron las operaciones mineras

La recuperación no terminó con Adams. Sí, porque el piloto vendió su concesión en 1977 y Lady Elliot pasó por diferentes gestores hasta que Peter Gash, su familia y varios socios consiguieron el alquiler en 2005. Partiendo del trabajo iniciado décadas antes, intensificaron la restauración, eliminaron especies invasoras y plantaron más de 10.000 ejemplares de especies autóctonas. 

La isla que Gash había conocido décadas antes como una extensión de coral desnudo terminó cubierta por árboles y arbustos donde anidan aves marinas, mientras pandanus y otras plantas estabilizan las zonas utilizadas por tortugas verdes y bobas para poner sus huevos.

Don Adams cuando inauguró Lady Elliot Island

Y los árboles también terminaron ayudando al arrecife. La recuperación produjo un efecto que inicialmente no resultaba tan evidente. Las aves atraídas por los nuevos árboles depositan guano rico en nitrógeno y fósforo, y esos nutrientes atraviesan lentamente el terreno poroso de la isla y llegan al océano en pequeñas concentraciones que pueden beneficiar a los corales cercanos. 

Lady Elliot alberga hoy una extraordinaria diversidad de aves y sus aguas protegidas reciben tortugas, tiburones de arrecife y cientos de especies de peces, además de una población de mantarrayas que puede alcanzar unos 700 ejemplares durante los meses de invierno.

La isla en la actualidad

Medio siglo después, es otro terreno. Lady Elliot es hoy también un experimento de turismo sostenible: más de 900 paneles solares abastecen el complejo, una desalinizadora proporciona agua, las aguas residuales se reutilizan para regar y los restos de comida se convierten en compost que vuelve a alimentar la vegetación. En 2018, de hecho, fue elegida además como primer enclave de una iniciativa destinada a convertir determinadas islas de la Gran Barrera de Coral en refugios frente al cambio climático. 

Don Adams no reconstruyó solo todo este ecosistema, pero sí fue el hombre que puso en marcha algo extraordinario en 1969: aterrizó en una isla devastada con árboles y bidones de agua y comenzó un proceso que, más de 50 años después, ha conseguido que aquel pedazo de coral desnudo sea prácticamente irreconocible.

Imagen | Lady Elliot Island Eco Resort, Peter Adams 

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