Project Almanac o ¿qué pasaría si unos adolescentes encontrasen una máquina del tiempo?

Si yo pudiera viajar atrás en el tiempo eliminaría ‘El proyecto de la bruja de Blair’. Cuánto daño ha hecho aquella producción de dos pesetas, cámaras frenéticas que no te dejaban ver nada y mocos. El found footage que nos inunda desde hace años, ese subgénero cinematográfico generalmente utilizado en el terror que simula una grabación a tiempo real de los eventos que tienen lugar en la película, ha dado muy pocas películas que realmente aprovechen las posibilidades del formato. Ahora se me ocurren ‘Rec’, ‘Holocausto Caníbal’ o, más recientemente, ‘The Sacrament’.

Yo a veces me pregunto, si se llama metraje encontrado, ¿por qué nadie ha hecho una película sobre gente que se encuentra cintas de otra gente pasándolo mal y muriendo y eso? De ahí sale una comedia bien maja.

En 2010, Paramount fundó Insurge Pictures, una distribuidora independiente que pretendía producir películas de bajísimo presupuesto (al hilo del éxito de la saga ‘Paranormal Activity’) con la idea de dedicar en torno a los 100.000 dólares por proyecto. Pero su Michael Bay es mucho Michael Bay (no en vano se conjuga el verbo explotar al menos dos veces durante la película) y para su producción ‘Project Almanac’ se añadieron unos cuantos ceros más que –supongo- habrán ido en los efectos especiales, porque en guión, dirección y/o reparto no. Bay, por cierto, tuvo que hacer un comunicado público pidiendo perdón por emplear imágenes de un accidente de avión real de 1994 en cierto momento de la película. En lugar de generar las imágenes recurrieron a archivo, y esto no sentó bien a los familiares de las víctimas.

David Raskin es un joven que no sabe pelar cables pero bebe los vientos por una beca para estudiar en el MIT. Un día revolviendo en el desván descubre la vieja cámara de su padre; la cinta contiene el metraje de su séptimo cumpleaños, en el que se ve a sí mismo reflejado en un espejo. Junto a sus amigos y su hermana, investigan el tema hasta que dan con el maletín que contiene la máquina del tiempo perdida de su padre. Se ponen a ello, y unas cuantas baterías, Prius y pilas de combustible más tarde – Doc Brown necesitaba plutonio y se lo robaba a unos terroristas libios, estos chavales tienen hidrógeno en el cole- ya tienen la app que controla su flamante máquina del tiempo.

Para la producción ‘Project Almanac’ se añadieron unos cuantos ceros más a su presupuesto inicial que –supongo- habrán ido en los efectos especiales, porque en guión, dirección y/o reparto no.

A propósito, hay un solo detalle que por si mismo refleja el público objetivo de esta película, una de viajes en el tiempo con Almanac en el título, y es que la mención cinéfila del personaje de turno sea ‘Looper’ en lugar de ‘Regreso al Futuro’. Público del nuevo milenio.

El caso es que después de media hora de adolescentes aburridos que se graban a si mismos sin ningún motivo real, por fin empiezan los viajes en el tiempo. Y he de decir que la reacción del grupo es de lo más real: aprovechan las tres semanas que les permite recuperar la máquina para aprobar exámenes de química, vengarse de la popular que se mete con ellos, ir a fiestas en un descanso de clase, ganar la lotería para comprarse cochazos y besar a la chica. Adolescencia, vale.

Mientras, lo graban todo, claro. Desde el primer momento. Y repitiendo de vez en cuando "graba esto, Mari" para intentar justificar lo injustificable. No me sorprende. Vivimos en una era en la que youtube está llena de “reacciones”. A la boda roja de ‘Juego de Tronos’ o al tráiler de ‘Eclipse’. Pero en ningún momento está jugado de esa forma. Hasta en los (pocos) buenos títulos de found footage te preguntas en algún momento quién está grabando o por qué, pero se perdona si el salto merezca la pena. En 'Project Alamanac' la excepción es que uno no se lo preguntes. Quizá el mensaje de la historia sea ese, que los jóvenes viven ahora sus grandes momentos a través de una pantalla.

Un John Hughes de los viajes temporales desperdiciado

Intento justificarla pero realmente no hay por dónde cogerla. No es que se pierda en sus propias paradojas temporales –ojalá fuese eso-, sino que no aporta nada ni ofrece ningún elemento al que engancharse o por el que interesarse. El de ciencia ficción ni lo menciono, porque alcanzan cuotas de absurdo bastante ridículas entre los saltos en el tiempo y las explicaciones científicas que supuestamente han de sustentar la idea de la máquina.

El problema es que los personajes son la nada; el sopor. Si querían que nos cuadrase que sean impopulares en clase, reto conseguido. Se intentan apuntalar las motivaciones con una historia de amor que jamás se cuenta, con ese deseo del protagonista de entrar en MIT que se olvida en el minuto 5 (dejando patente así que solo sirve para justificar que entienda la máquina de su padre) o con ese pasado desperdiciado con el padre que tenía mucho potencial. Son adolescentes que adolecen de mentira. Lo que podría haber sido un John Hughes de la ciencia ficción (y mira que todo ese fragmento en el que aprovechan la máquina para sus beneficios tontorrones bebe mucho de aquellas joyas ochenteras) se queda en un insípido intento de hacer un ‘Chronicle’ de viajes en el tiempo que no engancha y, lo peor, aburre.

Seguro que alguno me dice que no está de acuerdo y que el protagonista sí que adolece. Qué hay más adolescente que enfocar tus viajes en el tiempo en tirarte a la chica que te gusta.

En Xataka| Tú eres el culpable de que no exista la máquina del tiempo | 'Coherence' y otros ejemplos de que la buena ciencia ficción no tiene que ser cara

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