¿Quiénes son los dueños de los mapas en el mundo?

"Los mapas codifican el milagro de la existencia". La cita proviene de Nicholas Crane, autor de "Mercator: The man who mapped the planet", y seguramente sea una buena definición para todos los que están relacionados con esta disciplina.

La cartografía y los mapas se han convertido en parte esencial de nuestra vida, sobre todo debido a la invasión que diversos servicios y aplicaciones han realizado en dispostivos móviles. En nuestro repaso a todos los temas relacionados con este tipo de soluciones ahora nos preguntamos algo singular: ¿quién es el dueño de toda esa cartografía?

Cartografiando a los cartógrafos

Lo cierto es que no hay ni mucho menos un dueño único, y las cosas han cambiado mucho en la última década. El segmento de Internet no parecía tener un interés especial en ofrecer mapas y servicios relacionados con ellos inicialmente, pero todo se precipitó a mediados de la primera década de este milenio que acabamos de estrenar.

De repente los mapas cobraban sentido para las grandes. Los navegadores personales (PND/PNA) y las empresas que estaban detrás de ellos (con TomTom a la cabeza) no se dieron cuenta de lo que se les venía encima: la revolución de Internet y sobre todo de los móviles llegaba tarde, pero arrasaría con todo.

Eso hizo que casi de la noche a la mañana viéramos un giro radical en un segmento que hoy es una fuente de ingresos importante para las grandes. Tanto es así que hay una conclusión importante en este estudio: todas las implicadas quieren tener el control de los datos cartográficos, porque esos datos ofrecen grandes posibilidades de ser rentabilizados.

La única excepción, por supuesto, es OpenStreetMap, el proyecto abierto que precisamente surge como alternativa a los grandes de la tecnología y que ha demostrado lo bien que se puede cartografiar el mundo a base de colaboraciones voluntarias. El resultado no es perfecto, desde luego, y otras empresas mantienen la misma concepción con los mapas que con otros muchos tipos de servicio. Una vez más se hace cierto el principio harto conocido del "si no pagas por el producto, tú eres el producto". Y Google, Apple, TomTom o Nokia --las grandes de este mercado-- lo saben.

De hecho, todas ellas replican esfuerzos en lugar de unificarlos. El pastel es demasiado tentador, así que si hay que cartografiar el mundo de cero --o casi--, se hace. Porque toda la información que se va añadiendo y que las empresas guardan como oro en paño es un recurso demasiado valioso.

Pasamos a continuación a repasar la realidad de tres de los grandes protagonistas de este mercado: responsables de OpenStreetMap, Google Maps y (Nokia) HERE accedieron a prestarnos su tiempo para ayudarnos a hacer otro mapa algo distinto: el de esos servicios que nos ayudan a saber dónde estamos, a dónde vamos, y qué podemos encontrar por el camino.

Lamentablemente no pudimos contar con la colaboración de Apple --que no concede entrevistas, como nos confirmó el departamento de prensa de la compañía en nuestro país-- ni de TomTom, cuyos responsables no lograron hacernos un hueco a pesar de que la idea inicial era poder incluir también su testimonio. Con todo y con eso, creemos que el resultado de este esfuerzo por "cartografiar a los cartógrafos de nuestra era" es interesante.

OpenStreetMap, un concepto inspirador y diferente

El 3 de noviembre de 2013 fue un día aciago para Filipinas, un país que se vio sacudido por el tifón Haiyan que causó una verdadera tragedia humana: 10.000 personas perdieron la vida como consecuencia de aquel desastre natural, pero además 300.000 personas fueron evacuadas.

En aquellos días las ayudas llegaron desde todos los ámbitos, y hubo uno igualmente importante. Como comentaba Analía Plaza en Hoja de Router, "más de mil voluntarios del mundo mapearon las zonas afectadas durante los primeros días de catástrofe. Gracias a ellos, las oficinas de la Cruz Roja en Londres y Washington ofrecieron información mucho más rápida y concreta a las personas que trabajaban sobre el terreno para que supieran dónde hacían más falta."

Aquel esfuerzo --no os perdáis el artículo-- demuestra la relevancia del proyecto OpenStreetMap, que merece mención especial en este artículo. Esta iniciativa se alimenta de la participación voluntaria de todo tipo de personas que van aportando datos y esfuerzo, y la característica más destacada de este proyecto es su carácter abierto: todos los datos se pueden utilizar libremente --siempre y cuando se dé crédito a OpenStreetMap y a sus colaboradores, ya que se utiliza la licencia ODbl--, algo que marca la diferencia con alternativas comerciales y propietarias.

Dos de los colaboradores españoles del proyecto nos prestaron su tiempo y contestaron de forma muy detallada a diversas preguntas sobre OpenStreetMap. Se trata de Óscar Zorrilla Alonso (@oscarzor) y de Iván Sánchez Ortega (@RealIvanSanchez), siendo este último es uno de los responsables de gestionar el proyecto en nuestro país, que tiene sitio web propio, OpenStreetMap España.

Óscar, por ejemplo, comenzaba hablándonos del tipo de personas aportan su tiempo y esfuerzo al proyecto OSM, y que aunque pertenecen a cualquier ámbito profesional, sí que suelen ser cartógrafos, geógrafos e informáticos. El proceso de colaboración va aumentando poco a poco:

A nivel de actualizar y completar los mapas la gente suele comenzar por su pueblo/barrio y posteriormente se van expandiendo por su zona o aquellas zonas que suelen transitar en viajes o fines de semana

Esas labores de cobertura se completan a menudo con las llamadas mapping parties --como una de las últimas en la Sierra de Cazorla--, pero en realidad el trabajo de campo se combina con el trabajo delante de la pantalla del ordenador. Como explicaba Óscar --y luego nos confirmó Iván--, el uso de la fotografía aérea ha sido fundamental para el trabajo en la creación y edición de mapas, y de hecho la forma más potente de trabajar en este sentido es mediante la llamada ortofotografía.

En este punto, destacaban ambos colaboradores, es especialmente importante el hecho de que no se pueden utilizar o copiar imágenes de Google Maps o de otras fuentes con copyright (como un callejero), y los mapas básicos se completan con detalle normalmente a pie para ir anotando todo tipo de datos adicionales sobre esas zonas que se están cartografiando.

Para subir esos datos a OSM hay varias alternativas. Una de las más sencillas, y probablemente la más adecuada para principiantes --si os animáis, tenéis una buena guía aquí--, es la de usar la propia web de OpenStreetMap, donde la gente de Mapbox creó un editor web básico llamado iD (cuyo funcionamiento se muestra en el vídeo anterior). Este editor sustituyó a Potchlach 2, que era el antiguo editor web, pero la verdadera herramienta de trabajo para estos editores es JOSM.

Este editor está basado en Java, y es el más completo, tal y como confirmaba Óscar, que indicaba que "es con el que solemos editar los usuarios habituales". Por supuesto en esa creación y edición hay luego una fase adicional crítica: la corrección de fallos, que se pueden indicar desde la web o desde aplicaciones móviles como OsmAnd, la clara referencia si usamos dispositivos Android. Como explicaba Óscar, "Una vez abierto el fallo, el fallo es visible si los activas desde el botón capas, ahí puede corregirlo cualquiera que pueda o sepa solucionarlo, en muchas ocasiones es necesario conocimiento local".

Esos recorridos locales a pie --"hay que recoger la información de primera mano", indicaba Iván-- se pueden también ir documentando con aplicaciones como OsmTracker, ya que permite subir al sistema datos como por ejemplo comercios, museos, gasolineras y otros puntos de interés, aunque OsmAnd también facilita esta tarea. Como señalaba Óscar, "en resumen, los datos se cargan desde cero a menos que haya políticas de datos abiertos y se puedan cargar esos datos".

Mapa con los últimos colaboradores activos del proyecto OSM. Fuente: OSM.

Este colaborador también nos dejaba una reflexión: ¿son más efectivas 20 personas trabajando en mapas para una empresa, o 2.000 colaboradores? Las estadísticas de OSM, públicas y abiertas --como el resto del proyecto-- dejan clara la situación: a día de hoy hay más de 1.545.000 usuarios registrados, con más de 3.000 usuarios activos a diario (casi 22.500 en los últimos 30 días) y más de 6.000 cambios editados a diario entre nodos, caminos y conjuntos de datos. En Alemania, explicaba Óscar, "es el país del mundo con mas densidad de datos de OSM. Allí el volumen de datos y detalle ha superado claramente en nivel de detalle a cualquier apuesta comercial".

Iván --cuyo mapa de puntos editados está disponible públicamente, como el del resto de colaboradores-- añadía varios datos interesantes, pero empezaba tratando de evitar que definiésemos a OpenStreetMap como "la wikipedia de los mapas", una frase típica en los medios que según este colaborador --que lleva involucrado en el proyecto desde 2006-- es una mala definición. En OSM, explicaba, "tienes los datos en bruto", y bastantes más de los habituales. El ejemplo: la cobertura de las líneas de alta tensión y su voltaje. Un colaborador de la wikipedia --con mucho tiempo libre, suponemos-- se dedicó a registrar toda la red eléctrica de Alemania con hilos, torres, etc, algo que ningún otro proyecto puede afrontar fácilmente.

El cálculo de rutas es posible en los mapas de OSM gracias al motor OSRM.

Eso permite que a partir de ahí haya todo tipo de servicios y prestaciones derivadas, y un magnífico ejemplo es OSRM (Open Source Routing Machine), que es el motor de cálculo de rutas que utiliza los datos de OSM para mostrar esas rutas sobre un mapa. Como explican en la página oficial del proyecto, la implementación en C++ del motor de rutas combina algoritmos avanzados con los datos de la red de carreteras del proyecto OSM, y el cálculo de la ruta más rápida incluso en grandes distancias (como la de la imagen) se calcula en apenas dos segundos.

La filosofía de trabajo en OSM es la que muchos desarrollos software aplican: el célebre Release Early, Release Often que permite que se publiquen rápidamente nuevas actualizaciones sobre las que se van realizando correcciones. Aquí es interesante descubrir que en OSM no hubo un mapa visible hasta 2008, y en aquel entonces "el mapa se actualizaba el miércoles por la noche", como comenta Iván, que nos cuenta lo mucho que ha avanzado el sistema de actualizaciones --y el resto de componentes, que tenéis en esquema en el wiki oficial del proyecto--, que ahora realiza diferenciales cada minuto para presentar los cambios de forma casi inmediata.

En OpenStreetMap también podremos encontrar colaboradores cerca de nuestra posición que nos ayuden a iniciarnos en este proyecto. Fuente: OSM.

El acceso a fotos aéreas se combina con la información que proporcionan algunos organismos oficiales. En España Iván destacaba especialmente el papel de Instituto Geográfico Nacional, con el que el proyecto OSM lleva trabajando estrechamente desde hace años. Es el caso del Proyecto PNOA (Plan Nacional de Ortofotografía Aérea) del IGN, que da acceso libre a fotografías aéreas que son cruciales para el trabajo de los editores y colaboradores de OpenStreetMap en España. Los datos del Catastro son públicos y también son una de los recursos informativos de OSM en nuestro país, pero hay otros organismos públicos que no facilitan esos datos a pesar de tener ese carácter. El ejemplo que nos ponía Iván era el de la EMT, que anuncia su API OpenData cuando según este colaborador no es tan abierta y obliga a pedir permiso. De hecho, en esa página hay un formulario de acceso que obliga a que el interesado se identifique de forma completa.

La relevancia del proyecto OSM vuelve a ponerse de manifiesto al comprobar cómo esa información ha acabado siendo utilizada por muchas empresas. "OSM no es un mapa, es una base de datos", destacaba Iván, que OpenStreetMap los ofrece libremente, pero sus competidores "los venden a precio de oro". Lo comentaban recientemente en The Next Web, donde citan casos famosos como FourSquare, DuckDuckGo, Wolphram Alpha, Craiglist, la Wikipedia, e incluso Apple --aunque tardaron en reconocerlo-- han usado OSM de forma total o parcial para sus servicios. Y alrededor de esos datos se han creado compañías de éxito, como MapBox o CartoDB, que merecerían artículos propios y que se escapan del objeto de este reportaje.

La filosofía de OpenStreetMap, que aboga por un modelo abierto, ha sido "reutilizada" en cierta medida por sus competidores. De hecho, tanto TomTom como Google o Nokia (Navteq) ofrecen utilidades para que la comunidad ayude a corregir datos en sus respectivos servicios de mapas, pero como decía este colaborador de OSM, "aunque todos se suben a ese carro, no devuelven luego los datos a la comunidad". De hecho, afirmaba este veterano colaborador del proyecto, "Cuando entras en OSM ves un mapa, pero detrás de eso está el dato puro. Todos te dejan el mapa, pero nadie te deja el dato… excepto OSM. El típico vendor locking".

Ese es una de las realidades absurdas de este mundo: en lugar de compartir datos de forma abierta, cada empresa está tratando de "tener algo un poquito mejor que los demás", indicaba Iván, que dejaba clara la desventaja de esa aproximación puramente comercial al problema: "estás haciendo el mismo trabajo 4 veces".

Así trabajan en HERE

El proceso de elaboración de mapas del proyecto OpenStreetMap contrasta con el que se sigue en una empresa como HERE, (antigua Navteq), el conocido proveedor de Sistemas de Información Geográfica (GIS) que fue adquirido en octubre de 2007 por Nokia. Aquel acuerdo, eso sí, no se aprobaría por parte de la Comisión Europea hasta julio de 2008, y resulta curioso que en ese mismo periodo de tiempo TomTom acabara adquiriendo a su principal rival en aquella época, Tele Atlas.

HERE, nos comentan sus responsables, ha creado un "mapa vivo" con cartografía de 200 países, con navegación guiada por voz en 94 países y en más de 50 idiomas, y con información de tráfico en tiempo real en 32 países, incluido España. La división proviene de la citada adquisición de Navteq en 2008, pero también de las de las empresas Gate5 en 2006 y Earthmine en noviembre de 2012.

La dimensión de esta empresa es importante: más de 6.000 personas trabajan en HERE en 53 países, y por ejemplo en nuestro país hay 7 oficinas que dan cobertura a toda la geografía nacional. La recogida de datos diaria es masiva, y de media se pueden recolectar 12 millones de señales de tráfico, o 2 millones de imágenes panorámicas.

Es interesante también destacar la existencia de la plataforma de servicios cartográficos HERE Location Platform (HLP), que incluye tanto la parte cartográfica como las herramientas de desarrollo y APIs para crear aplicaciones con los mapas como base. Amazon, por ejemplo, utiliza esta plataforma, y también lo hacen los servicios de Bing Maps y de Yahoo! Maps.

En HERE la creación y edición de los mapas pasa por fases muy definidas. Pudimos contar con la colaboración de Arantxa Fernández, geógrafa empleada en HERE, que nos ofreció una explicación detallada de esos procedimientos. Todo comienza con el mapa esqueleto, que suelen obtener de fuentes como el IGN, y que se complementa con más datos que suelen provenir de fuentes como callejeros.

Esos mapas preliminares se dividen en sectores que pasan a recorrer los analistas de campo mediante coches especialmente preparados --los llamados HERE True Car-- con cámaras capaces de tomar imágenes en 360º, GPS de gran precisión, ordenador para ir actualizando la base de datos, y la unidad IMU (Inertial Management Unit), que mantiene la localización del vehículo en zonas en las que el GPS no tiene cobertura.

A ellos se les suma también el sistema LiDAR que genera modelos 3D y que permite obtener mapas 3D que son especialmente interesantes para representar de forma más fiel la navegación en los coches. Las aplicaciones de esta tecnología en todo lo relacionado con la topografía son enormes, y últimamente se ha demostrado también su potencial en sistemas de navegación como los desarrollados por HERE, la división de Nokia que, por cierto, no ha formado parte de la reciente adquisición de Microsoft.

Esos elementos permiten editar la cartografía e ir añadiendo todo tipo de atributos que luego hacen que los mapas que se obtienen sean la base de la navegación en los navegadores para dispositivos móviles, por ejemplo. Hay algo más de 360 atributos para cada uno de los vectores con los que trabajan, aunque normalmente los más comunes se reducen a unos 20 entre los que se encuentran aspectos como el número de carriles, el sentido de circulación, o la velocidad máxima permitida, por ejemplo. A ellos se les suman los puntos de interés que también se incorporan a la base de datos, y que se clasifican en alguna de las 60 categorías disponibles.

Todos esos datos recolectados por el trabajo de campo son luego procesados en las oficinas de HERE, donde se vuelcan y se editan los mapas en función de todos esos datos y atributos. Es en ese momento también en el que se realizan las comprobaciones cruzadas, en las que los analistas verifican los datos entre ellos para tratar de detectar fallos, un proceso que en HERE tiene especial relevancia y que de hecho es bastante distinto a esa mentalidad "Release Early, Release Often" de OSM. El proceso, en imágenes (podéis ampliarla pinchando sobre ella) es el siguiente:

De izquierda a derecha, y de arriba abajo, las seis imágenes representan lo siguiente:

  1. Tres fuentes diferentes para adquirir nuevos datos en la Comunidad de Madrid.

  2. Base de datos de partida

  3. En amarillo aparece la cartografía hasta el momento de HERE, y en rojo la adquisición de la nueva cartografía. A partir de aquí se realiza el trabajo de campo para verificar todos los datos y capturar los atributos necesarios.

  4. En azul claro está representada la cartografía adquirida y sobre la que se ha realizado un trabajo de campo, con atributos (y anotaciones) recogidos en amarillo. Las líneas gruesas con color amarillo-verde son trazados recogidos con el GPS, mientras que en naranja se indican grabaciones de voz realizadas con el micrófono integrado en los coches.

  5. A menudo las cámaras situadas en el interior del vehículo permiten capturar imágenes como material de ayuda para la inclusión de información relacionada con los atributos, como señales de tráfico, restricciones de línea continua o discontinua, etc.

  6. La última imagen es el resultado de la edición de la cartografía, con la base de datos evaluada y con todos los datos actualizados tras todo este proceso.

De hecho, los mapas finalizados acaban poniéndose a disposición de los clientes de distintas formas (DVDs, actualizaciones vía Internet) pero siempre en plazos claramente superiores a los de OpenStreetMap. Se estima que desde que HERE entrega los datos a sus clientes, los usuarios finales pueden tardar en tener esos datos entre seis y doce meses. Si bien, si usan smartphones o páginas webs, este tiempo se reduce drásticamente (incluso cuestión de minutos desde la plataforma MapCreator).

En esa labor de actualización también puede intervenir el propio usuario: en 2012 Nokia puso en marcha su servicio MapCreator, que ofrece una aplicación web con la que poder sugerir correcciones y la inclusión de nuevos datos en los mapas de HERE. Las numerosas ediciones están formadas por expertos y aficionados a estos temas, y sus recomendaciones acaban en manos del proceso de validación de HERE. Este último proceso garantiza que la calidad de los mapas no se vea comprometida, y en HERE indican que ya hay más de 100 comunidades de expertos que hacen uso de MapCreator. Esos datos benefician a posteriori a los usuarios del servicio HERE, aunque al contrario de lo que ocurre en OSM, esos datos que aportan no están luego accesibles para que la comunidad los pueda aprovechar.

Google Maps, un gigante voraz

Por supuesto que entre los protagonistas de este mercado está Google, que desde que lanzara Google Maps en 2005 --inicialmente en Reino Unido y Estados Unidos-- ha avanzado de una forma prodigiosa en un mercado que en esas fechas estaba claramente dominado por los fabricantes de PNDs.

Los principios fueron complicados para esta división del gigante de las búsquedas: aunque el servicio se extendió a 22 países en los tres años siguientes, el alcance y prestaciones de esas mapas no satisfacía a sus ingenieros y responsables.

Brian McClendon, responsable de esta división, explicaba en una entrevista en la BBC como eso provocó el nacimiento del proyecto Ground Truth. La idea, explicaba este ingeniero, era la de "crear nuestros propios mapas desde cero. Comenzaríamos con datos con licencia, y trataríamos de lograr tener los derechos totales sobre esos datos y, a partir de ahí, mejorarlos". Eso hizo que en Google Maps comenzaran a mezclar datos de terceras partes con el propio análisis de las imágenes satelitales de Google y la información que iba generándose en otro de los componentes clave de su iniciativa: el servicio Google Street View.

Los coches que forman parte de este llamativo servicio toman imágenes en 360º, pero además, como nos explicaban en nuestras preguntas a Google España, "crean un modelo 3D de las fachadas de los edificios, además de hacer reconocimiento de cosas como señales de tráfico, límites de velocidad o nombres de comercios para poder mejorar nuestros mapas". Esos datos se analizan en los servidores de Google, que integran esa información en su plataforma de mapas a través de operadores que evalúan esa información y corrigen pequeños fallos.

Como señalaba McClendon (y la entrevista es de septiembre de 2012), "los beneficios de contar con Street View no pueden despreciarse. Tenemos más de 20 petabytes de imágenes y se han publicado más de ocho millones de kilómetros en carreteras Street View".

Ese proyecto ya cubre 31 países distintos, en los que Google ya disponía de datos "decentes" que poder licenciar y sobre los cual poder trabajar para construir sus mapas. Sin embargo el proyecto quiere ir más allá y tener alcance en áreas regiones mucho menos exploradas como, por ejemplo, India.

Para ayudar en ese esfuerzo Google lanzó hace tiempo Map Maker, una herramienta que en línea con el servicio iD de OSM o el Map Creator de HERE ofrece a los usuarios independientes la posibilidad de aportar información útil para mejorar los mapas que Google ofrece a los usuarios. Aún así, McClendon reconocía que este es "un reto enorme: hay mucha más gnete, muchas más poblaciones y la documentación e información es muy inferior".

El interés por la cartografía no se limita a versiones 2D de los mapas, y desde hace tiempo Google ofrece aplicaciones como Google Earth --también integrada en Google Maps en el navegador-- que permiten acceder a una representación 3D de nuestro planeta. El resultado es sin duda uno de los servicios más atractivos para los usuarios, que pueden hacer recorridos virtuales desde su navegador y con una fidelidad de datos notable.

En los últimos meses los esfuerzos de Google también han ido dirigidos a ofrecer mapas de interiores --HERE hace lo propio con Venue Maps--, aunque, eso sí, solo para localizaciones como centros de transporte, centros comerciales ,museos o negocios que, eso sí, pagan para que el personal de Google recolecte la información y la integre en los mapas. McClendon explicaba lo importante que es ofrecer toda la información posible a los usuarios:

Cuanta más información podemos proporcionar a los usuarios sobre el sitio en el que están y dónde deberían ir, hará que la gente confíe en su capacidad para viajar y desplazarse además de su capacidad para interaccionar, ya que no se preocuparán de si está permitido hacer esto o ir a este otro sitio.

Por supuesto, la postura de Google a menudo ha rayado en la invasión de la privacidad, con casos famosos por los coches de Street View y por esa voracidad a la hora de recolectar datos --incluido el escándalo de la captación de redes Wi-Fi-- que por supuesto tiene sus luces y sus sombras. McClendon prefería no hacer comentarios al respecto, pero sí reconocía que "la publicidad local va a ser una parte crítica de cualquier experiencia de búsquedas tanto locales como de mapas".

La utilización de la fotografía aérea también se ha convertido para Google --como lo hace en el caso del proyecto OpenStreetMap-- en una fuente crucial de información, algo que Ed Parsons, uno de los máximos responsables de Google Maps, nos confirmaba en nuestras preguntas específicas a este gigante de Internet. Esas imágenes aéreas que se utilizan sobre todo en ciudades se siguen complementando con imágenes de satélite:

Para muchas partes del mundo las imágenes de satélite siguen usándose, y esto es útil para herramientas que por ejemplo monitorizan el medioambiente, como sucede con el proyecto Global Forest Watch

Google, que prefiere no hablar del número de personas dedicadas a su división de mapas, sí aclara que su plantilla está distribuida por todo el mundo. Parsons nos comentó los hitos más importantes que habían permitido mejorar la calidad de los mapas, y que por orden eran la vista de satélite, Street View, los mapas en móviles, Map Maker, localización y mapas de inetriores, y los nuevos mapas vectoriales.

Una de las críticas que se realizan a Google Maps es la falta de esa opción para la descarga e instalación de mapas en local. Aunque sí es posible, por ejemplo, descargar zonas de un mapa a un móvil para no depender de una conexión de datos al usar Google Maps en el smartphone, el proceso es incómodo para muchos usuarios, que deben usar el servicio siempre con una conexión de datos disponible. Este ingeniero nos comentaba el motivo:

Muchas de las funciones que hacen que Google Maps sea útiles, tales como la búsqueda local, los cálculos de rutas, o Street View requieren una gran capacidad de computación y de almacenamiento de datos que solo se pueden ofrecer a través de la nube. Los mapas sin una conexión de datos serían mucho menos útiles.

En Google, afirmaba Parsons, "aplaudimos todos los esfuerzos para cartografiar mejor nuestro mundo, lo que es beneficioso para los usuarios", pero creen que tienen "la mejor combinación de cobertura detallada y de funcionalidades". Por supuesto, otros no opinarán lo mismo, y el ejemplo lo tenemos en las posibilidades que ofrecen en personalización de mapas.

Así, mientras que los mapas (o más bien, los datos) de OSM son de libre acceso, la API de Google Maps --tan sobresaliente como otras pertenecientes a otros servicios de la empresa--, que permite hacer cosas como las que se muestran en Snazzy Maps, es más restrictiva y no gratuita, y su uso por parte de cierto tipo de servicios y empresas tiene un coste asociado importante. Dicho coste fue reducido de forma drástica en junio de 2012, cuando Google se dio cuenta que otros servicios alternativos podían competir en su terreno.

Conclusiones

Con sus luces y sus sombras, lo cierto es que todas estas alternativas dejan algo muy claro: jamás hemos disfrutado de opciones tan notables en el segmento de la cartografía digital. Cada plataforma tiene sus ventajas y desventajas, pero los servicios ofrecidos por todos ellos son capaces de cubrir las necesidades de cualquier usuario o empresa.

De hecho, el futuro se presenta aún más prometedor: la recolección de datos no solo no ha parado, sino que se ha incrementado en todas las iniciativas. Por supuesto, la mayoría de ellas invierten todos esos esfuerzos con el objetivo de rentabilizarlos en el futuro, y temas como la cobertura de zonas de difícil acceso y la incorporación de datos que van más allá de la tradicional navegación en coche hace de todas estas soluciones una fuente crucial de información en todo tipo de escenarios.

A ello también ayudará la fiebre por los dispositivos móviles que son claros beneficiados de la era en la que vivimos. Los mapas son ya una constante para millones de personas que viven con el móvil o el tablet pegado casi como una extensión más de ellos mismos. Para bien o para mal, hay una conclusión clara: jamás fue más difícil perderse.

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