Años después hay decenas de detalles en productos de Google que vienen de los fracasos de Wave y Google+

En poco más de veinte años de vida, Google se ha convertido en la tercera compañía más valiosa del mundo y el fabricante del sistema operativo más usado, Android. Con esta presentación, es fácil pensar que todo lo que Google toca, lo convierte en oro. Nada más lejos de la realidad: los de Larry Page y Sergey Brin han tenido fracasos estrepitosos, como el de la red social Google Plus o el visionario pero incomprendido Google Wave. Pero de todo se aprende. En Mountain View hicieron lectura de los puntos fuertes de ambas, las "descuartizaron" y dejaron su impronta en otros productos que usamos a diario: Google Wave y Google Plus marcaron el camino.

Google Wave

Lars Rasmussen cuenta en el blog de Google que la idea de Google Wave surgió cuando él y su hermano – ambos artífices de este servicio – hablaban sobre qué había después de desarrollar Google Maps. Su respuesta fue la comunicación. Dos de las herramientas más exitosas por aquel entonces, el email y la mensajería instantánea, fueron diseñados en los años 60, así que consideraron que hacía falta algo nuevo que mezclara lo mejor de ambos mundos.

¿Por qué hay que dividir nuestra comunicación entre documentos y conversaciones? ¿Es posible desarrollar un solo modelo de comunicaciones para abarcarlo todo de forma continua? ¿Por qué no aprovechar las habilidades de la informática en lugar de imitar los formatos no electrónicos? Estamos ante el caldo de cultivo de Google Wave.

Corría el año 2009 cuando Google presentaba Wave en su conferencia de desarrolladores I/O. De Wave decían que era un producto a caballo entre la conversación y el documento, donde la gente podía comunicarse y trabajar de forma colaborativa en textos con formato enriquecido, fotos, vídeos, mapas, feeds, etc.

Así es como funcionaba: creabas una "ola" e ibas incorporando gente. Las personas añadidas tenían la posibilidad incorporar contenido variado, pudiendo insertar respuestas o editar la ola directamente. Además, podían hacerlo en directo, de modo que el resto de personas de la ola veían de forma instantánea lo que escribías, carácter a carácter, de modo que sería tanto para mensajes rápidos como para la elaboración de documentos. Además, en cualquier momento se podía retroceder ver los cambios que se hayan efectuado sobre la misma a lo largo del tiempo.

Como ya habían hecho con otros productos como Android y Chrome, Wave era de código abierto, de modo que los desarrolladores pudieran unirse a la comunidad para enriquecer la aplicación web, construida con Google Web Toolkit y HTML5.

En verano de 2010, Google seguía aumentando la funcionalidad de Wave implementando la función de compartir "WaveThis", permitiendo enviar lo que se veía en el navegador directamente a una ola concreta para nutrirla o discutir sobre ello, sin necesidad de copiar y pegar.

La cuenta atrás ya había comenzado: Google Wave echaba el telón en noviembre de 2010, solo un año después de su presentación. Sin ánimo de profundizar en los motivos de su cierre, aspectos como encontrarse en fase de prueba – con etiqueta Labs –, su sistema de invitaciones para acceder al servicio, la escasa colaboración de devs y principalmente que fuera una herramienta adelantada a su tiempo, no ayudaron a su despegue.

Pero el tiempo ha acabado dando la razón a los de Mountain View, quizás no en este formato, pero sí en la necesidad de crear un nuevo sistema de comunicación híbrido entre lo rígido del correo electrónico y lo espontáneo de la mensajería: hablar y trabajar al mismo tiempo. Una buena muestra de ello la encontramos en Google Drive, lo más parecido a su "heredero".

El nexo común más evidente es precisamente lo más revolucionario de Wave: la posibilidad de crear y colaborar, lo que permite a los usuarios trabajar juntos en un único documento al mismo tiempo. Así, aquellos que tienen acceso a editar, pueden ir incorporando contenido mientras que el resto ve cómo los caracteres van apareciendo de uno en uno, con la posibilidad de comunicarse mediante un chat emergente. De nuevo, mensajería instantánea y la edición en vivo.

Pero comencemos por el principio: en Google Wave, alguien creaba un Wave e iba invitando a otros usuarios a esa plataforma donde añadir contenido variado e incluso recursos de internet. Así que no podía entrar cualquiera. Esta opción de invitación también la vemos en Google Drive, donde tenemos la potestad de compartir los archivos que creamos o subimos a unas personas concretas o a todo el mundo, eligiendo qué permisos les damos.

Este déjà vù se percibe en varias partes de Google Drive, como el modo discusión (los comentarios), la posibilidad de compartir y la opción de retroceder en el tiempo para ver viejas versiones del documento en el que estamos trabajando.

Con Google Drive, todo lo creado está inmediatamente disponible para compartir en los servicios Google, una funcionalidad que ha ido creciendo en importancia conforme el usuario medio ha ido incorporando servicios como la nube en sus rutinas diarias: trabajos, documentos importantes, fotografías, facturas...

Es cierto que con el correo electrónico de Gmail siempre hemos podido adjuntar archivos, fotos o vídeos (si cabían), pero gracias a Wave se abrieron las puertas a compartir documentos mediante el envío de enlaces a Google Docs.

Google Wave era capaz de unificar diferentes formas de comunicación y aplicaciones en una sola plataforma. Así, podíamos usar Google Talk o Gmail sin salir de la misma pantalla, algo que actualmente también podemos hacer a través en Gmail. Basta con introducir nuestro correo electrónico para acceder al buzón, Hangouts, las notas de Keep, el calendario...

La idea de Wave era juntarlo todo en un solo producto para tenerlo a disposición en un único lugar. Esa unificación también la encontramos en Google Drive, que en sí constituye un conjunto de productos integrados que incluso ofrece capacidad de almacenamiento. Y algo esencial en este cajón de sastre heredado de Wave es la posibilidad de encontrarlo gracias a la función buscar.

Una parte muy importante de Drive es que es multiplataforma, es decir, que además de usarlo en el ordenador, podemos disfrutar del servicio desde la tableta o el teléfono móvil. Pero Google Wave también lo hizo antes.

Wave era un ambicioso proyecto cuyo objetivo final era anclar al usuario más allá de la comunicación, sirviendo además para almacenar contenido, trabajar con él y compartirlo. Wave perdió la batalla, pero Google ha ganado la guerra: su ecosistema global ha logrado atraer al usuario y mantenerlo con su conjunto de servicios.

Google+

Esta primavera Google+ cerraba sus puertas para los usuarios domésticos. Y lo hacía tras haber intentado exportar su éxito en otras áreas a su red social metiéndola con calzador en otros servicios: era necesaria una cuenta de Google+ para publicar y comentar vídeos de YouTube, para usar Hangouts y Fotos, comentar en Google Play...

Pero que un camino no lleve a ninguna parte no significa que la experiencia caiga en saco roto. Los de Mountain View lanzaron una serie de características innovadoras que todavía siguen vivas gracias a su implementación en otros servicios.

Hacer lectura de lo que ha fallado y tomar los puntos fuertes para iniciar nuevas andaduras por un lado, o reforzar servicios ya existentes para dispararlos. Es el caso de Google Fotos, una de las aplicaciones que más y mejor se ha visto beneficiada de las herramientas de Google+ como iremos viendo a lo largo de este artículo, alcanzando los mil millones de usuarios.

Uno de los más obvios es el que proporcionaba el servicio de videollamadas de Google+, Hangouts, que ahora puede usarse tanto en solitario a través de su aplicación como integrada dentro del proveedor de correo electrónico Gmail o de una extensión para el navegador Chrome.

Es momento de echar la vista atrás. En junio de 2011 se presentaba Google+ con novedades como los círculos, una nueva forma de crear grupos de usuarios con distintos grado de acceso a lo que compartíamos, de modo que pudiéramos proteger nuestro contenido de una forma más útil que la de su máximo rival, Facebook.

Algunas características que debutaban con Google+ eran tan atractivas (vistas desde la perspectiva actual) como la videoconferencia integrada con los Hangouts de Google o su potente sistema para compartir fotos que permitía etiquetarlas, editarlas y subirlas a álbumes privados en la nube. Otras no lo eran tanto: Google+ te obligaba a usar tu nombre real.

Google+ ve la luz en un año en el que Facebook, su rival a batir, atesora 800 millones de usuarios. En Mountain View saben que si hay algo que engancha a potenciales usuarios es el contenido audiovisual, el poder compartir e interaccionar frente a vídeos y fotografías. Google+ tenía que competir de tú a tú con Facebook y disponía de la tecnología para reforzar la experiencia audiovisual.

Así, los de Mountain View hicieron de la gestión de estas uno de sus rasgos diferenciales. Y dado el volumen generado en la era de fotografiarlo todo, esta no era una tarea trivial.

Sus competencias en inteligencia artificial, búsqueda y almacenamiento en la nube le permitían sacar músculo en este área en un espacio donde los usuarios pudieran compartirlas o conservarlas en privado y visualizar las más relevantes.

Ese fue el punto de partida heredado por Google Fotos y uno de los artífices de su éxito. La app centrada en fotografía nació con la premisa de ayudar a la gente a guardar, organizar y disfrutar de estas… y sí, también pueden compartirlas.

La asistencia de la inteligencia artificial hacía el trabajo duro ordenando el garaje de nuestro archivo fotográfico, encontrando y diferenciando personas, ubicaciones y conceptos para que la organización y localización de material fuera más más sencilla y eficaz. Algo que Google Fotos ha ido puliendo para ofrecer una ayuda más proactiva creando películas, collages o incluso ayudándonos a saber qué fotos deberíamos eliminar.

El desarrollo de la gestión fotográfica fue creciendo en Google+, pero los resultados no iban de la mano. Otra de esas funcionalidades que Google Fotos hizo suya pero que vimos primero en la red social de Google fue el backup automático.

Con el tiempo parece obvio intuir el éxito de Google Fotos, pero la realidad es que además del legado de Google+, también el cambio en los hábitos de los usuarios y la mentalidad lo han posibilitado. No nos olvidemos que Google+ era una red social y como tal era necesario estar siempre conectado para acceder al material… algo que se asume como normal hoy en Google Fotos, pero que a principios de esta década nos habría costado más asumir: que si nuestra conexión es mala o inexistente, quizás no podamos acceder a nuestra galería. Y aquí viene otra herencia menos obvia: el continuo uso de internet y la nube para disfrutar del servicio al completo. El estar siempre conectados.

Con el adiós de Google+ para los usuarios se perdieron las comunidades que logró aglutinar en torno a ella: de educadores, Android, Linux, marcas... En este sentido, Google recogió el guante parcialmente y desarrolló Google for Education, una plataforma para facilitar un entorno docente y educativo en torno a la comunidad y los servicios de Mountain View.

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