MSI All-in-One PRO 24X 7M, análisis: este «todo en uno» aspira a convencernos de que no es solo una cara bonita

Los equipos «todo en uno» representan una alternativa muy interesante a los ordenadores en formato torre cuando el espacio disponible escasea. Y también cuando por razones estéticas es preferible evitar la presencia de un chasis convencional. ¿El precio a pagar? Sus posibilidades de ampliación, que son mucho más reducidas que las de un equipo en formato torre. Y también la potencia que son capaces de entregarnos, que está condicionada por un espacio disponible no muy diferente habitualmente al de un ordenador portátil.

El PC al que dedicamos este análisis responde a pies juntillas a estas premisas, y, además, tiene el carácter necesario para que cualquier usuario que busca un «todo en uno» con vocación profesional le preste atención. Eso sí, tiene por delante un reto importante al que intentaré dar respuesta a lo largo de este artículo: ¿pesan más las virtudes de este equipo que las limitaciones que nos imponen las máquinas de esta categoría? Os propongo que lo averigüemos juntos. Vamos allá.

MSI All-in-One PRO 24X 7M: especificaciones técnicas

La pantalla con la que cuenta este «todo en uno» incorpora un panel LCD de tipo IPS de 23,8 pulgadas y resolución Full HD que, como veremos un poco más adelante, nos ofrece una calidad de imagen global alta. La elección de un panel 1080p me parece acertada, dada la vocación profesional de este PC, debido a que uno con mayor resolución habría revelado las carencias de la lógica gráfica de Intel en los escenarios de uso más exigentes en materia gráfica. Y es que este equipo no incorpora un procesador gráfico dedicado, una característica que no reduce su atractivo si vamos a utilizarlo en los entornos ofimático, de creación y reproducción de contenidos, pero que lo hace poco apetecible para artistas digitales y aficionados a los juegos.

La CPU de este equipo tiene un TDP de 15 vatios apropiado para un chasis con un volumen reducido, pero, curiosamente, se trata de un chip de Intel de séptima y no de octava generación

Su «cerebro» es un microprocesador Intel Core i5-7200U que cuenta con un TDP (Thermal Design Power) o una potencia de diseño térmico de 15 vatios. A priori es un valor apropiado para un equipo que tiene un chasis muy compacto y que, por tanto, se ve limitado por restricciones importantes en lo que concierne a la disipación de calor. El TDP refleja la energía medida en vatios que disipa la CPU en forma de calor cuando trabaja a la frecuencia de reloj base y todos los núcleos están activos.

Hasta aquí no tengo nada que objetar, pero resulta llamativo que los ingenieros de MSI se hayan decantado por integrar en este equipo un procesador de séptima generación en un momento en el que los chips de octava generación ya están plenamente asentados. Esta decisión puede comprometer en cierta medida el rendimiento global de este equipo, lo que explica por qué en el título del artículo me parece apropiado adelantaros que a esta propuesta le falta ambición, al menos en lo que se refiere a la elección de algunos componentes de su hardware. Su rendimiento en nuestro banco de pruebas reflejará un poco más adelante qué podemos esperar de esta máquina.

Por otro lado, los 8 GB de memoria principal de tipo DDR4-2400 son en principio suficientes para una máquina con una vocación ofimática y multimedia tan marcada. El disco duro mecánico de 1 TB con interfaz SATA III también es convincente, pero lo que no lo es tanto es la ausencia en la versión que hemos probado de una unidad SSD con interfaz NVMe M.2 de al menos 256 GB. Este equipo cuenta con una unidad Intel Optane de 16 GB que, como comprobaremos más adelante en nuestras pruebas con CrystalDiskMark, consigue mejorar claramente las prestaciones del subsistema de almacenamiento secundario. Aun así, hoy en día la presencia de una unidad SSD, aunque tenga una capacidad modesta, es, en mi opinión, obligada porque tiene un impacto muy claro en las prestaciones globales de la máquina.

Un apartado de este PC que ha sido mimado por los ingenieros de MSI es la conectividad. Y es que no solo incorpora una dotación de puertos USB bastante amplia (4 de tipo 3.1 Gen 1 y 2 de tipo 2.0), sino también dos enlaces Gigabit Ethernet y una salida HDMI que nos permite ampliar el escritorio utilizando un monitor adicional. La conectividad inalámbrica también ha sido resuelta de forma convincente integrando una controladora inalámbrica compatible con el estándar WiFi 802.11ac y otra Bluetooth 4.2. Eso sí, es una lástima que este equipo no cuente al menos con un puerto USB 3.1 Gen 2 de tipo C compatible con Thunderbolt 3. De haberlo hecho en este ámbito habría conseguido pasar del notable a un merecido sobresaliente.

MSI All-in-One PRO 24X 7M
Pantalla LCD IPS de 23,8 pulgadas Full HD LED
Resolución 1.920 x 1.080 puntos
Procesador Intel Core i5-7200U a 2,5 GHz (hasta 3,10 GHz, 14 nm, 2 núcleos / 4 hilos y 3 MB caché L3)
Gráficos Intel HD Graphics 620
RAM 8 GB DDR4 2.400 MHz
Almacenamiento HD HGST 1 TB SATA III 7.200 rpm / SSD Intel Optane NVMe M.2 16 GB
Sonido Dos altavoces de 2,5 vatios de potencia cada uno
Versión S.O. Windows 10 Home
Conectividad Inalámbrica: WiFi 802.11ac / Bluetooth 4.2
Física: 4 x USB 3.1 Gen 1 / 2 x USB 2.0 / 1 x HDMI / 2 x Gigabit Ethernet / 1 x micrófono / 1 x auriculares
Dimensiones 538,44 x 169,96 x 399,96 mm (con base)
Peso 3,96 Kg
Precio 899 euros


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Su diseño está cuidado y su acabado no es lujoso, pero cumple

Al natural este PC es más atractivo que cuando lo vemos en las fotografías. Y es que es evidente que los diseñadores de MSI se han esmerado para reducir tanto los marcos como el grosor del equipo lo máximo posible. El resultado está bastante conseguido. Los marcos superior y laterales tienen un grosor de solo 7 mm, con un bisel de únicamente 2,2 mm, lo que no está nada mal. Y el panel tiene un grosor de 6,5 mm en la mitad superior. La mitad inferior alcanza los 40 mm debido a que en esta sección del chasis se alojan los componentes electrónicos del equipo. En cualquier caso, es un ordenador estilizado que gustará a quien busca una solución elegante y poco intrusiva.

En lo que concierne a su construcción merece la pena fijarse en que algunas de las partes más visibles del equipo, como el perfil y la peana, son de aluminio, pero el material que predomina es el plástico. Es de buena calidad, eso sí, pero se trata de plástico al fin y al cabo, por lo que su acabado es satisfactorio, pero no lujoso.

Llegados a este punto merece la pena que hagamos un inciso para revisar la calidad del panel LCD IPS que incorpora este «todo en uno». Para ponerlo a prueba recurrí a mis habituales fotografías de referencia y a DisplayMate, una herramienta que, a pesar de su veteranía, sigue siendo muy válida para analizar la calidad de imagen de cualquier monitor. Como cabe esperar de un panel de tipo IPS, destaca por su reproducción del color y por ofrecernos un ángulo de visualización cercano a los 180 grados sin que se deteriore la reproducción tonal cuando lo observamos desde una posición muy escorada.

El ángulo de visualización de esta pantalla se acerca a los 180 grados y apenas adolece de parpadeo

Además, la retroiluminación LED es todo lo uniforme que podemos exigir a un panel de un tamaño comedido (es más difícil conseguir que sea uniforme en los paneles más grandes) y el parpadeo es imperceptible, lo que permite utilizar esta pantalla durante mucho tiempo sin que nuestros ojos se resientan. Un apunte importante: el panel de este equipo no es táctil.

Antes de dar por concluido este apartado me gustaría hacer un inciso para valorar positivamente lo fácil que resulta ensamblar la peana y el panel. Y es que no hace falta utilizar ni tornillos adicionales ni un destornillador; tan solo el tornillo incorporado en la base, que está diseñado para ser fijado con solidez utilizando nuestras propias manos. Es cierto que es una operación que suele llevarse a cabo muy pocas veces (puede que incluso en solo una ocasión), pero la sencillez en este ámbito siempre se agradece.

Una conectividad interesante, pero con una carencia que no podemos pasar por alto

La dotación de conectores con la que cuenta este equipo no está nada mal. Tiene 4 puertos USB 3.1 Gen 1 y 2 puertos más de tipo 2.0 que en principio son suficientes en la mayor parte de los escenarios de uso. Además, incorpora una salida HDMI que nos permite extender el escritorio utilizando un monitor externo. MSI no nos ofrece información acerca del tipo de salida HDMI de la que se trata, pero yo apostaría que se trata de una de tipo 1.4, por lo que debería ser capaz de transportar sin problema señales 2160p con una cadencia máxima de 30 FPS.

Los dos puertos Gigabit Ethernet con los que cuenta este equipo merecen un poco de atención por nuestra parte. ¿Para qué queremos dos puertos RJ-45? En un equipo doméstico la presencia de dos enlaces de red a priori no aporta gran cosa, pero en un PC profesional, como este, es una característica interesante. Y lo es porque nos permite tener dos conexiones físicas bien diferenciadas: una a Internet y otra a nuestra intranet. De esta forma es posible definir una política de seguridad más eficaz que cuando solo contamos con una conexión que nos permite tanto salir a Internet como acceder a la red de área local de nuestra empresa.

Si nos ceñimos a las comunicaciones inalámbricas este equipo no defrauda: cuenta, como vimos en los primeros párrafos del análisis, con WiFi 802.11ac y Bluetooth 4.2. Sin embargo, en materia de conectividad adolece de una carencia importante que merece la pena que tengamos en cuenta: no incorpora un puerto USB 3.1 Gen 2 de tipo C compatible con Thunderbolt 3. Este enlace de alto rendimiento en un entorno profesional puede permitirnos, por ejemplo, conectar a nuestro PC una unidad de almacenamiento externa o un monitor adicional, por lo que es una buena idea contar con esta posibilidad.

El teclado y el ratón de serie no están a la altura

En mi opinión, escatimar en la calidad del teclado y el ratón para mantener bajo control el coste final de un equipo no es una buena idea. Y no lo es porque su impacto en nuestra experiencia es contundente. El teclado y el ratón que MSI nos propone junto a este equipo no son de buena calidad. La construcción de ambos periféricos es de lo más sencilla, pero lo más importante es que las teclas del teclado adolecen de una oscilación transversal muy importante, y esta característica puede provocarnos fatiga mecánica en las articulaciones de las manos y las muñecas en sesiones de uso prolongadas.

Con el ratón sucede más de lo mismo. No tiene ni una ergonomía ni una respuesta destacables. ¿Mi consejo? A cualquier usuario que se haga con este PC le propondría que compre lo antes posible un teclado y un ratón de más calidad, y descarte los que vienen de serie. Afortunadamente, hoy en día no es necesario invertir mucho dinero en estos periféricos para hacerse con un teclado y un ratón de calidad que nos aseguren una experiencia satisfactoria incluso durante sesiones de uso prolongadas.

Nuestro banco de pruebas

Los dos núcleos físicos y cuatro hilos de ejecución (threads) con los que cuenta el microprocesador Intel Core i5-7200U integrado en este PC aseguran un rendimiento digno en escenarios multihilo, pero claramente inferior al que nos ofrecen otros chips con cuatro núcleos y ocho threads capaces de trabajar a la misma frecuencia de reloj. En Cinebench R15 la CPU de este equipo se ha visto superada de forma clara por un microprocesador veterano como el Core i7-3840QM, que es mucho más antiguo. Ambos chips trabajan prácticamente a la misma frecuencia de reloj base, pero el modelo más antiguo se beneficia de la presencia de cuatro núcleos físicos y de la capacidad de procesar simultáneamente ocho hilos de ejecución.

Comparada con los últimos equipos que hemos analizado en nuestro laboratorio, en PCMark 10 esta propuesta de MSI ha arrojado un resultado algo discreto. Aun así, no es un mal índice, aunque de haber contado con una CPU un poco más capaz habría conseguido codearse sin miramientos con los dos equipos Yoga de Lenovo, que es con los que debería medirse realmente. En cualquier caso, los más de 2.900 puntos que ha arrojado reflejan que es capaz de rendir bien en los escenarios ofimático, de navegación en Internet y de reproducción de contenido multimedia.

En el escenario Home Conventional 3.0 de PCMark 8 tenemos más de lo mismo: un rendimiento digno con aplicaciones ofimáticas, de creación y reproducción de contenidos, pero nada impactante. De nuevo el equipo de MSI queda ligeramente por detrás del Yoga 920 de Lenovo equipado con un procesador Intel Core i5-8250U, y también del Thunderobot GX97, que cuenta con un Core i7-7700HQ.

El resultado que ha arrojado este «todo en uno» en el escenario Creative Conventional 3.0 de PCMark 8 es prácticamente idéntico al de la prueba anterior. Una vez más refleja un rendimiento digno al reproducir y crear contenido multimedia, pero se ve superado por otras máquinas gobernadas por procesadores un poco más ambiciosos.

Este no es un equipo para jugar. Es un PC diseñado para rendir bien en la oficina y en casa, pero en un escenario de uso ofimático, de creación y reproducción de contenidos, y de navegación en Internet. En este contexto se siente cómodo, pero a la hora de jugar no podemos esperar un rendimiento atractivo en 1080p y con una calidad de imagen medianamente exigente. La lógica gráfica HD Graphics 620 de Intel puede ser suficiente para jugar ocasionalmente, pero solo a títulos poco exigentes y con una calidad de imagen modesta. El resultado que ha arrojado este «todo en uno» en el escenario Fire Strike v1.1 de 3DMark lo deja bien claro.

Vamos ahora con el subsistema de almacenamiento secundario. La alianza que forman el disco duro mecánico de 1 TB con interfaz SATA III y la unidad SSD Intel Optane de 16 GB con interfaz NVMe M.2 funciona en términos de rendimiento, como podemos ver en la siguiente gráfica que hemos generado con CrystalDiskMark. Aun así, habría sido una gran idea que MSI incorporase una unidad SSD NVMe M.2 con al menos una capacidad de 256 GB, incluso aunque encareciese un poco el coste final del equipo. Creo que a estas alturas todos tenemos claro el impacto tan positivo que tienen estas unidades en nuestra experiencia como usuarios. Eso sí, al menos resulta de agradecer que este PC nos permita cambiar el disco duro que incorpora de serie con facilidad accediendo a la bahía de 2,5 pulgadas que podemos encontrar en el compartimento alojado en el lateral derecho del chasis.

Por otro lado, la temperatura máxima alcanzada por la CPU con una carga de trabajo que oscila entre el 80 y el 95% asciende a 87 grados centígrados, por lo que queda por debajo de su umbral máximo de temperatura. Y, por último, recurrí a mi habitual sonómetro Velleman DVM805 para medir el nivel de ruido emitido por este equipo. En circunstancias exigentes y bajo una carga de trabajo intensa alcanzó picos de 42 dB, un valor muy razonable que refleja el buen trabajo realizado por los ingenieros de MSI en el sistema de refrigeración de este PC.

MSI All-in-One PRO 24X 7M: la opinión de Xataka

Las cualidades más atractivas de este PC «todo en uno» están claramente ligadas a su vocación marcadamente profesional. Su cuidado diseño permite integrarlo con facilidad en cualquier espacio y evita que acapare la atención aunque lo coloquemos en un escritorio de tamaño reducido. Además, su calidad de imagen global es alta y la integración de dos tarjetas de red es un guiño muy claro a los entornos profesionales en los que es necesario separar la conexión a Internet y a la intranet. También es interesante que cuente con una salida HDMI que nos permite extender el escritorio a un segundo monitor externo.

Este «todo en uno» no es perfecto, pero se siente cómodo en un escenario de uso eminentemente ofimático

Sin embargo, esta propuesta de MSI no está exenta de algunos apartados mejorables que ya hemos abordado a lo largo del análisis, y que merece la pena que resumamos brevemente como colofón. Por un lado habría sido preferible que contase con un microprocesador Intel de octava generación, y no de séptima generación, porque probablemente su rendimiento habría sido un poco mayor con una CPU de coste similar. Además, echo de menos una unidad SSD con interfaz NVMe M.2 con una capacidad de al menos 256 GB, incluso teniendo presente el buen trabajo que realizan juntos el disco mecánico y la unidad Intel Optane. También me parece reseñable la ausencia de al menos un puerto USB-C compatible con Thunderbolt 3.

Y, por último, creo que MSI habría acertado incluyendo en el paquete un teclado y un ratón de más calidad. O bien reduciendo ligeramente el precio del equipo y ofreciendo al usuario la posibilidad de comprar los periféricos que más le gusten. Es evidente que no es un equipo perfecto, pero, aun así, se desenvuelve bien en el escenario para el que ha sido concebido, que no es otro que aquel en el que prevalece la ejecución de aplicaciones ofimáticas, la reproducción y la creación de contenidos, y la navegación en Internet. En estas coordenadas merece la pena tenerlo en cuenta porque su precio es muy razonable.

El ordenador ha sido cedido para la prueba por parte de MSI. Puedes consultar nuestra política de relaciones con empresas

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