Fitbit Charge, análisis

Hace justo un año, Fitbit tenía previsto sacar al mercado español la pulsera Fitbit Force, un modelo más completo que la exitosa Flex y que llevaba ya unos meses en EEUU. Pero problemas por algunas irritaciones en la piel de usuarios trastocaron esos planes y finalmente ese producto quedó cancelado definitivamente.

La Fitbit Charge que acaba de ponerse a la venta en España, es la heredera en toda regla de aquel modelo en el que lo más destacado era la inclusión de una pantalla OLED. Y en Xataka ya la hemos probado a fondo, ¿quieres conocer qué nos ha parecido?

Esperábamos que Fitbit moviera fila ante la avalancha de pulseras cuantificadoras que han llegado en este 2014 (y las que quedan) y no solo nos ha dado un nuevo modelo, la Charge que acaba de llegar a los mercados, sino que para 2015 tiene preparadas dos nuevas pulseras que son todavía más completas y consiguen buena parte de las mejoras que le pedíamos a la compañía.

El modelo Charge, como decíamos, es casi clavado al Force que se retiró, pero con otros materiales que deben haber solucionado cualquier posible problema de alergia.

A continuación las principales especificaciones del Fitbit Charge:

  • Pantalla OLED
  • Resistente al agua hasta 1 Atm (10 metros de profundidad)
  • Bluetooth 4.0
  • Altímetro
  • Dos tamaños y varios colores a elegir
  • Peso de 23 gramos

Fitbit Charge: muy cómoda y por fin con pantalla

Por mucha funcionalidad que queramos que lleve, un cuantificador al final debe ser ante todo cómodo de llevar puesto. O mejor, invisible. Y el Fitbit Charge lo logra. No pesa nada (poco más de 20 gramos), y su material elastómero de la correa lo hace muy agradable en la muñeca.

La parte en la que va situada la pantalla es rígida, pero en ningún momento molesta y en términos globales, es una de las pulseras que menos vas a notar que llevas puesta.

El acabado es de un material elastómero flexible (en palabra de la propia Fitbit), solo trastocado por el cierre en acero que resulta muy fiable pero que cuesta especialmente de colocar las primeras veces y hay que asegurarse que efectivamente hemos cerrado "hasta el fondo" los dos cierres. Un vez hecho, no debes tener ningún miedo porque al quitarte una chaqueta o prenda, la pulsera pueda soltarse y perderse.

Uno de los principales objetivos de un cuantificador es que sea cómodo de llevar o mejor, que no nos acordemos de que lo llevamos. El Fitbit Charge lo consigue

El diseño de la pulsera es a base de un patrón en diagonal y con relieve que en un primer momento nos pareció que sería problemático con la suciedad, pero finalmente nos ha convencido completamente.

Como conexiones solo encontramos el botón para activar la pantalla y el cronómetro (más adelante os cuento para qué se usa), y en a parte inferior, las conexiones para el cable de carga, que cómo no, es propietario.

La gran novedad de la Fitbit Charge respecto a la Flex es la pantalla. Es una OLED en la que podemos ver datos relacionados con los pasos dados, calorías quemadas, pisos subidos y por supuesto la hora. Pero no es una pantalla que nos esté dando continuamente la información ni tan siquiera por un movimiento de muñeca; sólo se enciende cuando pulsamos el botón correspondiente (o dos toques en la pantalla si lo tenemos así configurado), lo que por un lado ayuda a reducir consumo, pero también es un inconveniente para usar el Fitbit Charge como reloj.

La pantalla se ve perfectamente en interiores y también en exteriores. En ella podemos personalizar los datos que se muestran y muy ligeramente el formato de la fecha. Pero poco más.

Bueno, sí que hay algo más para la pantalla del Fitbit Charge. La compañía ha llevado a este modelo una larga promesa: notificaciones. Pero no pienses ni mucho menos en un smartwatch porque quedarías decepcionado. Ni la pantalla da para tanto ni es el objetivo de este dispositivo.

Así que las notificaciones de llamadas entrantes cuando la pulsera está sincronizada con un smartphone vía bluetooth nos parece un acierto y más que suficiente para un dispositivo de este tipo. Cuando se recibe una llamada - y esa opción está activada, pues podemos pasar de ella - la pulsera vibrará y en su pantalla monocroma OLED se mostrará el número de teléfono o el nombre de quien nos está llamando.

En este funcionamiento solo nos cabe una queja: la vibración apenas se diferencia del aviso de que hemos llegado a nuestra meta del día. En el caso de una llamada entrante, la pulsera vibra una vez y luego ya podemos mirar la pantalla para comprobar el nombre o teléfono de quien nos llama. En el caso del aviso por haber alcanzado la meta de pasos fijada para cada día, tras la primera vibración le sigue otra larga, pero en nuestra experiencia, cuando esto ocurría, la primera reacción era mirar rápidamente la pantalla para ver si teníamos una llamada entrante.

Batería, su gran baza

La resistencia al agua ha sido mejorada en la Fitbit Charge. Al contrario que las anteriores pulseras y dispositivos de la compañía, y también de bastantes modelos de la competencia, este nuevo modelo aguantaría sobre el papel ser sumergida hasta 10 metros, lo que dejaría usarla en la ducha y piscina. Pero Fitbit advierte curiosamente en su web que no aconseja llevarla precisamente en la ducha o nadando.

En nuestro caso, nos hemos duchado y usando en piscina sin problema. Habrá que ver si, como me ocurrió con la Force que probé durante unos meses, un uso intensivo bajo al agua no acaba por empañar la pantalla por dentro.

Respecto a la batería, siempre ha sido un punto muy potente en los dispositivos de Fitbit. En esta Charge el fabricante se moja anunciando 7 días, y ciertamente hemos estado muy cerca. Dependerá de lo que abuses de las alarmas por vibración, aspecto que creemos que es el que más penaliza la autonomía de esta pulsera.

En las dos semanas que he estado usando la Fitbit Charge de forma continuada, siempre sincronizada vía bluetooth por mi smartphone, y con una alarma por vibración al día, solo la he tenido que cargar en dos ocasiones. Tras la primera carga completa, la Fitbit Charge aguantó cinco días y medio sin dar la señal de batería baja en la pantalla.

Seguramente si hubiéramos limitado la sincronización a modo manual, no hubiéramos tenido problemas para alcanzar los siete días citados por Fitbit. Pese a todo, esos 5-6 días nos parecen una cifra más que destacable.

Otra buena noticia es que la carga se realiza en poco más de una hora, pero el cable es propietario, nada de microUSB, conexión que por otro lado nos hubiera dejado sin resistencia al agua o habría que habido ponerle una tapa protectora que en estos tamaños es muy poco viable.

Medición automática del sueño, el gran avance de Fitbit

Si algo me encandiló de la Sony Smartband, tras haber probado la práctica totalidad de pulseras cuantificadoras del mercado, fue su detección automática del sueño. Esa funcionalidad que a mi me es muy valiosa, pierde casi todo el interés si hay que estar marcando tanto el momento de acostarnos como el de levantarnos.

La Fitbit Charge adopta esta funcionalidad, la cual nos ha funcionado de cine. La precisión con la que la Charge marcaba la hora de irnos a la cama y la de levantarse me ha dejado impresionado. Impecable.

Esta exactitud nos sirve para llevar un registro detallado de las horas de sueño, pero la cuantificación que hace el algoritmo de Fitbit queda lejos del detalle que da un rival directo como es Jawbone. En ese terreno los ingenieros de Fitbit tienen todavía trabajo por delante en el análisis del sueño.

La fiabilidad de los datos que recopila la Fitbit Charge es bastante aceptable. Comparando con modelos anteriores de la compañía, las diferencias no son significativas. También hemos comparado los datos de pasos y distancia con un modelo que permite la calibración, como la Jawbone Up24, y la Fitbit Charge nos otorgaba de media entre un 10 y un 15% más de pasos.

Lo que sí que nos parece que es todo un acierto es mantener el altímetro entre los sensores. De esta manera la aplicación registrará las plantas subidas, y nos parece una manera fantástica de motivarnos a no usar el ascensor.

Por último, Fitbit todavía no ha ajustado sus algoritmos para que los sensores de la pulsera Charge sean capaces de determinar las actividades deportivas que hacemos en cada momento. Por ahora la única posibilidad de marcarlas en nuestra historia es introducirlas a mano o activar el cronómetro y posteriormente acordarnos de registrar ese periodo en la aplicación o el panel web.

Desafíos y comunidad, la gran ventaja de Fitbit

Si lo que uno busca cuando compra una pulsera cuantificadora es motivación para ser más activo, la comunidad es una variable que debe considerar en uno de los primeros puestos de la lista de exigencias para el modelo a comprar. Y ahí Fitbit está a la cabeza.

Su aplicación es muy completa, el panel web nos parece fantástico como ya vimos cuando probamos la Flex, pero lo mejor es que tanto en EEUU como en España, la comunidad es bastante amplia.

Si la clasificación general con nuestros contactos ya nos parecía un acierto, pudiendo enviar mensajes, burlarnos o animar de forma sencilla, la introducción de los desafíos nos parece todo un acierto. Lo han hecho sencillo y muy potente, pues hay diferentes tipos donde elegir .

Iniciar uno es tan sencillo como escogerlo e invitar a los contactos con los que queremos. Luego, los datos y la clasificación se van actualizando continuamente y es toda una motivación extra, especialmente cuando aceptas notificaciones y se te informa de cuándo un rival te ha adelantado o cumplido su objetivo.

Fitbit Charge, la opinión de Xataka

Fitbit ha vuelto al mercado con un nuevo modelo de pulsera que lo coloca de golpe en el lugar donde lo dejó: uno de los modelos de referencia. En los escaparates es una de las que es más fácil encontrar, y la comunidad le ayuda a darse a conocer.

Batería, pantalla, factor de forma o la detección automática de sueño hacen de la Fitbit Force un modelo de referencia entre los cuantificadores personales básicos. Eso sí, el precio está ligeramente por encima de otras soluciones que no llegan a ser tan completas como la Charge. Pero tiene un rival peor en casa.

En unas semanas debería llegar al mercado la Fitbit Charge HR, que por muy poco más, promete dar una experiencia más completa y fiable de cuantificación gracias a su monitorización continua del pulso. La duda está pues en si esperar o no.

La pulsera ha sido cedida para la prueba por parte de Fitbit. Puedes consultar nuestra política de relaciones con empresas

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