¿Somos lo que hacemos en las redes sociales?

El gobierno de los Estados Unidos anunciaba estos días que valorando la posible implantación de una nueva medida para monitorizar la entrada al país: en las aduanas de dicho país podrían pedirnos nuestros perfiles en redes sociales para analizar si nuestra actividad en ellos es sospechosa.

Esta decisión contrasta con otras en las que nos damos cuenta de que las redes sociales cada vez son más relevantes para analizar el comportamiento de una persona de forma pública. Los buscadores de talentos profesionales combinan LinkedIn con esa monitorización de nuestras redes sociales: cada vez más ocurre que somos (o parecemos ser) lo que hacemos en redes sociales.

Redes sociales como espías de nuestra vida

La medida propuesta por los responsables de aduanas de los EE.UU. parece cuestionable teniendo en cuenta que muchos de los usuarios de redes sociales utilizan esos servicios por el anonimato que les proporcionan. La medida sería aplicable a los que extranjeros con el objetivo de detectar "posible actividad y conexiones perversas".

Ofrecer esa información sería opcional en la propuesta del Departamento de Seguridad Nacional, pero es además un tipo de pregunta que sigue otras líneas de interrogatorio en las que en la aduana de los Estados Unidos se cuestionan los motivos del viaje y nuestro pasado de una forma que suele chocar a los viajeros.

La medida puede haber sido propuesta tras los atentados de San Bernardino: uno de los responsables, Tashfeen Malik, superó todas las revisiones que se hicieron sobre él a pesar de que en las redes sociales quedaba claro que apoyaba la yihad, aunque esos mensajes se publicaron bajo pseudónimo.

Que viva la selección de personal social

El impacto de las redes sociales en nuestras vidas es mucho mayor de lo que pensamos, y hace tiempo que nuestra actividad en Facebook, Twitter o Instagram sirve como complemento a nuestro perfil profesional en LinkedIn. Según una encuesta realizada a finales de 2015 en Estados Unidos, el 92% de los que realizan procesos de selección hacen uso de las redes sociales para encontrar candidatos relevantes.

La relevancia de esos perfiles sociales y de esa actividad ha hecho que aparezca un término específico para agrupar todas esas actividades que forman ahora parte del llamado "social recruiting" o "selección de personal social". Como indican en Wikipedia, esta disciplina está en el cruce entre las tareas habituales de recursos humanos y las redes sociales.

Uno no debería publicar en una red social nada que no quisiera ver en la primera plana de un periódico

Eso ha hecho que muchos conviertan su actividad en redes sociales en una forma más de vender su currículum vitae. Cuidan sus perfiles y su actividad para que precisamente esa faceta de su presencia en internet sirva para que en posibles procesos de selección todo forme parte de un paquete que hace que nuestra experiencia, trayectoria o estudios no sean ya necesariamente los aspectos claves de la selección.

Anonimato y el "cuidado con lo que haces"

Esa exposición a la que nos vemos sometidos como parte de nuestra actividad en redes sociales hace que todos los que usan estos servicios deban tener mucho cuidado con lo que hacen y publican en ellas.

Se suele decir cada vez más que uno no debería publicar en una red social nada que no quisiera ver en la primera plana de un periódico de tirada nacional (o expuesto en un museo, o comentado en el telediario).

Ese uso con sentido común de las redes sociales parece antinatural, sobre todo porque servicios como Facebook, Twitter o Instagram invitan al comentario o publicación en caliente. Eso puede salir muy caro, como han averiguado sobre todo personas famosas y empresas que han recibidio una avalancha de comentarios como respuesta a ciertas reacciones desafortunadas.

Esas son razones de peso para aprovechar otra de las ventajas de estos servicios: el anonimato. Muchos usuarios protegen su identidad por diversos motivos en esas redes o disponen de varios perfiles, algunos privados y otros públicos, y los combinan para evitar problemas de cara al futuro. Es precisamente ese anonimato lo que condiciona ideas como la del Gobierno de los Estados Unidos: ¿cómo obligar a alguien a confesar cuál es su usuario privado de Twitter o Facebook cuando pasa por la aduana? Imposible, nos tememos.

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