El lanzamiento de OpenClaw marcó una nueva en la carrera de la IA, una en la que la IA agéntica se ocupa de tareas complejas en las que hasta hace poco fallaba estrepitosamente. A pesar de que el salto cualitativo es innegable, dar el control total de un negocio a un agente IA no siempre sale bien. Es justo lo que ha hecho la startup Andon Labs: poner a un agente IA a regentar una cafetería en Suecia. Los resultados han sido interesantes.
Mona. Es el nombre del agente que se encargó de todo el proceso. Está basado en Google Gemini y se le dieron una misión clara: poner en marcha y gestionar una cafetería, consiguiendo que fuera rentable. Para ello se le dio un presupuesto de 21.000 dólares. Andon Labs ya realizó un experimento similar en el pasado en el que puso a Claude a gestionar una máquina expendedora en una oficina, con resultados bastante desastrosos. Veamos cómo lo ha hecho Mona.
Montando el negocio. El agente demostró ser bastante competente en la fase de organización inicial; Mona dio de alta contratos de luz e internet, consiguió los permisos para montar una terraza y contactó con proveedores de pan y bollería. Durante el proceso, el agente se topó con BankID (el sistema de identificación electrónica de Suecia), por lo que optó por contratar con compañías de luz e internet que no pedían ese requisito. Para otras cosas, como el permiso de apertura, tuvo que pedir a los humanos que iniciaran sesión para poder seguir.
Mona también intentó conseguir licencia de venta de alcohol, para lo cual se hizo pasar por un empleado de Andon Labs argumentando que era más probable que atendieran peticiones humanas sobre las de una IA. Los investigadores le pidieron que no usara otras identidades y aceptó, pero poco después envió otro correo usando el nombre de otro empleado.
Contratando empleados. El agente podía gestionar un negocio, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba humanos que sirvieran los clafés. Para ello publicó ofertas de empleo para baristas en LinkedIn y revisó los currículums que le enviaron. El agente seleccionó los mejores candidatos, rechazando aquellos que tenían poca experiencia, y los invitó a una entrevista presencial. Cuando se dio cuenta de que eso no era posible, sugirió una entrevista telefónica.
Finalmente contrató dos baristas, con quienes se comunica a través de Slack, como si fuera una especie de jefa en remoto. Aquí llegó el primer problema: un agente IA no duerme nunca y a veces les mandaba mensajes pasada la medianoche. También les pedía cosas como que usaran su tarjeta de crédito personal para pagar pedidos. Eso sí, les motiva muchísimo diciendo cosas como que son "absolutas leyendas".
El inventario. Con el café ya montado, Mona empezó a gestiionar el día a día del negocio y es cuando empezó a tomar decisiones bastante raras. Su gestión del inventario es lamentable: hay días que pide demasiado pan y otros que directamente no pide nada, lo que obliga a retirar ciertos ítems del menú, y además pide cuando se le ocurre, sin tener en cuenta plazos o gastos de envío. También pidió 120 huevos a pesar de que no hay cocina y, para evitar que los tomates se echaran a perder, pidió 22kg de tomate enlatado. Hay más, Mona pidió cosas como bolsas de basura industriales, 6.000 servilletas y 3.000 guantes de nitrilo, cantidades muy por encima de lo que necesita una cafetería.
Las cuentas. Como decíamos, Mona tenía la misión de hacer que la cafetería fuera rentable, veamos si lo ha conseguido. La cafetería abrió a mediados de abril y ya ha facturado 5.700 dólares, el problema es que está quemando el presupuesto de forma imparable. De los 21.000 dólares que tenía al empezar, ya ha gastado 16.000, es decir, que sólo le quedan 5.000 dólares. Quemando dinero a ese ritmo, el negocio se dirige inexorablemente a la quiebra.
Los jefes del futuro. A pesar del descontrol pidiendo miles de guantes o tomate, Mona ha demostrado ser bastante capaz de realizar tareas de gestión, especialmente si lo comparamos con el anterior experimento de la misma startup. Mona ha montado un negocio físico, ha contratado personal y ha atraído clientela. En declaraciones a Associated Press, el barista Kajetan Grzelczak comenta que "los trabajadores estamos a salvo. Quienes deberían preocuparse por su empleo son los jefes intermedios, la gente que ocupa puestos de dirección".
Imagen | Xataka con Gemini
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