Un chatbot llamado Rachel con acento norirlandés, el fin de semana de San Patricio y más de 3.000 llamadas
Qué rica esa cervecita que te tomas nada más salir del trabajo o después de un pádel y qué rabia cuando te encuentras que han subido el precio. Matt Cortland pagó 7,80 euros por una pinta de Guinness en Dublín en marzo de 2026 y no le gustó ni un pelo (el precio, no la cerveza).
Así que en lugar de soltarle una puya al camarero o poner una reseña en Google quejándose como hacemos algunas personas, adoptó otra estrategia ligeramente más laboriosa pero mucho más efectiva (a juzgar por sus resultados): un completísimo índice de precios donde saber dónde beberte la mejor y a qué precio. Porque la venganza, como la cerveza, se sirve fría.
El proyecto. Se llama Guinndex y es independiente a la famosísima marca de cerveza irlandesa. Entras a la web, metes en el cajetín un pub, una ciudad, un condado o un código postal y te devuelve tabernas y el coste de la pinta, además de información útil como su ubicación o su puntuación. O haces zoom en el mapa para ver con un mapa de colores a lo semáforo qué tabernas tienen la pinta más barata que otra. Una buena forma de ahorrar si viajas a Irlanda y te apetece tomarte una pinta de Guinness.
De hecho, tiene rankings de lo más variopintos que van desde cuánto tiempo cuesta ganar una pinta (en función del sueldo) a pubs con nombres de animales o los mejores nombres de pubs (alabado sea el "Hairy Lemon"). Hoy acumula casi 6.500 pubs registrados en los 32 condados del país y casi 1.300 precios verificados y subiendo gracias a contribuciones anónimas de usuarios y usuarias.
Por qué es importante. Porque la Oficina Central de Estadística de Irlanda dejó de rastrear el precio de la pinta desde 2011, dejando un vacío de datos de más de una década en un país donde la Guinness es mucho más que una cerveza. Y aunque en Irlanda la Guinness es casi una religión, es idéntico en cualquier parte: nadie sabe con certeza si te están cobrando de más respecto al precio estándar ni cuánto de más. El Guinndex llena ese vacío con datos reales y verificados, no con estimaciones. Además lo hace de forma pública y gratis, de modo que permite obtener una referencia objetiva para que los consumidores dispongan de información y puedan presionar sobre los precios. Es el mercado, amiga.
Por otro lado y dejando al lado la anécdota de encontrar dónde beber más barato, es relevante lo que demuestra: que el coste de llevar a cabo una idea compleja se ha desplomado y agilizado tanto que un único dev es capaz de montar un proyecto de esta envergadura en apenas 48 horas cuando antes hacían falta semanas de trabajo, cierto presupuesto y un equipo.
Contexto. A Matt Cortland le gusta la IA, los datos y la Guinnes, como reconoce él mismo en la web del proyecto. Es un ingeniero estadounidense afincado en Londres con fuertes vínculos con Irlanda: su pareja es irlandesa, vivió y se formó allí con la beca George Mitchell y cursó el máster Creative Digital Media por la TU Dublin. No es un mero turista al que intentan timar.
El proyecto llegó en un momento crítico: Diageo, la empresa propietaria de Guinness, había aplicado varias subidas de precio seguidas y algunos pubs habían aprovechado la oportunidad para inflar márgenes. Si te descuidas, puedes pagar hasta 11 euros por una pinta, aunque el precio medio en Dublín es de 6,94 euros y de 6,06 en todo el país.
Cómo lo ha hecho. Con una agente de IA llamada Rachel que pareciera humana, entendiera el humor irlandés y tuviera acento norirlandés (tras varias pruebas, concluyó que era lo que mejor funcionaba), como cuenta su autor. La tarea era sencilla y rápida: llamar, preguntar el precio de una pinta de Guinness, dar las gracias y colgar. Poca gente descubrió que se trataba de un chatbot y hubo respuestas de todo tipo, hasta camareros que se ofrecieron a invitarle a una ronda.
Durante el fin de semana de San Patricio llamó a 3.000 pubs, atendió más 2.000 llamadas y más de mil pubs facilitaron un precio: ya tenía la base de Guinndex. El stack técnico era sota, caballo y rey: la API de Google Maps, ElevenLabs para la voz y la lógica del agente, Twilio para realizar las llamadas telefónicas y Claude para extraer los precios de Guinness de las transcripciones. Explica Cortland que lo que más le costó fue tiempo, ya que apenas invirtió unos 200 euros.
Las consecuencias. El impacto más inmediato es conductual: cuenta Cortland que el dueño de un pub bajó el precio de su Guinness en 0,40 euros y luego actualizó él mismo la información en el Guinndex. Cuando hay transparencia de precios y está al alcance de todo el mundo, es capaz de cambiar comportamientos. Sin embargo, la mayor consecuencia es el momento tecnológico en el que vivimos: bastan tres APIs, 200 euros y un fin de semana para construir un proyecto desde cero, con una utilidad real y que ya está cambiando precios. El cuello de botella ya no es el dinero ni la infraestructura: es saber qué problema merece la pena resolver.
Portada | Guinndex y Christopher Zapf
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