Larry Ellison, fundador de Oracle: "Los ciudadanos se portarán bien porque estamos grabando y documentando todo lo que ocurre"

Larry Ellison
  • Aquello no fue una predicción al aire, fue una advertencia de lo que estaba por venir

  • En EEUU, la fusión entre estado y empresas tecnológicas es una realidad

Amparo Babiloni

Editora Senior - Tech

"Los ciudadanos se portarán bien porque estamos grabando y documentando constantemente todo lo que ocurre". Parece una frase sacada de 1984 de George Orwell, pero la dijo Larry Ellison durante una reunión financiera de Oracle. Hace dos años desde que pronunció aquellas palabras y hoy podemos decir que esta  inquietante visión está más cerca que nunca de ser una realidad. 

El ciudadano hipervigilado. En septiembre de 2024, Ellison proyectaba un futuro en el que la vigilancia masiva provocaría que todos nos comportáramos de forma cívica. El fundador de Oracle hablaba de cámaras en todas partes y una IA que procesaría todo para, llegado el caso "reportar el problema a quien corresponda. Ya sea el sheriff, el jefe o quien tenga que controlar la situación". En definitiva, un contexto de hipervigilancia en el que cualquier infracción quedaría registrada y tendría consecuencias. Esto, que suena a escenario de ciencia ficción, se ha ido integrando de forma silenciosa en la realidad de muchos ciudadanos, y no hablamos del crédito social de China, sino de Occidente, especialmente de Estados Unidos.

La fusión Estado-Tecnológicas. Históricamente, las tareas de vigilancia, seguridad y control fronterizo recaían en las propias instituciones públicas. Sin embargo, el gobierno estadounidense ha ido delegando progresivamente estas tareas críticas de seguridad en corporaciones tecnológicas. Paralelamente, la militarización de Silicon Valley es una realidad: han nombrado tenientes coroneles a ejecutivos de OpenAI y Palantir y las grandes tecnológicas ya no prohíben el uso militar de sus IA. 

El gobierno busca la eficiencia tecnológica, pero a la vez está cediendo un poder enorme a empresas privadas, con el riesgo que supone anteponer intereses comerciales sobre cuestiones como la transparencia o el escrutinio democrático. La privatización del aparato de seguridad estadounidense ya se ha materializado en diversos frentes. 

Objetivo: deportaciones. Una de las áreas en las que más se está recurriendo  a la tecnología es el control fronterizo y la identificación de inmigrantes sin papeles. A principios de 2025, el New York Times contaba que el ICE y USCIS (la agencia encargada de procesar las solicitudes de inmigración) habían gastado 7.800 millones de dólares en tecnologías. Muchos de estos contratos se firmaron bajo el mandato de Biden, pero con Trump se ha llevado a un nivel aún más extremo. 

Entre este arsenal destacan sistemas como ELITE, creado por Palantir, que funciona como un "Google Maps" para localizar posibles objetivos de deportación, o la aplicación Mobile Fortify, utilizada por los agentes para escanear rostros y comprobar el estatus legal en tiempo real. La persecución se complementa con herramientas forenses como Cellebrite para desbloquear y extraer datos borrados de teléfonos móviles, pruebas rápidas de ADN y el lucrativo negocio de la operadora de prisiones Geo Group, que obliga a cientos de miles de inmigrantes a usar tobilleras GPS y la app SmartLink para validar su ubicación con selfies diarios. 

No sólo inmigrantes. Lo alarmante de esta infraestructura es cómo se alimentan estas herramientas. Para esquivar la obligación de las órdenes judiciales, el gobierno compra directamente la  información a brokers de datos privados como LexisNexis y Thomson Reuters, lo que significa que tienen datos de toda la ciudadanía, no sólo de inmigrantes en situación irregular. Durante las protestas de Minneapolis, donde se produjo el asesinato de Alex Pretti, el ICE usó ese mismo software de reconocimiento facial  contra ciudadanos estadounidenses que participaron en las protestas. Lo que fue construido para las deportaciones se está convirtiendo en un sistema de vigilancia masiva para toda la población. Larry Ellison no iba nada desencaminado. 

La trampa de la comodidad de los datos. Hemos aceptado términos y condiciones sin leerlos, instalado apps, cookies de terceros, compartimos nuestra vida en redes sociales... Mientras entregábamos nuestra privacidad por pura conveniencia, pensando que lo peor que podía pasar es que nos sirvieran anuncios personalizados, estábamos alimentando una maquinaria mucho más turbia. Hay herramientas como Clearview AI que se alimentan directamente de  los millones de fotos que subimos a las redes sociales, o Locate X que aprovecha apps que recopilan nuestra ubicación para  saber dónde estamos. Los servicios prometían mantenernos conectados son también los que nos tienen vigilados. 

La ideología detrás del código. Los líderes de las empresas que crean estas herramientas promueven una visión tecno-utópica que rápidamente deriva en tecno-autoritarismo. El ejemplo más evidente lo tenemos con Peter Thiel, fundador de Palantir, que dijo abiertamente "No creo que la libertad y la democracia sean compatibles". Alex Karp, el actual CEO de la empresa, publicó hace poco un manifiesto de 22 puntos lleno de ideas nacionalistas y militarizadas. 

Otro defensor de esta ideología es el inversor Marc Andreessen, que publicó su "manifiesto tecno-optimista" en el que proclama que la tecnología solucionará todos los problemas humanos mientras afirma que la ética, la precaución y el escrutinio democrático son obstáculos al progreso. También lo vemos en Elon Musk y su visión aceleracionista, que viene a decir que la tecnología debe avanzar sin límites éticos ni restricciones democráticas, porque la IA es la única herramienta capaz de resolver los grandes problemas de la humanidad. En este contexto, la frase de Larry Ellison no era una predicción al aire, era una advertencia y toda una declaración de intenciones de una élite con una agenda muy clara. 

Imagen | Oracle PR, Flickr

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