De Londres en 1941 a Járkov en 2022: Europa ha vuelto a refugiarse de los bombardeos ochenta años después

Cambian las formas, se mantiene el fondo. Cuando a comienzos de la década de 1940 la aviación nazi se dedicó a bombardear Reino Unido de forma pertinaz y sistemática, un ataque que se cebó en especial con Londres, los ciudadanos se lanzaron a la búsqueda de refugios bajo tierra. Por obra y gracia del Blitz —el apodo que dio la prensa a la campaña orquestada por Hitler—, las galerías que hasta entonces habían ayudado a comunicar la ciudad por metro se convirtieron en bunkers.

Allí, bajo tierra, el aullido de las sirenas y el estruendo de las bombas se llevaba mejor.

No fueron los únicos en buscar refugio bajo el asfalto y las aceras, a metros de profundidad. Para guarecerse de los bombardeos que sufrió la ciudad durante la Guerra Civil, los vecinos de Madrid se lanzaron también al suburbano. Además de ofrecer un techo resistente a cientos de personas, sus galerías se convirtieron en un improvisado almacén y factoría de armamento para la república.

De lo que sucedió en Londres y Madrid a lo largo de la primera mitad del siglo XX tenemos un recuerdo claro, aunque no lo hayamos vivido, gracias a las crónicas y las instantáneas captadas por fotógrafos como Bill Brandt, George Rodge, Alfonso o Juan Pando. Casi nueve décadas después del primer bombardeo de Madrid, volvemos a ver imágenes de familias atrincheradas en los túneles del metro. El escenario, en este caso, es Ucrania; los explosivos que sacuden a la población, rusos.

El metro de Londres sirvió de refugio para los bombardeos de Alemania. Imagen: Imperial War Museum

Quitando el escenario, la resolución, el color o las prendas de quienes duermen entre bancos, apoyados en columnas o las bóvedas de los andenes, los retratos son básicamente los mismos. Décadas después, los ucranianos han acudido a los subterráneos para protegerse ante el miedo —explican a El País— a posibles ataques rusos y las propias deflagraciones.

No cambia el fondo. La forma, sí. Aunque sigue habiendo Brandts, Rodges y Pandos, los móviles y las redes logran lo inimaginable hace un siglo: hoy son las propias víctimas las que sacan las fotos y las que las comparten con el resto del mundo, generando un relato vivo al que Europa, que no sufría un ataque semejante en su propio suelo desde la Segunda Guerra Mundial, parecía inalcanzable hasta ahora. Bombas y soldados aquí al lado, a cuatro horas en avión de Madrid.

Parte de las imágenes llegan de la estación de ferrocarril de Jàrkov, la segunda mayor ciudad de Ucrania, situada en el noroeste del país, muy cerca de la frontera con Rusia. Tras la primera jornada de ataques, durante la que la población pudo sentir las explosiones en sus hogares, en las redes se han compartido imágenes de gente refugiada. El Este del país ha sido de hecho el objetivo inicial de las tropas rusas. Durante la primera noche —detalla El Mundo— los bombardeos se pudieron sentir en Chuguev, a 30 kilómetros de Jàrkov, donde se suceden las explosiones.

Instantáneas llegan también desde Kiev, donde los vecinos se han enfrentado a explosiones y viven con las sirenas que advierten de ataques. La similitud entre las estampas que se pueden ver en su metro y las del Blitz no ha pasado inadvertida a los usuarios de las redes, que no han tardado en hacer comparaciones en las redes. En previsión de lo que pueda pasar o cuánto se pueda prolongar la situación, algunos vecinos han acudido a refugiarse al suburbano o los sótanos de edificios con sus macotas, mochilas, maletas, sillas, sacos de dormir, provisiones y garrafas de agua.

Distinto contexto, mismas imágenes

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