El diseño de proa invertida de la nueva fragata de la marina francesa es un desafío a siglos de ingenería naval

Si cualquiera nos pide que dibujemos un barco, es bastante probable que hagamos el típico garabato en el que la línea de flotación del barco siempre es más corta que su cubierta. Eso es lo normal, claro. ¿Quién haría un barco al revés?

Pues los franceses han querido desafiar siglos de ingeniería naval, y lo han hecho con su nueva fragata militar de defensa e intervención, que se ha comenzado a fabricar en octubre de este año y que será sorprendente tanto en ese ámbito como en su apuesta tecnológica.

Una proa invertida que sorprende

El objetivo de esta fragata será buscar amenazas que planteen tanto otros barcos como submarinos e incluso aviones en lo que los militares llaman 'amenazas asimétricas': aquellas que plantean grupos terroristas, cárteles de la droga y piratas.

En Francia disfrutan de una zona marítima excepcionalmente vasta, y las cinco fragatas que se botarán entre 2023 y 2030 con este diseño servirán para defender a este país de estas amenazas, pudiendo defenderse con misiles diseñados para hundir otros barcos, con otros diseñados para derribar aviones, con torpedos ligeros y también con otros tipos de armamento.

Lo más llamativo de esta fragata es su diseño de proa invertida, que es precisamente lo opuesto a las naves convencionales que usan el paradigma del arco normal.

Las ventajas de este diseño son diversas, y por ejemplo ayuda a reducir la señal que la nave deja en el radar e incluso el rastro que deja al surcar los mares. También ayuda a alcanzar velocidades de 27 nudos (50 km/h), una verdadera maravilla para barcos que como este son enormes (120 metros de eslora) y pesados (4.960 toneladas).

Estas fagatas pueden recorrer 5.000 millas náuticas (10.650 km) sin repostar, aunque la limitación más relevante está en los 45 días que puede surcar los mares hasta que se acaben sus depósitos de comida y bebida para la tripulación de 150 personas para la que está diseñada.

Este diseño no es en absoluto nuevo, y se usó con cierta frecuencia en los siglos XIX y XX. De hecho es también el que utilizan los destructores estadounidenses de clase Zumwalt, también singulares por su diseño. Aún así, todas las naves que utilizan este tipo de diseño cuentan con la desventaja de "empujar" al barco por debajo de las olas en lugar de "montarlas".

Eso provoca que las cubiertas estén constantemente mojadas y compromete diseños que tengan componentes electrónicos que se vean afectados por esta circunstancia, pero los ingenieros navales franceses han tenido buen cuidado de que eso no plantee problemas en estas fragatas, que tendrán todo el equipamiento delicado bajo cubierta, protegido de esas potenciales amenazas.

Llamadas móviles desde cualquier punto remoto

Una de las curiosidades de estas fragatas es que la marina francesa las ha preparado para atraer a militares que saben que van a pasar semanas e incluso meses sin poder estar con amigos y familiares.

Para tratar de aliviar ese problema uno de los requisitos del diseño se centró en proporcionar sistemas de comunicación que pudieran permitir a esos marineros estar en contacto con sus seres queridos prácticamente en cualquier momento y lugar.

Pierre Krotoff, responsable de marketing y comunicaciones navales en la empresa Thales, explicaba que "tenemos que tener en cuenta que los marineros que ocupen este barco en 2023 tienen ahora 16 años de edad, y los sistemas de comunicación que usarán deben ser intuitivos, familiares, sencillos de usar y al mismo tiempo protegidos ante ciberataques".

Para lograrlo Thales ha creado COMTICS, un sistema de comunicación orientado a que los marineros puedan usar sus smartphones casi como si estuvieran en tierra. Podrán usar voz y datos de forma normal —WhatsApp incluido— si la situación militar lo permite, y en todo momento las comunicaciones estarán protegidas ante ciberataques. La antena 4G instalada en el barco garantizará esa conexión continua a la red de voz y datos a todo el personal de la fragata.

La otra parte de ese sistema tecnológico es el radar de vigilancia y control llamado SeaFire. Con él no solo se puede detectar cualquier barco o avión en 300 millas a la redonda, sino que además proporciona la información necesaria al sistema de armamento para una posible acción ofensiva con ese objetivo.

El diseño de este sistema también es nuevo, y ya no tiene nada que ver con esas típicas medias cúpulas que hemos visto en otros barcos de guerra. En lugar de eso estas fragatas usan cuatro paneles planos gigantes que miden unos 4 metros cuadrados y que pesan 2,2 toneladas.

Aunque la tecnología de estos paneles no es nueva, su implementación sí lo es, porque cada uno de sus dipolos elementales -que son las unidades básicas de construcción los radares- se controlan de forma independiente por software. Si uno falla, el resto seguirán funcionando, y la unidad afectada puede sustituirse fácilmente.

Estos paneles también son más avanzados gracias a su cobertura de 360° que no se puede lograr con las medias cúpulas, pero además no cuentan con partes móviles, lo que los hace menos propensos a averías.

Y por si eso fuera poco, las fragatas contarán no solo con su armamento, sino con un dron naval de 680 kg —muy similar a los que pudimos ver en acción en Xataka— y un helicóptero de 12 toneladas capaz de desplegar fuerzas especiales allí donde sea necesario.

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