China necesitaba construir un garaje bajo cinco edificios históricos. Su solución: levantarlos y moverlos

A grandes problemas, grandes soluciones. Grandes y con su puntito surrealista, si de lo que hablamos es de China. Hace ya unos cuantos años los promotores del ambicioso proyecto de remodelación urbana de Ankangyuan, en el distrito de Jing´an, Shanghái, se encontraron con un contratiempo difícil de lidiar: cinco antiguas casas, edificadas a principios del siglo XX, que se alzaban allí donde se suponía que debía construirse un nuevo aparcamiento subterráneo.

Recurrir a la piqueta quedaba descartado. Las casas databan de los años 30 y forman parte del patrimonio protegido de la región, un vestigio de lo que en su día fue un antiguo barrio de callejones shikumen. Desmontarlas como un puzle y almacenar sus piezas de forma temporal, una opción más o menos frecuente con las edificaciones de piedra, tampoco parecía buena idea: además de tener casi 90 años de antigüedad, las viviendas se habían levantado en su día con ladrillo y madera.

Lo de replantear el proyecto también quedó descartado, claro.

Solución: levantar las cinco viviendas y llevarlas de forma temporal lejos de su parcela, a 230 metros, para luego reubicarlas en su lugar original. Todo de una pieza y sin causarles desperfectos. Igual que si tratase de un Lego. La operación —un alarde de ingeniería— acaba de concluir con éxito.

A grandes retos, grandes soluciones

Los trabajos arrancaron en realidad hace ya un par de años, en julio de 2020. Como explicaba entonces a Shine la compañía Shanghai Xian Wi Civil Engineering, primero los operarios excavaron y retiraron la grava y tierra situadas debajo de las edificaciones, formando en su lugar una enorme losa de hormigón. Luego reforzaron la estructura con acero y partieron cada base en dos: una mitad se dejó en la parcela; la otra se levantó con un potente sistema elevador con su casa encima.

Con las estructuras ya izadas quedaba el reto de moverlas. Para lograrlo los contratistas echaron mano de un transportador modular autopropulsado, pensado para grandes cargas, como tramos de puentes, y un sistema hidráulico que permite que la plataforma pueda subir y bajar sin grúas.

“Usamos tres de los transportadores para garantizar un viaje seguro y tranquilo. Un operaro con un panel de control manual en la parte delantera se encargaba de dirigirlos y también había más de diez trabajadores dentro del edificio, tanto arriba como abajo, para asegurarse de que no se produjeran daños durante el transporte”, señala Yang Jiangli, de la firma que se encargó de la operación.

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El dispositivo que utilizaron permite además que la carga se distribuya de forma uniforme y viaje con estabilidad incluso por terrenos con baches. Entre otras cosas, el sistema, que no precisa vías férreas, permite girar y reduce el efecto de una operación tan complicada sobre el tráfico.

La operación exigió cinco días. La última edificación se trasladó la friolera de 230 metros de distancia, lo que supera con creces otras operaciones similares que se habían completado antes en China, como la de la Sala de Conciertos de Shanghái, que se había movido 66,5 metros, o la de la Escuela Secundaria Minli, que se desplazó 57. ¿Fue aquel el último trámite? En absoluto. Quedaba aún la última fase, no menos delicada: devolver las edificaciones al lugar al que pertenecían.

La agencia Xinhua acaba de revelar que, una vez concluido el garaje subterráneo, los cinco edificios históricos han vuelto a reubicarse en sus lugares originales. Y como suele decir más una imagen que mil palabras, sobre todo si se trata de visualizar una operación de semejante calibre, ha colgado un vídeo de medio minuto en el que se puede apreciar parte del operativo, que duró 43 días. Ya se presenta como la maniobra re reubicación más ambiciosa hasta la fecha en Shanghái.

Ya en 2020 la compañía Shanghai Chaosheng Real Estate avanza que el objetivo último era recolocar los bloques en los lugares en los que llevaban 90 años, reparar las fachadas para que preserven su aspecto original, redecorar los interiores y comercializar las residencias.

Si es que, como dice el refranero español, querer es poder.

Sobre todo cuando se tiene la tecnología como aliada.

Imagen de portada: Xinhua

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