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Japón quería que sus carreteras no fueran solo un lugar de paso. Y pensaron en algo: máquinas expendedoras

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  • Las carreteras japonesas son el medio perfecto para atraer turismo nacional

  • La pasión por el automóvil y el motociclismo desborda cara rincón del país. 

Alberto de la Torre

Editor - Xataka Movilidad

Hay muchas, muchísimas cosas que le llaman a uno la atención cuando llega a Japón.

De primeras, se hace complicado comprender cómo ese país de tradiciones ancestrales y recogidos y silenciosos templos budistas o sintoistas que parecen estar por todas partes pueden mezclarse con el bullicio más hilarante de tiendas como el Don Quijote

Con el paso de los días, poco a poco, uno va asimilando lo que va viendo y se empieza a fijar en cuestiones igual de curiosas pero no tan llamativas. Cuando te quieres dar cuenta estás en el konbini de turno eligiendo cuál de los 12 tipos de café fríos y los ocho calientes te apetece más. O si te atreves con ese refresco de limón marcado por unos kanjis tan atractivos como amenazadores. 

Unos pocos días más tarde, estás recogiendo cualquiera de esos refrescos en mitad de una carretera, en un apartadero donde no hay nada...

Donde no hay nada salvo una máquina expendedora. Y entonces te preguntas: ¿pero qué hace esta máquina aquí?

La cultura de la máquina expendedora

Y es que en Japón hay algo tan omnipresente como los santuarios: las máquinas expendedoras

Los japoneses tienen pasión por las jidouhanbaiki o jihanki. Evidentemente, las más famosas y utilizadas son las que venden algo para beber pero las hay de todo tipo y para todo tipo de objetos. Mi compañero Javier Pastor señalaba ya en 2017 que se calculaban cinco millones de máquinas expendedoras repartidas por el país. Algunas con objetos tan extravagantes "como esta de bragas usadas o esta de cacas". 

Pero además de vender productos, estas máquinas expendedoras han encontrado otra función: la de fomentar el turismo nacional y de interior por carretera. El país lleva años luchando contra la despoblación rural y ha encontrado en las máquinas expendedoras todo un apoyo para que los viajeros opten por el coche y la moto en lugar del concurridísimo tren bala

La fórmula es tan sencilla como japonesa: conseguir que el viajero se encuentre cómodo. Con esa premisa, muchas máquinas expendedoras han ido aflorando por los apartaderos y las áreas de descanso del país. Una fórmula tremendamente simple para que el viajero se detenga y hasta se desvíe de su camino

Con una densidad de menos de 40 habitantes por cada máquina expendedora, esta opción no solo se ha convertido en una herramienta para auxiliar al viajero, ya es una atracción turística por sí misma. Y eso ha fomentado que aumente el número de personas que ven aquí un aliciente más para salir con su coche o su moto de fin de semana. 

Cuando el japonés tiene una obsesión es muy difícil que otro se ponga a su altura. Si hablamos de motociclismo y automovilismo, Japón es uno de los países con mayor cultura. De ahí que algunas carreteras se hayan convertido, sencillamente, en un pasatiempo. Uno donde el cliente paga simplemente por conducir pero al que se le han ido añadiendo algunos servicios auxiliares para mejorar la experiencia como las omnipresentes máquinas expendedoras

No es la única herramienta que han encontrado para fomentar este tipo de desplazamiento de puro ocio. Existen carreteras musicales donde el asfalto emite una melodía al paso del coche o de la moto, valiéndose de las rugosidades para crear partituras que el viajero toca al pasar por encima.

O las michi no eki, algo así como al evolución última del área de servicio donde la gasolinera tiene la obligación de contar con otro negocio o de ofrecer un producto local. Las hay que solo venden comida de la zona pero las hay que tienen hasta su propio museo de ciencias naturales. Una oportunidad perfecta para coleccionar sus sellos o billetes, otras de las atracciones turísticas de estos espacio.

Y es que Japón es un país obsesionado por el coleccionismo y por hacer que cualquiera se encuentre lo más cómodo posible. Y para eso las jidouhanbaiki son  perfectas.

Fotos | Xataka 

En Xataka | Japón busca a la persona que construyó una carretera en el lago más grande del país. No lleva a ninguna parte

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