
El país que inventó el dron ahora lo usa para multarte
China es la fábrica del mundo y dentro del país asiático hay una ciudad que sobresale en lo tecnológico: Shenzhen, el hogar de gigantes como Huawei, Tencent o DJI. Y Shenzhen vive en el futuro. Así, tiene robots absolutamente para (casi) todo: los hay llevando un hotel de cabo a rabo, también repartiendo paquetes y hasta pedidos de comida a domicilio en el metro. La ciudad del sudeste del país tiene el que probablemente sea el mejor metro del mundo, pero aún así no puede evitar los accidentes en una ciudad donde viven 17,5 millones de personas.
Así que su Policía de tráfico ha puesto en marcha un escuadrón de drones para evitar accidentes y están a años luz de los dispositivos de la DGT que operan en España: estos tienen altavoces e IA para evitar accidentes y amonestar a conductores sobre la marcha si es necesario.
Los drones de tráfico de Shenzhen. La flota de drones al servicio de la policía de tráfico de Shenzhen va cargadita hasta el sombrero de tecnología: implementan cámaras ópticas de alta definición, visión nocturna infrarroja y sistemas de identificación inteligente con IA, una combinación que les permite operar en todo tipo de condiciones de la vía por complejas que sean, monitorizando en tiempo real el flujo del tráfico, el estado de los vehículos, accidentes o comportamientos ilegales.
Ojo, el sistema va mucho más allá de la vigilancia pasiva. De hecho, en la ciudad china ya hay cámaras de vigilancia para recoger infracciones como quien va demasiado lento, pero los drones van un paso más allá: son capaces de interpelar a los conductores con los altavoces en caso de que sea necesario, por ejemplo quienes exceden la velocidad o los que no aminoran la marcha o no ceden el paso en los pasos de peatones.
Por qué es importante. Porque China tiene un serio y grave problema con el tráfico. Desde 2013 y gracias a las medidas de control implementadas consiguió reducir la mortalidad por accidentes de tráfico, pero seguía teniendo una asignatura pendiente: los cruces. Este estudio publicado en Nature recoge que en el país asiático hay entre 600 y 800 accidentes al año solo por infracciones de peatones en semáforos, lo que supone entre 200 y 300 personas muertas. China ha detectado que las intersecciones son un punto crítico, así que es justo ahí donde Shenzhen ha soltado a sus drones.
Además, ya sabemos que funcionan: este estudio demuestra que los conductores perciben los drones como un elemento disuasorio mucho más eficaz que los controles aéreos tradicionales, de modo que reducen los comportamientos de conducción de riesgo. Si sabes que hay un drone mirando, te lo piensas dos veces.
Contexto. En 2012 el gobierno chino designó a Shenzhen como ciudad inteligente piloto y desde entonces ha ido desplegando una potente infraestructura digital basada en datos que va desde la gestión del tráfico hasta los servicios públicos.
Shenzhen ha apostado por la digitalización y la IA para mejorar la gestión de la ciudad, pero también para hacer dinero: concretamente hasta 800.000 millones de yuanes (unos 112.000 millones de dólares) extra gracias a la inteligencia artificial antes de final de año, según Global Times. Ahí entran los drones de tráfico que empezaron a operar en verano de 2025, pero también su aplicación en sanidad, fabricación y finanzas.
En detalle. Los drones de tráfico de Shenzhen constituyen una robusta red de vigilancia continua y autónoma en ciertas áreas. Una vez detectan congestión, accidentes o comportamientos ilegales, el sistema activa inmediatamente un mecanismo de alerta inteligente y transmite la información vial al centro de mando de gestión del tráfico a través de la red inalámbrica.
Los drones se integran con otros sistemas de tráfico como las cámaras fijas o las patrullas de policía, combinando sus funciones para saber en todo momento qué está pasando en las carreteras y actuar. Para la reconstrucción de accidentes, la famosa marca de drones DJI tiene operativo desde 2021 un sistema de fotogrametría con drones capaz de generar modelos 2D y 3D del escenario en cuestión de minutos, sin tener que medir a mano ni poner en riesgo la vida de los agentes o de terceros durante la investigación.
Sí, pero. La implantación de esta red de drones vigilantes y amonestadores es una medida distópica e intrusiva: la seguridad vial y el control social se dan la mano, ya que pueden ver en todo momento y moverse según lo estimen pertinente, lo que constituye una amenaza a la privacidad tanto de quien está al volante como de personas que pasen por la calle o incluso que estén en su casa pero expuestas.
La ciencia también señala esos límites: un equipo de investigación de la Universidad de Zúrich advierte que si los drones policiales no se regulan bien, pueden dañar la confianza ciudadana en las instituciones y que para que sean aceptados como una herramienta legítima más es necesario garantizar transparencia y un uso justo.
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Portada | Policía de tráfico Shenzhen en WeChat vía ChinaDaily
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