Todas estas bacterias superchungas habitan en tu cuerpo (y no pasa nada)

Hay muchas bacterias de las que tenemos poco conocimiento y que, sin embargo, están en nuestro cuerpo, como H. pylori, una que puede provocar problemas gástricos, pero que la mayor parte de la gente tiene asintomáticamente. Sencillamente, se ha establecido entre ellas y nosotros una simbiosis mutualista, con la diferencia de que si el pacto se tuerce, nos pueden dañar o hasta matar.

La vida promedio de una bacteria es de unos 20 minutos. Durante esta existencia tan efímera, sin embargo, una bacteria es capaz de hacer muchas cosas. Bienvenidos al mundo de las bacterias oportunistas que están por ahí sin dar problema hasta que ven la oportunidad y te la lían.

Somos ellas más que nosotros

En primer lugar, debemos asumir que las bacterias forman parte de nosotros. De forma tan inextricable que resulta difícil decidir si somos más ellas que nosotros. Porque tenemos 25.000 genes contenidos en nuestras células, pero poseemos 20 veces más de genes no humanos procedentes de las bacterias. No en vano, en nuestro cuerpo hay tantas células humanas como células bacterianas. Según explica Ed Young, autor del libro Yo contengo multitudes:

Los seres humanos tenemos 1 célula de las bacterias por cada una de las nuestras, pero como ellas son significativamente más pequeñas, pesan menos. En total, los 39 billones calculados en las últimas estimaciones, equivalen a 1 ó 2 kilos a lo sumo.

Además, las bacterias son omnipresentes. Representan una de las formas de vida más antiguas, resistentes y extendidas de nuestro planeta, aunque apenas tienen cinco micrómetros de largo (cinco millonésimas partes de un metro). Para que os hagáis una idea de su presencia: en un simple grano de polvo podríamos encontrar diez mil bacterias.

Por esa razón, no son fáciles de erradicar. Forman parte inequívoca de nuestro organismo. De hecho, si las elimináramos, no podríamos sobrevivir, porque hay bacterias nocivas para la salud, pero muchas otras son beneficiosas. Por esa razón, ni siquiera después de una ducha o un baño podemos lograr eliminar las bacterias y el resto de microbios que anidan en nuestro cuerpo: de hecho, en realidad puede aumentar, porque la propia agua también transporta bacterias, como explica Bill Bryson en su libro El cuerpo humano. ¿Y los jabones antibacterianos? El problema de estos jabones es que matan las bacterias buenas de la piel, además de las malas. Y lo mismo ocurre con los desinfectantes para las manos.

Afortunadamente, gran parte de estas bacterias son beneficiosas. Del millón de microbios aproximadamente que se han identificado hasta la fecha, solo se sabe de 1.415 que causan enfermedades en humanos, y solo causan una tercera parte de todas las muertes en el mundo.

Infecciones oportunistas

Algunas de las infecciones que pueden producirnos las bacterias no son tanto por ellas como por un problema en nuestro sistema inmune. Es decir, que son bacterias que conviven pacíficamente con nosotros mientras tengamos un sistema inmune sano, pero que, en caso de que algo cambie esa situación, pueden atacarnos sin piedad. Es lo que se llaman "infecciones oportunistas". De alguna manera, la bacteria aprovecha la oportunidad, como si hubiéramos dejado la puerta de nuestra fortaleza abierta.

A continuación, algunas de esas bacterias oportunistas que parecen pacíficas hasta que se lo ponemos demasiado fácil:

  • Clostridioides difficile. Coloniza el intestino de una pequeña proporción de personas sanas (menor al 5 %). La enfermedad provocada por C. difficile generalmente se presenta después de usar antibióticos. Se transmite de persona a persona por la ruta fecal-oral.
C. difficile creciendo en una placa de agar sangre.

Algunas personas son portadoras de la bacteria C. difficile en los intestinos, pero nunca se enferman. Estos son portadores de la bacteria y pueden propagar infecciones. La edad avanzada es un factor de riesgo. En un estudio, el riesgo de infectarse con C. difficile fue 10 veces mayor para las personas de 65 años y mayores en comparación con personas más jóvenes. Para prevenir esta clase de infecciones, pues, lo habitual es recomendar el lavado de manos y evitar el uso de antibióticos cuando no sea estrictamente necesario.

  • Legionella pneumophila es una bacteria causante de la legionelosis o enfermedad del legionario. Es una bacteria acuática que prospera a temperaturas entre 25 °C y 45 °C. Algunos infectados pueden tener síntomas leves o no mostrar ni siquiera síntomas. Alrededor de un 5% a un 30% de las personas que sufren la legionelosis fallecen, especialmente si se han retrasado los tratamientos antibióticos.Se considera que de 8.000 a 18.000 personas sufren la legionelosis en Estados Unidos cada año.

  • Pseudomonas aeruginosa es una especie de bacterias aeróbicas, oportunista en humanos y también en plantas. P. aeruginosa es a menudo identificada, de modo preliminar, por su apariencia perlada y olor a uvas in vitro, y suele contraerse en entornos hospitalarios. Estas bacterias infectan la sangre, la piel, los huesos, los oídos, los ojos, el sistema urinario, las válvulas cardíacas y los pulmones, así como heridas (como quemaduras, lesiones o heridas quirúrgicas).

El uso de dispositivos médicos, como catéteres insertados en la vejiga o en una vena, tubos de respiración y ventiladores mecánicos, aumenta el riesgo de infecciones. A veces el origen de la bacteria es desconocido, como puede ocurrir en personas con muy pocos glóbulos blancos (leucocitos) en la sangre después del uso de quimioterapia para el tratamiento del cáncer.

  • Staphylococcus aureus es una bacteria anaerobia que, se estima, se encuentra en una de cada tres personas, aunque eso no signifique necesariamente que estén infectadas por ella. Generalmente no resulta dañino, pero es oportunista, y cuando el sistema inmunitario se debilita puede colarse y causar estragos.

En la actualidad, este microorganismo se encuentra como el principal causante de las infecciones nosocomiales, es decir, la contraída por pacientes ingresados en un recinto de atención a la salud. Esta situación se ve favorecida por el hecho de que esta especie habita tanto en las mucosas como en la piel de los seres humanos, lo que permite que a través de las heridas quirúrgicas pueda penetrar en el torrente sanguíneo del paciente por medio del contacto directo o indirecto con el personal sanitario, con un objeto contaminado o incluso con otro paciente.

Bacteria S. aureus escapando de la destrucción por leucocitos humanos.
  • Escherichia coli es una bacteria miembro de la familia de las enterobacterias y forma parte de la microbiota del tracto gastrointestinal. Su forma de reproducción y mutación es particularmente asombrosa. No en vano, puede reproducirse 72 veces en un solo día, lo que significa que en el plazo de tres días puede acumular tantas nuevas generaciones como hemos logrado nosotros en toda la historia humana. Theodor Escherich, descubridor de la Escherichia coli, dijo una vez: «Parecería un ejercicio inútil y dudoso examinar y explicar la presencia en apariencia fortuita de bacterias en heces normales y en el tracto intestinal, una situación que parece deberse a mil coincidencias».

  • Helicobacter pylori: A principios del siglo XX, Helicobacter pylori era el microbio dominante en el estómago de casi todas las personas. A principios del siglo XXI, menos del 6% de los niños en los Estados Unidos, Suecia y Alemania portaban el organismo. Hay varios factores en juego a propósito de este descenso, pero los antibióticos podrían ser los principales responsables.

Su erradicación puede afectar la regulación de dos hormonas producidas en el estómago e involucradas en el balance energético, la grelina y la leptina. Y como H. pylori ha desaparecido de los estómagos de las personas, ha habido un aumento en el reflujo gastroesofágico y sus problemas asociados, como el esófago de Barrett y el cáncer de esófago. Las personas sin la bacteria también son más propensas a desarrollar asma, fiebre del heno o alergias cutáneas en la infancia. Con todo, tenerla es un riesgo, también, si nuestro sistema inmune está débil: causa una diarrea hemorrágica y a veces puede causar insuficiencia renal y hasta la muerte.

Helicobacter pylori visto al microscopio electrónico, mostrando numerosos flagelos sobre la superficie celular.

Además de todas las bacterias enumeradas, aproximadamente a 4 mujeres de cada 10 se les administran antibióticos durante el parto, lo que significa que los médicos declaran la guerra a los microbios de los bebés justo cuando estos están empezando a adquirirlos. No tenemos ni idea de las consecuencias que esto puede tener para su salud a largo plazo, pero es poco probable que sean buenas.

De hecho, actualmente preocupa la posibilidad de que ciertas bacterias beneficiosas estén en peligro de extinción. Bifidobacterium infantis, un importante microbio de la leche materna, está presente hasta en el 90 % de los niños en los países en desarrollo, pero solo en el 30 % en el mundo desarrollado, como explica Ed Young.

También se están llevando a cabo investigaciones destinadas a esclarecer si las personas se comportan de manera diferente después de recibir ciertas dosis de antibióticos o de probióticos. En uno de los estudios más prometedores, Kirsten Tillisch observó que las mujeres que tomaban dos veces al día una ración de un yogur rico en microbios, mostraban menos actividad en partes del cerebro implicadas en el procesamiento de emociones en comparación con las mujeres que tomaban productos lácteos libres de microbios.

El significado de estas diferencias es aún tema de debate, pero al menos muestran que las bacterias pueden repercutir en la actividad cerebral humana. La verdadera prueba sería la que nos demostrase que las bacterias pueden ayudar a las personas a sobrellevar el estrés, la ansiedad, la depresión y otros problemas de salud mental. Ya hay algunos signos de éxito. Stephen Collins ha concluido un pequeño ensayo clínico en el que una bacteria probiótica reduce los síntomas de depresión en personas con síndrome de colon irritable.

Existe una fuerte evidencia de que los microbios en el tracto reproductivo femenino afectan la salud reproductiva y ayudan a proteger contra las enfermedades. Por último, el 80 % del aire que respiramos es nitrógeno. Para que el nitrógeno nos resulte útil debe adoptar otras formas como el amoniaco, y son las bacterias las que hacen ese trabajo para nosotros. Sin su ayuda, es posible que la especie humana ni siquiera existiera.

Entonces ¿qué hacemos con ellas?

Somos el hogar de billones y billones de microscópios seres que nos resultan sorprendentemente beneficiosos, pero también nos enferman. Nos proporcionan alrededor del 10 % de nuestras calorías al descomponer unos alimentos de los que de otro modo no podríamos sacar partido, pero también pueden matarnos.

Queremos y odiamos a un tiempo a las bacterias. Así que ¿qué podemos hacer con ellas? ¿Dejar que campen a sus anchas? ¿Matarlas? Una solución intermedia sería reducir la velocidad de bacterias peligrosas, lo que puede ser más efectivo que matarlas.

Según informan investigadores que proponen esta solución: “No necesitamos matar bacterias para tratar enfermedades e infecciones; simplemente podemos reducir su velocidad y hacerlas menos potentes. De esa manera, hay pocas posibilidades de que se desarrolle cualquier resistencia”. Sea como fuera, ahí seguirán, con nosotros, porque sin ellas tampoco seríamos nosotros.

Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com

VER 1 Comentario

Portada de Xataka