Mientras luchábamos contra el COVID-19, la gripe N5H8 mostraba su potencial como "grave problema de salud pública": los científicos buscan ya la próxima (posible) pandemia

A mediados de diciembre de 2020, siete trabajadores de una granja del sur de Rusia empezaron a tener síntomas de gripe. Es verdad que la granja en cuestión, una instalación con más de 900.000 aves, había sufrido un enorme brote de una cepa muy concreta de esta enfermedad, la N5H8, pero también es cierto que hasta ese momento nunca se había detectado un caso de esta cepa en humanos. ¿Qué podía tener de extraño un puñado de casos de gripe en Rusia en pleno diciembre?

Lo único extraño era, precisamente, 2020. Un año en el que, gracias a las medidas sanitarias desplegadas frente al COVID-19, la gripe había tocado mínimos históricos. Por eso, las autoridades rusas se preguntaron si se trataba de una casualidad o había algo más detrás de esos casos. En febrero de 2021, hacían público que efectivamente había algo más: el primer caso notificado en humanos de una cepa de gripe que lleva años causando brotes continuos en aves silvestres y poniendo en jaque a la industria avícola de buena parte del mundo.

Hay que aclarar rápidamente que los síntomas causados por la cepa fueron leves y que, pese a los problemas que es capaz de desplegar en animales, la N5H8 sigue teniendo dificultades enormes para saltar a los seres humanos (y moverse entre ellos). No obstante, parecía claro que estos siete casos eran un precedente peligroso de lo que podía estar por llegar. Tanto que hoy la revista Science lo pone negro sobre blanco: "los virus emergentes de esta cepa son un grave problema de salud pública".

Lo que no sabemos de la próxima pandemia y lo que hemos aprendido de esta

No faltan argumentos encima de la mesa. En 2017 los brotes empezaron a disminuir hasta casi desaparecer motivando una ola de optimismo que saltó por los aires cuando durante 2020 se produjo un boom realmente espectacular que ha afectado a 46 países de Europa, Asia y África, incluida España (con tres brotes de aves silvestres en Cantabria, Zamora y Gerona).

Que ese 'boom' coincidiera con los primeros casos en humanos, algo que no había ocurrido a pesar de las altísimas exposiciones de veterinarios y trabajadores de granjas y mataderos, hizo saltar todas las alarmas. Y ahora Weifeng Shi y George Gao, dos expertos del Centro Chino de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de China y la Universidad de Shandong, señalan que la vigilancia atenta y las medidas rigurosas de control de infecciones para estos virus emergentes son fundamentales para evitar nuevas pandemias.

Al fin y al cabo, "la rápida propagación mundial de esta cepa y su capacidad (ya demostrada) para cruzar la barrera de las especies, transmitiéndose a los humanos, la convierte en una preocupación importante no solo para la agricultura y la seguridad de la vida silvestre, sino también para la salud pública mundial". No hace falta recordar que, como llevamos señalando años, las principales amenazas no vienen de virus nuevos y desconocidos, sino que provienen sobre todo de elementos relativamente conocidos que podemos monitorizar.

Así que la pregunta es hasta qué punto el mundo ha aprendido de los errores de hace un año y hasta qué punto la relativa vuelta a la normalidad será también una vuelta a enfoques sanitarios que, como hemos podido comprobar, nos dejan expuestos a unas enfermedades epidémicas que, hasta donde sabemos, van a volverse cada vez más frecuentes. La 'era de las epidemias' no tiene fecha de caducidad, ¿estamos preparándonos para ello?

Imagen | Brian McGowan

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