El precio de no sentir dolor: por qué esta nueva revolución del bienestar se ha convertido en un filtro de clase donde cuidar tu propio cuerpo cuesta más de 25 euros la sesión
Más del 70% de las atletas de impacto sufren incontinencia. Mientras el deporte normaliza el sufrimiento, las nuevas disciplinas exigen aprender a respirar antes que a sudar
Basta con deslizar el dedo unos segundos por TikTok o Instagram para toparse con ella: ropa deportiva de lujo en tonos pastel, zapatillas impolutas y un enorme vaso Stanley bajo el brazo. Es la estética de la Pilates Princess o la Pilates Mom, una tendencia que surgió con fuerza en 2023 para elevar un estilo de vida basado en la feminidad de lujo y la devoción por el pilates. Podría parecer otra moda frívola de internet, pero detrás de esta fachada de mallas de marca se esconde una auténtica revolución en la salud femenina.
Durante décadas, la medicina tradicional fracasó a la hora de educar a las mujeres sobre su propia anatomía. Según recoge Women's Health en palabras de la doctora Larissa Rodriguez, uróloga de Weill Cornell Medicine, "no hacemos un buen trabajo informando a las mujeres [...] la mayoría se enteran de esto solo cuando tienen algún problema".
Paradójicamente, han sido los algoritmos y las redes sociales los que han sacado al suelo pélvico del anonimato absoluto. El mejor ejemplo lo encontramos en la fisioterapeuta Sarah Percy (@femalephysiosarah), cuyos vídeos enseñando a contraer y relajar la musculatura pélvica en pijama azul han acumulado más de 21,1 millones de visualizaciones y millones de likes. Un simple vídeo casero ha logrado más impacto y concienciación que años de folletos informativos en las salas de espera de los ginecólogos.
Para entender la magnitud del fenómeno, primero hay que entender de qué estamos hablando. El suelo pélvico no es un concepto abstracto; es una estructura muscular en forma de hamaca que sostiene órganos vitales como la vejiga, el útero y el recto. Cuando la mujer se queda embarazada, esta hamaca debe soportar el peso equivalente a "una enorme bola de bolos", provocando que alrededor del 50% de las embarazadas experimenten trastornos que van desde el estreñimiento hasta la incontinencia urinaria.
Sin embargo, el problema va mucho más allá de la maternidad. En el ámbito deportivo, esta musculatura es "el gran olvidado". Las cifras son alarmantes: en ciertos deportes de impacto, la incontinencia urinaria afecta a más del 70% de las atletas, provocando que una de cada cinco mujeres abandone el ejercicio físico por vergüenza o incomodidad.
El verdadero drama ha sido el silencio. Como explican Cristina y Lucía, fundadoras de la clínica Embody, en Women's Health, históricamente hemos normalizado síntomas que no lo son: pérdidas de orina al saltar, dolor en las relaciones sexuales o pesadez pélvica.
La voz de los expertos
Que el pilates funciona es un hecho, pero la ciencia médica insiste en aclarar por qué. No se trata de hacer abdominales tradicionales—que, de hecho, empeoran el problema al empujar la presión hacia abajo—, sino de reeducar el cuerpo.
La fisioterapeuta Lola Ibáñez explica en la revista Mujer Hoy que disciplinas como el pilates hipopresivo basan su éxito en la respiración: mediante una apnea espiratoria y la apertura costal, el cuerpo trabaja "hacia arriba y hacia adentro", reduciendo la presión en el abdomen y elevando los tejidos. En esta misma línea, los expertos consultados por el medio especializado The Bump aseguran que la respiración controlada es el auténtico "superpoder" para activar la musculatura profunda y preparar el cuerpo para el parto.
Pero el interés por el suelo pélvico ha trascendido a las futuras madres. Un reportaje del Wall Street Journal ilustra cómo toda una subcultura de mujeres en la cuarentena y cincuentena se está obsesionando con el pilates, el barre y el levantamiento de pesas. No lo hacen por pura vanidad, sino como un antídoto contra los síntomas de la perimenopausia y un "pánico existencial" a perder su independencia física en la vejez. Es una forma de tomar las riendas de su propia biología.
Sin embargo, hay una letra pequeña: todos los expertos coinciden en una advertencia fundamental. El pilates no es fisioterapia. Como señala Women's Health, algunas mujeres sufren de hipertonía (un suelo pélvico demasiado tenso y rígido) y necesitan aprender a relajarlo, por lo que hacer ejercicios de Kegel indiscriminadamente agravaría su dolor. Además, The Guardian se hace eco de las advertencias de la Pilates Teacher Association, alertando sobre el peligro de las clases masivas de "reformer fitness" impartidas por monitores sin cualificación clínica, que están provocando un repunte en lesiones de espalda y cuello.
La cara oculta: elitismo, algoritmos y el negocio del "bienestar"
Todo buen reportaje requiere mirar las sombras, y esta tendencia está inmersa en un mercado hipercapitalista. Como ya detallamos en Xataka, la industria ha dejado atrás la agresividad del gimnasio tradicional para abrazar el Cozy Fitness y la Strong Elegance. Se proyecta que el mercado global de estudios de Pilates y Yoga alcanzará los 520.610 millones de dólares para 2035.
El problema es que la salud se ha convertido en un filtro de clase. The Guardian subraya que las clases de reformer pueden superar holgadamente las 25 libras/euros por sesión, convirtiendo el cuidado del suelo pélvico en un lujo inalcanzable para muchas.
A esto se suma la brutal presión estética. La revista Parents advierte que la obsesión por encajar en el molde de la Pilates Princess fomenta el perfeccionismo y asocia el bienestar exclusivamente con la delgadez, rozando en ocasiones la ortorexia. Los algoritmos tienen gran parte de la culpa: la académica Carolina Are explica que plataformas como TikTok e Instagram discriminan activamente la diversidad, invisibilizando a mujeres de talla grande, de mayor edad o con discapacidades, para coronar como referente universal a la mujer blanca, delgada y cisgénero.
Pese a este envoltorio mercantilista, hay esperanza. En este momento, estamos transitando hacia la era de la Body Literacy (alfabetización corporal). Las mujeres ya no se conforman con lucir unos leggings bonitos; quieren entender cómo funcionan sus hormonas, su respuesta al estrés y su anatomía profunda.
El fin del sufrimiento silencioso
Es innegable que el fenómeno de las Pilates Moms nació envuelto en el postureo de las redes sociales, el hiperconsumismo de la ropa deportiva y las cuotas de gimnasios exclusivos. Sin embargo, su impacto ha logrado un hito histórico e irreversible: democratizar el conocimiento sobre la anatomía íntima femenina.
El verdadero legado de esta tendencia viral es la ruptura de un silencio ensordecedor que ha durado generaciones. Las madres de hoy están hablando abiertamente con sus hijas sobre la menstruación, la incontinencia y el dolor pélvico. Están educando a la próxima generación para ser proactiva y exigente con su salud.
Hemos dejado atrás la creencia de que el dolor o las pérdidas de orina son el peaje ineludible por ser mujer, por ser madre o por envejecer. Hoy, gracias en parte a un trend de internet, sabemos que el suelo pélvico se entrena, se rehabilita y, por encima de todo, se respeta.
Imagen | Freepik
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