
China ha dado un paso definitivo hacia la internacionalización de sus mercados de materias primas
Los futuros son contratos que fijan hoy el precio al que se comprará o venderá una materia prima en una fecha futura
China ha dado un paso definitivo hacia la internacionalización de sus mercados de materias primas: este mes ha abierto a los inversores extranjeros su contrato de futuros de litio en la Bolsa de Futuros de Guangzhou (GFEX). Esta medida llega después de aperturas similares en el mineral de hierro y el petróleo, y se enmarca en la ambición del Gobierno chino de reforzar su influencia sobre los precios globales de las materias primas y ampliar el uso internacional del renminbi (RMB).
Los futuros son contratos que fijan hoy el precio al que se comprará o venderá una materia prima en una fecha futura, con independencia de cuál sea su precio de mercado en ese momento. Este contrato no es un movimiento anecdótico. En el último año, la GFEX ha negociado 120 millones de lotes de carbonato de litio, un material esencial en las baterías de litio-hierro-fosfato (LFP) que equipan buena parte de los vehículos eléctricos actuales.
China procesa en torno al 60% del litio mundial y es, con diferencia, el mayor mercado de baterías del planeta. En este contexto su peso físico en la cadena de suministro es innegable. No obstante, convertir ese peso industrial en poder financiero real resulta bastante más complicado. Los controles de capital chinos provocan que la inmensa mayoría de la negociación de futuros, pese a su enorme liquidez, sea de naturaleza doméstica. Son sobre todo especuladores domésticos y no participantes comerciales globales quienes fijan estos precios.
Una fiebre especulativa recurrente
La volatilidad es el primer obstáculo. El año pasado el cierre de una mina de CATL bastó para desatar una auténtica fiebre especulativa en el contrato de la GFEX. De hecho, el 6 de julio de 2025 el volumen diario cayó hasta los 174.787 lotes, apenas un 35% de la media anual, una muestra de la rapidez con la que se desinfla el interés una vez que pasa el frenesí inicial.
Esta bolsa ha tenido que intervenir en varias ocasiones para frenar episodios similares. En julio de 2025 impuso un límite diario de 3.000 lotes en nuevas posiciones para quienes no fueran miembros de una sociedad de futuros. En noviembre fue más allá: endureció las comisiones y los límites de posición, y los precios se desplomaron de inmediato. El precedente más claro se remonta a 2016, cuando el dinero minorista chino se volcó con tal fuerza en los futuros de varilla de acero que el volumen negociado en un solo día superó el total negociado en la Bolsa de Shanghái.
Otro apunte importante: a esta volatilidad regulatoria se suma el problema de la fontanería financiera. Los operadores extranjeros ya pueden depositar márgenes en dólares, pero con un descuento del 5%, de modo que solo 95 de cada 100 dólares cuentan como garantía. Toda la negociación y liquidación sigue haciéndose en RMB, y repatriar esos beneficios no resulta nada sencillo.
China abrió su contrato de petróleo crudo en la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái (INE, por su sigla en inglés) utilizando esta misma retórica en 2018. Y aunque logró una participación extranjera considerable, las empresas siguen teniendo que gestionar simultáneamente el riesgo del precio, el del tipo de cambio RMB/USD y el de la repatriación de capital; tres exposiciones que en la Bolsa Mercantil de Nueva York (NYMEX) o en Intercontinental Exchange (ICE) se reducirían a una sola.
El resultado es que mientras estos futuros sigan sujetos a la intervención política y los controles de capital, previsiblemente seguirán funcionando como una referencia esencial para el mercado, pero no como el auténtico benchmark contra el que el resto del mundo puede administrar su riesgo.
Imagen | Freepik
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