Todos los países que odia Donald Trump... y todos los que ama sin reparos

El segundo debate presidencial entre Donald Trump y Hillary Clinton fue tan agrio, sucio y poco elegante como cabría esperar tras una semana de, una vez más, escándalos, acusaciones de asalto sexual, apología de la cultura de la violación y deserciones en masa entre las filas republicanas. Trump disparó por doquier: amenazas en absoluto veladas de meter en la cárcel a Clinton, charlas previas con las mujeres que acusan a Bill Clinton de violación, demagogia antiterrorista y, para colmo de excelencias, islamofobia pura y dura.

Dada la magna cantidad de barbaridades, exabruptos e insultos proferidos por Trump desde que presentara su campaña presidencial, hoy hemos preferido, a cuenta de la islamofobia y de sus ensombrecidas declaraciones sobre Siria, Irán y Rusia, fijarnos en la visión del mundo que tiene Trump. Del mundo como comunidad internacional donde conviven los países. O lo que es lo mismo: de todos los países que Trump odia con todas sus fuerzas y de aquellos para los que siempre tiene buenas o taimadas palabras.

México: el enemigo número uno

Desde el primer segundo de su candidatura, Donald Trump dejó algo claro: no le gusta México. Desprecia a sus gobernantes (y sus gobernantes, exceptuando, quizá, a Peña Nieto, le desprecian a él) y desprecia a sus habitantes, a los que definió como traficantes y violadores en masa (aunque algunos, asumía, eran buenas personas).

Para Trump, México representa todo lo que está mal con NAFTA y con la economía mundial. Un país que se ha beneficiado de la globalización y de la llegada de nuevas empresas y fábricas de países más desarrollados y que, en el camino, según la visión de Trump, ha provocado la pérdida de trabajos de miles de estadounidenses. Y que, de remate, envía a sus migrantes a trabajar de forma más barata a Estados Unidos, devaluando los salarios de la clase media blanca estadounidense. El enemigo número uno en su cosmovisión.

China: la peligrosa competencia

Si México es el vecino incómodo cuya inmigración representa una amenaza para la antaño bien establecida población blanca de Estados Unidos, siempre más pudiente, China es la potencia que ha desestabilizado el orden tradicional de las cosas en el mundo. Un país que produce más barato y que desde su entrada en la Organización Mundial del Comercio ha provocado la deslocalización de miles de puestos de trabajo estadounidenses.

Para Trump, China "está ganando" a Estados Unidos, en una dicotomía retórica que sólo deja dos opciones: o ellos o nosotros. Sus palabras para con el gigante asiático han ido desde las acusaciones de inventarse el cambio climático para favorecer sus intereses económicos hasta su dibujo como un enemigo natural de Estados Unidos. Como explican en The Washington Post, China es una herramienta de Trump en la que reflejar su particular visión de Estados Unidos: una nación que ha entrado en decadencia y que está siendo golpeada.

Alemania: demasiado blandos en inmigración

¿El problema de todos los países europeos pero de Alemania en particular? Que son demasiado blandos. Es la falacia del hombre duro que Trump lleva utilizando desde el inicio de su campaña: si Alemania sufre una oleada de ataques amparados bajo la bandera del islamismo radical internacional, es así porque su política de acogida de refugiados es débil y porque no sabe protegerse con dureza frente a sus enemigos.

Francia: un país desdibujado

Lo mismo se puede aplicar a Francia. Los ataques de París fueron una mina para Trump, así como los de Niza. La idea era insistir en su particular visión del mundo árabe: los musulmanes son inmigrantes que representan un peligro para Occidente, de modo que deben ser prohibidos. El caso de Francia, un país desdibujado de sus raíces tradicionales según él, es el ejemplo perfecto de todo lo que Trump detesta del multiculturalismo, los flujos de migrantes y la mezcla de razas y culturas de las modernas ciudades occidentales.

Arabia Saudí: un aliado demasiado caro

Pese a que Donald Trump tiene una relación un tanto ambivalente con Arabia Saudí, algunas declaraciones permiten colocarlo en el saco de los "perdedores" de su particular retórica. Primero, porque el ejército de Arabia Saudí depende en exceso del estadounidense y resulta caro para las arcas del país (es discutible: Estados Unidos gana mucho dinero vendiendo armamento a Arabia Saudí para guerras como la yemení, donde sus crímenes de guerra son amplios y conocidos). Segundo, porque organizó el 11-S.

Es una vieja polémica en torno a los atentados, el grado de implicación de las autoridades saudíes en la organización y la financiación del derribo de las Torres Gemelas. Pero no es una certeza, pese a que hay pruebas sospechosas. En cualquier caso, Trump sigue haciendo negocios con los jeques saudíes, y en su día llegó a alabar el carácter misógino, patriarcal y opresor de Arabia Saudí (para justificarse en su divorcio).

España y Marruecos a cuenta de sus fronteras

Una excentricidad, pero una prueba de hasta qué punto Trump ha dicho tantas cosas tan sorprendentes que su radio de alcance llega a países tan poco relevantes dentro de su retórica como España o Marruecos.

La verja de Melilla.

En este caso, a cuenta de un anuncio realizado por la propia campaña en el que, para alertar de los peligros de la inmigración masiva y de la necesidad de construir un muro en la frontera con México (¿os acordías de cuando sólo hablábamos del muro?), utilizaba imágenes de inmigrantes saltando la valla de Melilla. En la visión de Trump y de su equipo, España vive en un caos y en una oleada de invasiones a través de Marruecos, similar al futuro de Estados Unidos en caso de que no se haga algo extremo y radical para evitarlo.

Canadá: un desastre de sistema sanitario

Del debate de ayer. Canadá, ese paraíso socialista tan detestado tanto por Trump como por un amplio número de republicanos estadounidenses, tiene un sistema sanitario "fallido". El candidato expresó así lo inviable de un modelo al estilo Obamacare, donde el estado ofrece aplia cobertura sanitaria a sus ciudadanos (especialmente a los menos pudientes). El sistema público canadiense era un error, y de ahí que miles de ciudadanos canadienses acudieran a hospitales estadounidenses cada año en urgencias médicas.

Lo anterior es falso, claro, pero eso no le ha impedido decirlo.

Japón y Corea del Sur: cobardes y débiles

Otra de las constantes de Trump en estrategia militar y política internacional, además de un alarmante interés por el uso de armas nucleares, ha sido el insulto continuado a los aliados tradicionales de Estados Unidos. Y al rol autoimpuesto del país norteamericano como garante de la seguridad de los países que considera importantes o estratégicos.

La cooperación entre Corea del Sur y Estados Unidos en materia militar es constante.

Para el caso asiático, las víctimas son Japón y Corea del Sur. Ambas naciones han estado bajo el amparo del ejército estadounidense desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Corea del Sur por su permanente tensión con Corea del Norte y su preocupante uso de pequeñas bombas nucleares. Japón por sus estrechos lazos con el país americano desde el conflicto, y por su carácter pacifista (estipulado constitucionalmente) y carente de ejército significativo. Para Trump, ambos son rémoras en el presupuesto estadounidense.

O lo que es lo mismo, países cobardes y débiles. En Corea esto ha generado gran preocupación.

Los países de la OTAN: también caros

Lo mismo se puede aplicar para los pequeño países que forman parte de la OTAN. Trump los desprecia porque suponen una carga para Estados Unidos, especialmente porque no cumplen con sus obligaciones presupuestarias dentro de la alianza. Ha amenazado con dejarlos desprotegidos en caso de agresión externa si no cumplen con sus obligaciones. Para naciones como las bálticas o como Polonia, eso implica un riesgo evidente en forma del expansionismo militar ruso. Trump no parece preocupado en protegerles.

Cualquier país musulmán

Porque hizo un llamamiento a un "total y completo apagón" de la inmigración musulmana a Estados Unidos. Y porque ayer, en el debate, explicó que el mejor modo de combatir la islamofobia era con... más islamofobia. Practicada por los propios musulmanes. Que deberían hablar con la policía cada vez que vieran comportamientos "raros" en sus compañeros musulmanes. En un ejercicio de generalización sólo calificable de... islamofobia.

Los propios Estados Unidos de América

En el fondo, el país que más detesta Donald Trump es el suyo propio. O al menos en lo que se ha terminado convirtiendo, según él y la gran parte de sus votantes, por culpa de las élites de Washington y sus nefastas políticas. Un país cada vez más debilitado, sin posibilidad defenderse de amenazas externas, en franca decadencia económica, superado por potencias emergentes por su propia voluntad, sumido en el crimen, en un permanente estado de pánico social y que necesita "volver a ser grande otra vez".

*

En el otro lado de la balanza, una breve relación de países por los que Donald Trump ha mostrado admiración.

Rusia: el role model a seguir

Para Donald Trump, Rusia es un buen ejemplo a seguir. En numerosas entrevistas y declaraciones ha mostrado una en absoluto laxa admiración por Vladimir Putin, un líder al que considera fuerte y que defiende de forma efectiva los intereses de su país. Ha justificado sus posibles crímenes contra periodistas y maneras represivas, ha negado su intervención en Ucrania y ha animado a los hackers en la órbita del gobierno ruso a rastrear y publicar los mails de Clinton.

El carácter autoritario de Putin, pero también de Trump, les acerca, además de su desdén por la élite de Washington que ha proyectado una política internacional estadounidense en permanente coflicto con los intereses geopolíticos de Rusia.

La Turquía del post-golpe a Erdogan

El golpe fallido contra Recep Tayyip Erdoğan permitió al aparato estatal turco estrechar el cerco a su oposición política interna. La purga posterior, que ya afecta a miles de trabajadores públicos al margen de su relación con el golpe, no ha sido condenada ni valorada de forma negativa por Trump, pese a que ha sido preguntado por ello de forma repetitiva. Para Trump, Erdoğan no sólo puede ser un aliado en la lucha contra ISIS, su prioridad, sino que no debe ser criticado por sus maneras poco democráticas a tenor de la situación de EEUU.

Trump muestra simpatía o recibe simpatía, en general, de gobernantes iliberales y de maneras autoritarias. Eso es motivo de preocupación.

Siria: enfrentado a su propio vicepresidente

Mientras para Mike Pence, candidato a la vicepresidencia de Estados Unidos, lo relevante es proteger a la población civil de los ataques del gobierno sirio, para Trump es más importante mantener al dictador (capaz de utilizar armas químicas contra su población) en el poder. Sucedió ayer en el debate y fue raro. Trump estaría en favor, así, de Al-Asad, en la línea marcada tanto por el Kremlin como por... Irán, país al que alabó por su desempeño contra ISIS. Otro giro radical de la política de Obama hasta la fecha.

El Reino Unido post-Brexit

No es casual que Nigel Farage, principal líder del UKIP en la campaña a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, ande estos días por Estados Unidos haciendo campaña en favor de Trump. Para el magnate americano, el #Brexit fue una forma de recuperar soberanía y de proteger a los ciudadanos nacionalistas de los riesgos de la inmigración. Una vuelta a la ley y orden motivada también por un alto componente de xenofobia que, desde la llegada de May al poder, está muy en sintonía con las ideas de Trump.

Imagen | Evan Vucci/AP Photo

Ver todos los comentarios en https://www.xataka.com

VER 0 Comentario

Portada de Xataka