El sonido de ciencia ficción producido por el "hielo negro" cuando patinas sobre él

Quizá si al coronel Aureliano Buendía le hubieran mostrado no un trozo de hielo común y corriente sino la fina, delgada capa de hielo negro que se forma sobre los lagos y lagunas a las pocas horas de desplomarse la temperatura el espíritu rebelde y revolucionario le hubiera llevado a Escandinavia y no a la guerra eterna. Pero sólo quizá.

Lo cierto es que hielos hay de muchas formas y colores, pero ninguno tan fascinante como el negro. No porque lo sea en rigor, sino porque su finura, su escasa penetración, lo mimetiza con el trasfondo sobre el que se eleva. Y para el caso de los lagos, el lugar donde podemos patinar de forma natural en invierno, el trasfondo es azul oscuro casi negro. Una ilusión visual sensacional y muy estética que, con unos patines sobre los pies, nos hace caminar sobre las aguas.

No sólo eso: patinar sobre el hielo negro es una experiencia auditiva. Al contrario que hacerlo sobre un hielo más duro y espeso (el blanco, adoptado por pura acumulación), patinar sobre finas capas de hielo naturales genera sonidos similares a los láseres y a los efectos especiales de la ciencia ficción. Una sinfonía solitaria y accidental que es tan increíble como absorbente, y que genera numerosos apasionados en la materia en los países nórdicos.

Uno de los más conocidos es el matemático Mårten Ajne, sueco y prominente defensor de la disciplina. En esta entrevista con National Geographic explica por qué le alucina la práctica y por qué genera ruidos tan extraños.

TL;DR, la clave reside en la capa de agua que sostiene la fina capa de hielo. Al contrario que el hielo más denso, que se contrae y expande en función de la noche y el día, el negro se mantiene estable gracias a la masa de agua que lo soporta. A su estabilidad hay que sumar su finura: según explica Ajne, las notas producidas por una masa de hielo son inversamente proporcionales a su grosor. A una extremadamente gruesa le corresponderán sonidos más graves, y viceversa.

Al patinar sobre el hielo y romper sus costuras, los sonidos son livianos y surreales.

En Suecia, Noruega y Finlandia, tan recóndita actividad cuenta con un reducido pero muy activo número de seguidores. El mérito reside en encontrar lagos a cual más recónditos y aptos para el patinaje sobre negro. Cuentan con una web/red social donde comparten imágenes y experiencias, además de destinos. Ajne y sus colegas miran cada mañana imágenes de satélite par descubrir y localizar lagunas aptas para la práctica.

No en vano, requiere de cierto conocimiento técnico. Encontrar masas de agua que se hallen en el punto exacto de congelación, pero no demasiado, implica hacer cálculos que relacionen temperaturas, condiciones atmosféricas, las propiedades concretas del lago y el tiempo que tardará en congelarse, etcétera. Es un arte y una ciencia que requiere de un ojo entrenado para averiguar qué lagos estarán en el punto exacto de hielo negro.

Una vez adquirido, basta con calcular un mínimo de cinco centímetros para que el hielo sobre el que se patina no se rompa. El amor al patinaje sobre hielo negro devuelve fabulosas estampas, una sensación de aventura y descubrimiento sin igual, un deporte relajado y social (casi siempre patinan con amigos, por si el hielo se rompe, cosa que de vez en cuando sucede), y la convivencia con sonidos tan raros como embriagadores. Una delicia a explorar si tienes oportunidad.

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*Una versión anterior de este artículo se publicó en febrero de 2018

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