El salario mínimo busca garantizar ingresos dignos y reducir desigualdad, pero a Europa le queda un largo camino para equilibrarlo
El mapa del salario mínimo en Europa muestra diferencias de más de 2.150 euros entre países
Hay algo que llama poderosamente la atención cuando se coloca en el mismo mapa el salario mínimo de todos los países europeos: la diferencia entre unos y otros no es una grieta, es un abismo.
Dos trabajadores en el mismo continente y haciendo la misma jornada, pueden terminar el mes con una nómina que ni siquiera se parece. Los datos de Eurostat sobre el salario mínimo en 2026 lo confirman.
El portal Visual Capitalist ha recogido esos datos y los ha representado en un mapa en el que se pueden comparar, de un solo vistazo, el Salario Mínimo Interprofesional de cada país en Europa, dejando constancia de la variedad salarial (y económica) del continente.
Qué es el salario mínimo y por qué importa
El salario mínimo es la retribución más baja fijada por la ley que un empleador puede abonar legalmente a sus trabajadores. De ese modo, se garantiza a los empleados un nivel de vida digno y evitar situaciones de explotación laboral. Según la Autoridad Laboral Europea (EURES), este mínimo salarial también contribuye a reducir la desigualdad económica y contribuye al consumo interno en los países, ya que los trabajadores con salarios más bajos tienden a gastar una mayor proporción de sus ingresos.
No todos los países establecen igual este salario mínimo. Austria, Dinamarca, Finlandia, Italia y Suecia, no tienen salario mínimo legal y dejan esa negociación en manos de sindicatos y empresas mediante convenios colectivos.
Suiza tampoco tiene umbral federal y cada cantón negocia su propio mínimo salarial. Por ejemplo, el salario mínimo en Ginebra en 2024 era de 24,59 francos por hora, lo que supone unos 4.640 euros al mes, pero el alquiler en Ginebra oscila entre 1.580 y 2.630 euros y el seguro médico obligatorio supera los 370 euros por adulto. Eso hace que una parte considerable del sueldo desaparezca en gastos fijos, mientras que en otros países europeos cubrir esos costes fijos sería mucho más asumibles.
Comparar las cifras del salario mínimo entre países sin tener en cuenta el coste de vida puede llevar a conclusiones engañosas. Un salario de 1.139 euros en Polonia equivale, en términos de poder adquisitivo, a más de 1.800 euros en países con mayor coste de vida como Alemania o Francia.
Los que más cobran: Europa occidental al frente
Dentro del ámbito de la Unión Europea, Luxemburgo lidera la tabla con un salario mínimo de 2.704 euros mensuales, seguido de Irlanda con 2.391 euros, Alemania con 2.343 euros y los Países Bajos con un SMI de 2.295 euros.
Si nos fijamos en los vecinos continentales que no forman parte de la UE, el salario mínimo en Reino Unido se aplica por rangos de edad, por lo que los mayores de 21 años cobran 12,71 libras por hora (el equivalente a unos 15,20 euros). Eso implica que su salario mínimo sería de unos 2.279 euros mensuales para una jornada estándar de 37,5 horas semanales.
Europa del Este por debajo de la media
Los salarios mínimos más bajos se dan en la mitad oriental de Europa, con Bulgaria como el país de la UE con el SMI más bajo con 551 euros mensuales, seguida de Hungría con 727 euros, Letonia con un SMI de 740 euros y Rumanía con 797 euros.
La diferencia entre Luxemburgo y Bulgaria es abismal, con una brecha salarial entre los dos países que supera los 2.150 euros, en dos países con la misma moneda y el mismo mercado único.
Fuera del bloque comunitario, Ucrania marca el suelo del continente con apenas 164 euros mensuales según los datos de Eurostat, lo que significa que un trabajador con salario mínimo en Luxemburgo gana más de 16 veces más al mes que uno en Ucrania.
España: el SMI como termómetro de los salarios bajos
En España, la última subida del SMI se aplicó en febrero de 2026, dejándolo en un salario bruto de 1.221 euros mensuales en 14 pagas (1.424,50 euros brutos en 12 pagas). Ese salario sitúa a España en el décimo puesto de la tabla, justo detrás de los 1.802 euros de Francia y por delante de los 1.278 euros de Eslovenia.
España ha sido uno de los países que más ha incrementado este mínimo salarial, pasando de los 735 euros de 2018, a los 1.381 euros que tenía en 2025, y que recogen las estadísticas de Eurostat.
El problema de fondo en España es que el SMI se ha convertido en el salario más habitual, por lo que, lejos de ser un suelo excepcional para los empleos menos cualificados, actúa como el salario habitual de sectores enteros. Las estadísticas salariales reflejan que, las últimas subidas del SMI han servido para tirar al alza los salarios más bajos, creando una pirámide salarial con una base excesivamente ancha y unos tramos intermedios que no han subido al mismo ritmo.
Imagen | VisualCapitalist
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