El ritual indonesio que consiste en asomarse a un volcán activo y lanzarle vacas para que se las trague

Bajo un sol abrasador y envueltos por una polvareda de tierra, miles de personas caminan por el borde de la cuenca del monte Bromo, un volcán activo en Tengger, Indonesia. Arrastran con ellos animales como vacas, cabras y pollos y llevan a sus espaldas vegetales y otros productos. No son nómadas que se estén trasladando a otro lugar, sino que están llevando a cabo un ritual hindú propio de la región que consiste en arrojar todo ese ganado y alimentos al cráter humeante de un volcán con la esperanza de complacer a sus dioses y tener fortuna.

La mayoría de ellos son Tenggerese, un pueblo indígena que vive en las laderas de este volcán en la provincia de Java Oriental y celebran el festival Yadnya Kasada todos los años. Subir hasta arriba para asomarse al abismo sulfúrico les llevará 30 minutos, un trayecto donde el viento es implacable y el camino muy empinado. Cargados con sus ofrendas, muchos de ellos tropiezan y se chocan unos con otros. Pero nada les frena para llevar a cabo sus ofrendas.

En este vídeo de TikTok realizado por la agencia AFP se puede ver con detalle cómo se desarrolla el festival y en qué consiste el ascenso al volcán:

Volcán


Indonesia cuenta con más de 120 volcanes activos, junto con decenas de otros que ahora mismo están inactivos o extintos. En Java, la isla más poblada del país, un cordillera de volcanes se extiende de este a oeste (alrededor de 1.000 kilómetros de largo), dando lugar a aldeas que viven y cultivan su sustento en este fértil suelo volcánico.

Y el Monte Bromo, donde se encuentra toda esta aglomeración de gente, es uno de ellos. Recibió este nombre por Brahma, el dios hindú de la creación, y se trata de un volcán activo en el Parque Nacional Bromo Tengger Semeru. Su altura es elevada: 2,3 kilómetros. La última vez que entró en erupción fue en el verano de 2019, causando temblores en la zona y aterrorizando a sus habitantes. Aún así, el ritual se celebra religiosamente cada año, sin importar su estado, porque contentar a los del más allá es algo primordial.

“Tenemos muchas vacas en casa y esta puede considerarse un exceso, así que la estamos trayendo aquí… para devolvérsela a Dios”, explicaba un aldeano en este reportaje de The New York Times. Otro agricultor, de 36 años, que trajo productos del campo como coles y zanahorias para arrojarlos al vacío humeante y decía que espera "recibir una recompensa del Dios todopoderoso". Otro comerciante que además de arrojar patatas y puerros, tiró al foso dinero en efectivo, decía que su negocio "había ido mejor después de sus visitas al volcán".

Tiene su origen en una leyenda

Para entender los orígenes de este ritual, hay que remontarse al siglo XV y el folclore regional, a historias que se traspasaban de generación a generación en el reino de Majapahit, un imperio hindú-budista de Java que se extendía por el sudeste asiático.

Cuenta la leyenda que una princesa, Roro Anteng, y su esposo, no podían tener hijos años después de su matrimonio, así que suplicaron a los dioses que les ayudaran. Sus oraciones fueron escuchadas y se les prometió 25 hijos, siempre y cuando aceptaran sacrificar a su hijo menor arrojándolo al Monte Bromo. Se dice que su hijo saltó voluntariamente al volcán para garantizar la prosperidad del pueblo Tengger.

La celebración, hoy en día, comienza en un templo cercano al cráter a las dos de la mañana, donde miles de personas se congregan a sus puertas. Tras los cantos y rezos de los chamanes Tengger, todos los peregrinos comienzan su ascenso hasta el borde del volcán mientras encienden incienso y cantan diferentes mantras. Luego, uno por uno, comienzan a arrojar sus "regalos" al cráter.

Pero ojo, porque algunos aldeanos, que no pertenecen a la tribu Tengger ni creen en este ritual religioso, también acuden a intentar atrapar todas esas ofrendas con redes antes de que caigan al fondo del volcán. Esto no forma parte del festival, pero son personas que no quieren desperdiciar la comida ni los animales que podrían dar sustento a cientos de personas cada año.

Con el tiempo, esta celebración se ha convertido en una atracción turística que el mismo gobierno local promociona. Y ya no sólo se lleva a cabo dicho sacrificio de animales, sino que se programan actividades y espectáculos musicales para enseñar la cultura regional a los visitantes. Los que no se hayan quedado horrorizados por semejante atrocidad, claro.

Imágenes: Unsplash | Flickr (John Fleischman)

Vídeo: Cuenta de TikTok de AFP

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