¿Es El Rey León machista y xenófobo? El debate en torno la ideología en el clásico de Disney

2019 será el año de El Rey León. Otra vez. La adaptación en CGI del clásico de Disney, una de las películas más emblemáticas de su historia reciente y probablemente la que mayor peso generacional arrastra, devolverá a las salas de cine a Simba, Timón, Pumba, Scar, Mufasa y el largo etcétera de personajes del relato original. Solo que esta vez con aspecto realista. La cuestión es, ¿qué historia querrá contar Disney?

Las últimas películas de la compañía se han adentrado en terrenos diversos, tocando temáticas antaño vedadas de las grandes producciones internacionales. En Coco, Frozen o Moana el peso de la película lo llevan personajes femeninos o mestizos, y el marco narrativo busca celebrar culturas (e ideas) diversas. Sí, Disney también ha sabido instrumentalizar las políticas de identidad, y ha logrado que figuras como Elsa tengan un ambiguo carácter sexual.

Adentrarse en los temas y las ideas del próximo El Rey León es imposible, pero sí podemos volver a sus orígenes. Twitter lleva dos días discutiendo amplio y tendido sobre ello, y la conversación, esta vez sí, merece salir de sus cuatro paredes. El origen del debate se ha iniciado esta vez en un hilo (ya borrado), escrito por Carmen Pacheco, en el que se señalaba su carácter "machista", "xenófobo" u homófobo.

El hilo, rápidamente viralizado, ha espoleado reacciones enconadas de uno y muy especialmente otro lado. Numerosos usuarios han ridiculizado la interpretación de Pacheco, y han desligado cualquier mensaje ideológico a la tierna historia de un león despojado de sus derechos dinásticos que, tras pasar sus años adolescentes en el exilio de la sabana, regresa para recuperar el trono que por sangre le pertenece.

¿Es El Rey León una película machista y xenófoba, o todo surge de una interpretación exagerada, de un sobreanálisis de las estructuras ideológicas de una película infantil? Como siempre, la conversación viral de las redes sociales ha contribuido a caer en los rápidos extremismos, el acoso y el alborotado ruido. Pero hay señal en la conversación, porque encaja a la perfección con las grandes batallas culturales de nuestro tiempo.

La sombra de la duda en Disney

En el origen estaba Disney. Su papel como gran muñidora de los mitos de la cultura contemporánea está fuera de toda duda. Walt Disney reconstruyó algunos cuentos clásicos de la literatura popular y los proyectó hacia la cima de la cultura de masas. Cintas como Cenicienta, Blancanieves o Fantasía contribuyeron a definir algunas claves estéticas del siglo pasado, y reactivaron arquetipos y leyendas siempre latentes en la memoria cultural.

Si Disney tuvo éxito fue porque, en gran medida, reproducía el sistema de valores de la sociedad de su tiempo. Sus películas están plagados de clichés hoy superados. La damisela en apuros, el noble caballero que acude en su rescate, las malignas y retorcidas figuras femeninas. La epopeya del amor romántico surge de los mitos del pasado, pero transmitía a la sociedad del siglo XX en un lenguaje presente. Su triunfo fue precisamente ese.

¿Qué sucedía a la altura de 1994, cuando El Rey León se publica? Por un lado, que Disney continúa explotando los arquetipos del ayer, pero de un modo más sutil. La compañía deja de reproducir cuentos explícitos de la cultura popular, y opta por historias nuevas. El Rey León se basa ampliamente en Hamlet, de Shakespeare, y en Moisés, la figura bíblica, dos relatos inmediatamente reconocibles por la mayoría de su audiencia.

Lo hace, eso sí, en un envoltorio moderno. A mediados de los noventa parte de la industria había superado una visión colonialista de África. En su lugar, la celebraba desde el exotismo, la adaptación de su folclore (la World Music llegó a su cumbre a finales de los ochenta) y la fascinación por su naturaleza salvaje. La mirada y la narración seguían siendo occidentales, pero el continente funcionaba como asombroso escenario.

Veinticinco años hacia adelante, la opinión pública ha rotado de forma radical: hoy la mirada occidental sobre África se subordina (o lo intenta, al menos) al relato que los propios africanos (o afroamericanos) quieren contar sobre sí mismos. Black Panther es el mejor ejemplo de todo ello. Una película exotista sostenida sobre un mito fundacional de la cultura occidental (Moisés, la figura del héroe renegado) resulta hoy conservadora. Y para algunos, reaccionaria.

El historial de agravios en Disney

¿Significa eso que ninguna película puede superar la prueba del tiempo, que todas están condenadas a una revisión crítica de su mensaje? No necesariamente. Sucede que las películas de Disney cuentan con un largo historial de agravios similares a los esbozados sobre El Rey León.

Pensemos en Mulán. Es una película aún posterior (y basada ya en personajes humanos dentro de una civilización, China, distinta a la nuestra) en la que los roles de género tradicionales no quedan suprimidos pese al protagonismo de una mujer. El principal personaje de la cinta, femenino, tenía menos líneas de diálogo que otros secundarios (y masculinos). La misma dinámica se reproducía en otras películas protagonizadas por mujeres, como La Sirenita o Pocahontas.

La crítica a El Rey León funciona de una forma similar. Pese a que Disney utilizaba un marco moderno e historias novedosas, protagonizadas por personajes inusuales, el peso de la narración siempre recaía sobre las voces masculinas. Y las dinámicas de relaciones no cambiaban.

Es algo tan antiguo como la propia película, por otro lado. Diversos analistas han señalado el carácter racista de las hienas. Pese a que es un matiz perdido en el doblaje, originalmente dos de las tres principales hienas contaban con voces "negras" (de actores afroamericanos), y empleaban un slang a menudo asociado a la jerga callejera de la comunidad negra. La minoría quedaba reducida a una representación negativa y estereotipada.

También sucede con Scar, el principal villano de la película, cuyas formas amaneradas le otorgaban un evidente aire queer. Scar se movía y hablaba como un homosexual, o como el estereotipo que la sociedad de mediados de los noventa asociaba a los homosexuales. No es algo novedoso. Otros antagonistas de Disney, como Jafar (Aladdin), Hades (Hércules) o Shere Khan (El Libro de la Selva) compartían similares rasgos. Todos están codificados como gays. Y todos son malos.

Es un tropo viejo, que no inventa la compañía y que también se encuentra en novelas clásicas. El sofisticado, malvado villano con pluma (o acento inglés). No es una representación explícita, pero el público entiende el arquetipo (identifica al malo) de forma automática y familiar. La sublimación de este ejemplo es Úrsula, la villana de La Sirenita, dibujada a partir de Divine, la célebre drag queen protagonista de Pink Flamingos.

Es decir: sí, Disney tan sólo reflejaba los valores de la sociedad de su tiempo; pero sus películas, a partir de los noventa, ya incorporaban dinámicas y estereotipos negativos por entonces discutidos (como el escaso peso femenino, o el rol de las minorías).

Las guerras culturales de hoy

Hoy la dinámica de la industria es la contraria: ya sea a través de Marvel o de sus propias producciones animadas, Disney está produciendo películas más progresistas, con más diversidad en sus tramas y protagonismos. De ahí que el regreso a productos del pasado pueda resultar conflictivo: El Rey León es un hito generacional (y estético en nuestra mirada hacia África), un refugio de la infancia con el que hemos crecido juntos.

En el camino media un cambio de conversación: el análisis de la representación y de la ideología implícita en las películas se ha convertido en una herramienta importante para movimientos como el feminismo. Que El Rey León haya sido TT se debe en parte a la reacción que ya hemos visto en otras conversaciones, como el #MeToo o el #ComicsGate. Hay quien juzga superfluo (y un ataque) esta clase de críticas.

Y de ahí las numerosas referencias a la generación "snowflake", incapaz de lidiar con las injusticias de la sociedad diaria, y a uno de los términos más ubicuos de 2018, "ofendiditos". En la polémica confluyen los dos bandos de una guerra mediática soterrada: quienes creen señalar las injusticias sobre las que pivota la sociedad moderna (patriarcado, relaciones de género, etc.); y quienes se rebelan contra una revisión total que consideran censuradora y moralista.

Para muchos, El Rey León y otros productos culturales no merecen tanta reflexión porque funcionan como símbolo y como mero entretenimiento. Las críticas a sus mensajes implícitos sólo ocultan un interés por el reinado de lo "políticamente correcto". El disfrute en 2018 de la película no tiene por qué significar apoyar ideas "machistas" o "xenófobas". Aunque tales mensajes sí puedan aparecer de forma inconsciente.

Es una dinámica que hemos visto en otras muchas polémicas a lo largo de los últimos años. Y que seguiremos viendo.

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