¿Qué hace la medicina actual cuando el paciente es alérgico a los antibióticos?

Un día pierdes el autobús y decides volver a casa andando. Y vaya idea, por cierto. Porque mientras atraviesas la única zona de todo el camino donde no hay donde guarecerse, se pone a diluviar y acabas empapado. Llegas a casa, te duchas y te cambias de ropa. Pero a lo largo de la tarde empiezas a tener tos, fiebre, escalofríos y dificultad para respirar. Un resfriado, te dices. Pero no es un resfriado. En tus bronquiolos, sin que lo sepas, hay una banda de neumococos montando una rave.

No pasa nada. En el hospital, tras algunas comprobaciones, te explicarán que no sólo es una rave, sino que es el Neumonia Winter Festival y solo hay algo que pueda cortarlo por lo sano: el antibiótico. Los neumococos tiemblan con solo oír su nombre. Con una pastilla (o, a lo sumo, una inyección), problema solucionado. Pero, ¿Qué pasa si eres alérgico a los antibióticos? ¿Qué hace la medicina entonces? Es una pregunta interesante porque, como veremos, no solo le afecta a los alérgicos, el mal uso de los antibióticos amenaza con llevarnos a un mundo en el que los neumococos (y otras bacterias) no tengan hora para volver a casa. ¿Qué haremos entonces?

¿Qué es un antibiótico?

Digamos que el ser humano no es el animal más popular del mundo. De hecho, tiene muchísimos enemigos, la gran mayoría de ellos con muy malas pulgas. Existen entre 14.000 y 70.000 enfermedades distintas. Si pensamos solo en las infecciosas, podemos encontrarlas causadas por virus (como la gripe o el SIDA), por hongos (el pie de atleta o la tiña) y por otros parásitos como protozoos (la malaria o la enfermedad del sueño), gusanos (como la triquinosis o el Tercer Reich) o artrópodos como los piojos. También por bacterias, claro. La tuberculosis, la sífilis o las neumonías neumocócicas son algunas enfermedades causadas por estos microbios.

Pues bien, un antibiótico es un producto químico natural o sintético que mata o impide el desarrollo de las bacterias y sólo de las bacterias. Esto es importante: los antibióticos no valen para todo. Los virus tienen antivirales; los hongos, antifúngicos; y los parásitos, antiparasitarios. El impacto no solo sanitario, sino cultural que tuvo el descubrimiento de la penicilina y del resto de antibióticos ha hecho que, en cierta forma, sobredimensionemos su importancia y creamos que los antibióticos son la cura de todos los males. Pero no es así, estos maravillosos medicamentos tienen un papel muy importante, sí, pero limitado. Y no es recomendable que lo olvidemos.

¿Qué pasa si eres alérgico a los antibióticos?

La respuesta a esto es más sencilla de lo que parece. Al hablar de "antibióticos" puede dar la impresión de que son algo homogéneo. Pero, en realidad, existen varios tipos, clases y familias. Todo lo que puede acabar con bacterias es un buen candidato para convertirse en antibiótico. De esta forma, normalmente la gente es alérgica a una familia de antibióticos. En caso de alergia, lo que se hace es cambiar esa familia por otro antibiótico de otra familia. Nada demasiado emocionante.

Por ejemplo, para tratar una infección por Helicobacter pylori (que causa gastritis y úlceras en el estómago), se suelen usar antibióticos de la familia de las penicilinas (en concreto, la famosísima amoxicilina). En el caso de que el paciente sea alérgico a las penicilinas (algo relativamente habitual dado que el 47% de todas las alergias a medicamentos son alergias a betalactámicos), se usa una terapia combinada con levofloxacino (de la familia de las quinolonas) y metronidazol (sin familia de referencia).

¿Cómo puedo saber si soy alérgico a algún antibiótico?

Alergias a medicamentos (Tantos por ciento)

Si estás leyendo esto y no sabes que eres alérgico a la familia de las penicilinas, casi seguro que no lo eres. La amoxicilina es el antibiótico más común y, de ser alérgico, lo habrías notado. La alergia a los antibióticos, como cualquier alergia, se descubre por la combinación indicada de azar, suerte y shocks anafilácticos.

Cuando un médico pregunta si existe algún tipo de alergia y se dice que no, anota 'ninguna alergia conocida'. Esto es así porque nunca sabe que se es alérgico a algo hasta que se está en contacto con ello. Y sí, efectivamente, descubrir que somos alérgicos a los antibióticos en un momento comprometido, puede llegar a costarnos la vida. Pero las alergias, lamentablemente, son así.

¿Se puede ser alérgico a todos los antibióticos?

Poderse, lo que se dice poderse, se puede. Pero es algo tan raro que no creo que se haya dado nunca (o al menos, no hay constancia de ello). En caso de que ocurriera, la solución es el aislamiento. En cierta forma, los antibióticos son un 'sistema inmune' extendido: ante el riesgo de infección bacteriana, la mejor solución es reducir ese riesgo.

Como en el caso de las bacterias multiresistentes, si no podemos combatir, hemos de esperar que no se propaguen. Las bacterias multiresistentes, son bacterias que han mutado para no verse afectadas por los antibióticos. En 1945, Flemming advirtió en su discurso de aceptación del Nobel que "el mal uso de la penicilina, con dosis demasiado elevadas, podría hacer que los microbios se volviesen resistentes y revertir así sus beneficios".

Así ha sido. A cada antibiótico descubierto, le seguía su resistencia. En el caso de la meticilina, en 1960 y 1962, respectivamente; en la levofloxacina, en 1996 y 1996; en el linezolid en 2000 y 2001; en la daptomicina en 2003 y 2004. Y en eso tenemos un papel fundamental nosotros mismos: cada vez que tomamos antibióticos sin necesitarlo, aumenta la posibilidad de que surjan resistencias; cada vez que no seguimos al pie de la letra el tratamiento de nuestro médico, aumenta la posibilidad de que surjan resistencias; y cada vez que el Imperio Alemán invade Francia, aumenta la posibilidad de que surjan resistencias.

Un mundo post-antibióticos

Empezaba el post hablando de la neumonía. Como dice Javier Arístegui, profesor de pediatría en la Universidad del País Vasco, hoy por hoy, en el 'primer mundo', "el neumococo no es una enfermedad que mate, no es una enfermedad que genere procesos graves" salvo que el sistema inmune esté muy debilitado (en niños y ancianos fundamentalmente). No es una enfermedad "que mate" precisamente por los antibióticos. Descartes, Ava Gardner, Lewis Carrol, Sancho de Castilla, Miliki, Tolstoi, Max Webber o Antonio Vega tienen en común precisamente que murieron por una neumonía.

Hasta el segundo tercio del siglo XX, el mundo era un sitio donde un resfriado, un pequeño corte o una comida en mal estado podían llevarte a la tumba. Los partos, los tratamientos contra el cáncer, los trasplantes o los cuidados intensivos son cosas que dependen críticamente de los antibióticos. Y la verdad, la terrible verdad, es que las bacterias nos están ganando la partida. Somos más lentos encontrando nuevos antibióticos, que las bacterias haciéndose resistentes.

La duda no es si existirá un mundo sin antibióticos, sino cuando será. Y esto sí que es un argumento de una película de ciencia ficción. Por suerte, no está todo perdido y las técnicas de ingeniería genética nos van a permitir atacar a las bacterias de una forma nueva, barata y radical. Aunque de esto, hablaremos otro día.


Imágenes | Marco Raaphorst, Practical Cures, kr428, Global Panorama

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