Por qué el frente de los Balcanes se ha desplazado ahora a Macedonia

Macedonia vive una situación complicada. Los breves pero violentos combates entre fuerzas del Estado macedonio y grupos de insurgentes rebeldes al norte del país han disparado todas las alarmas en la Unión Europea y en la región. ¿Qué está pasando en Macedonia y por qué está pasando ahora? La situación de inestabilidad en el país balcánico no es en absoluto puntual, y obedece a distintas causas. Desde la corrupción sistematizada del gobierno hasta tensiones técnicas aún por resolver, Macedonia se enfrenta a su mayor crisis como nación de los últimos quince años.

Empecemos por lo más reciente: el pasado fin de semana la policía macedonia informaba de combates en la ciudad Kumanovo, unos cincuenta kilómetros al norte de Skopje, la capital del país. La ciudad, ubicada cerca de la frontera con Kosovo y Serbia, cuenta con una importante minoría albanesa, al igual que el resto de Macedonia. En los combates, ocho policías y catorce insurgentes murieron. No se sabe con exactitud quiénes eran los rebeldes. El gobierno de Skopje ha detenido e identificado a una treintena de ellos: la mayoría son albaneses étnicos con nacionalidad macedonia.

¿Quiénes son los hombres armados que tanto el mes pasado en Gosnice como este fin de semana en Kumanovo han hecho saltar todas las alarmas en el país? Nadie lo sabe. Aunque el Gobierno de Macedonia afirma que algunos de los rebeldes llevaban uniformes con la escarapela del UÇK, el Ejército de Liberación de Kosovo, lo cierto es que los motivos y la identidad de los diversos ataques realizados en el norte del país continúan siendo una incógnita. En cualquier caso, desde Skopje no se ha tardado en azuzar el fantasma del conflicto étnico, acusando a albaneses y kosovares.

Entender los motivos de tal narrativa implica repasar qué ha sucedido durante los últimos meses en Macedonia y la morfología social, histórica y demográfica del país.

¿Conflicto étnico en Macedonia? No tan rápido

Al contrario que en el resto de Europa, donde los desplazamientos forzados y masivos de millones de personas tras la Segunda Guerra Mundial provocaron el fin de las minorías étnicas en los Estados occidentales y (en menor medida) orientales, los Balcanes son el último reducto del continente donde las minorías juegan un papel fundamental. El caso de Macedonia es paradigmático: pese a que la mayor parte de sus ciudadanos son étnicamente eslavos y hablan macedonio, un cuarto de la población es albanesa. La mayor parte vive en el norte y noreste del país.

Los distritos en marrón cuentan con importantes minorías albanesas.

Macedonia obtuvo su independencia durante las guerras de desintegración de Yugoslavia, en 1991, y desde entonces tan sólo en 2001 se ha visto abocada a un conflicto civil debido a tensiones étnicas. Durante más de nueve meses, grupos armados albaneses asentados en la frontera con Kosovo, región estabilizada por las tropas internacionales tras el fin del conflicto con Serbia, desafiaron la autoridad y el poder del Ejército macedonio. Alrededor de 1000 personas murieron. La ONU intervino y se firmaron los Acuerdos de Ohrid, cortando de raíz un posible escenario bélico.

El conflicto nacionalista y étnico entre macedonios y albaneses, aunque presente, sólo cuenta una parte de la historia de lo que está sucediendo estos días en Macedonia

Desde entonces, Macedonia ha gozado de cierta estabilidad política. Los gobiernos mayoritariamente macedonios se han negado de forma sucesiva a otorgar mayores prebendas educativas y autónomas a las minorías albanesas, negando la posibilidad de formar una doble federación étnica dentro de un mismo Estado (al modo de Bosnia-Herzegovina y la República Srpska, ciertamente no el mejor de los modelos políticos posibles). Pese a todo, el conflicto étnico no es tan agudo como se pueda imaginar. Tanto albaneses como macedonios locales tratan de llamar a la calma: conviven en paz.

El vídeo de más arriba ya se está convirtiendo en viral. Muestra a un albanés de Macedonia despreciando la idea de tensión entre etnias. Lo cierto es que el choque nacionalista sólo cuenta una parte de la historia. La que más interesa al actual gobierno de Macedonia.

Hay un hombre al que esto le interesa: Gruevski

Nikola Gruevski es el primer ministro del país balcánico desde 2006, cuando su partido, VMRO-DPMNE, apoyado por una coalición de formaciones minoritarias (entre las que se pueden contar partidos moderados albaneses y representantes de minorías turcas o serbias), se impuso en las elecciones. Desde entonces ha gobernado el país, y lo ha hecho mal: la situación política y económica se ha degradado, y la oposición ha denunciado el recorte de las libertades de expresión y prensa.

La situación comenzó a saltar por los aires a finales de 2014, cuando miles de estudiantes salieron a las calles de Skopje reclamando la revocación de una ley educativa que imponía la evaluación de agentes del gobierno, externos al sistema universitario, de forma anual. Los jóvenes macedonios comenzaron entonces una serie de manifestaciones, sentadas y protestas que culminaron con la paralización del proyecto de ley. No sólo eso: prendieron la mecha para lo que sucedería durante los meses siguientes, en la primera mitad de 2015.

Las protestas callejeras y universitarias han debilitado la posición del gobierno actual, acusado de corrupción y de espionaje masivo tanto a altos cargos como a ciudadanos

Desde inicios de este año, Macedonia ha vivido constantes protestas. Además, gobierno y oposición se han visto salpicados por diversos escándalos. Primero, Gruevski acusó a los socialistas (principal partido opositor) de planear un golpe de Estado. Posteriormente, Zoran Zaev, líder de la Unión Socialdemócrata de Macedonia, publicó pruebas que vinculaban al gobierno con un programa de videoespionaje a más de 20.000 personas, incluyendo a la oposición y otros altos cargos. Eso fue en febrero. Para entonces, la posición de Gruevski comenzaba a debilitarse.

La trama de espionaje del Gobierno provocó más protestas. Fue el pasado 5 de mayo cuando se alcanzó el culmen: aunque originalmente tan sólo fueron los estudiantes los que se levantaron pacíficamente contra el Gruevski, otros grupos sociales y políticos se han ido uniendo poco a poco al movimiento, cuya conexión con la oposición es tan distante y débil como lo pudiera ser como con el VMRO-DPMNE. Las protestas son populares y se declaran huérfanas de patronazgo político. Su impacto ha sido amplio y la represión de la policía, dura.

Ante esta situación, la Unión Europea ha mostrado su habitual preocupación.

Los albaneses del norte como chivo expiatorio

Un hecho concreto ha espoleado las protestas. En 2011, tras la jornada electoral que perpetuó al gobierno de Gruevski en el poder, un policía macedonio mató a un joven manifestante de 21 años, Martin Neskovski. Ahora, en mayo de 2015, una escucha telefónica hecha pública ha desvelado que el gobierno encubrió tanto al agente como al cuerpo de policía. O lo que es lo mismo: que el gobierno es connivente (cuando no promotor) de la brutalidad y la represión de la policía macedonia.

Nikola Gruevski tiene más problemas de los que puede manejar.

La tensión en la calle es alta, y Europa observa preocupada el desarrollo de los acontecimientos en Macedonia. Por todo ello, la situación de Gruevski no es buena. Es más: es su peor momento desde que ganara las elecciones en 2006, y por extensión, el momento más delicado para el país balcánico desde el conflicto bélico con las milicias albanesas en 2001.

En este contexto, el ataque de una pequeña fuerza armada supuestamente formada por pro-kosovares y albaneses étnicos da algo de aire al Gobierno de Macedonia

En este contexto, el ataque de una pequeña fuerza armada supuestamente formada por pro-kosovares y albaneses étnicos da algo de aire al Gobierno de Macedonia. Precisamente por ello hay quienes ven en el suceso oscuras intenciones. Reavivar el conflicto étnico entre macedonios y albaneses contribuye a desactivar las movilizaciones populares de Skopje y favorece una retórica defensiva y nacionalista por parte de Grievski y su partido. Algo que, en última instancia, refuerza su posición, o al menos le permite desplazar el foco de atención de las calles al norte del país.

Mientras la calma regresa a Kumanovo, Macedonia se enfrenta a muchos otros problemas. Al posible conflicto étnico entre albaneses y macedonios y a la inestabilidad política de Skopje, con protestas en la calle y represión por parte del gobierno, hay que sumar el flujo de inmigrantes cruzando el país.

Y además, miles de refugiados de Irak y Siria

Los Balcanes se han convertido en la primera puerta de entrada a Europa para miles de refugiados e inmigrantes irregulares. A través de Turquía y Grecia, Macedonia es una de las principales escalas en la ruta de miles de desplazados hasta los territorios de la Unión Europea. Personas provenientes de Siria o Irak cruzan el país diariamente, en dirección norte, en una peligrosa ruta que pone en riesgo sus vidas y que no genera sino más problemas al Estado macedonio.

Muchos de los inmigrantes emplean las rutas ferroviarias de Macedonia para desplazarse desde Veles, cerca de Grecia y al sur del país, hasta Skopje, capital y puerta de entrada a Kosovo y Serbia. El precario sistema ferroviario del país balcánico permite a los refugiados seguir el trazado de las vías, con todo lo que ello implica. Los trenes se encuentran con muchos de ellos por la noche, atropellándoles y causando numerosas víctimas mortales. Otros mueren en el camino. El pasado abril, 14 personas perdieron la vida arrolladas por un tren.

Hay otros elementos a tener en cuenta. La economía de Macedonia es precaria, y afecta a zonas del país donde las minorías albanesas están muy presentes. Esto es un foco de más inestabilidad y riesgo si los movimientos insurgentes del norte continúan actuando. Además, Macedonia quiere entrar en la UE, pero por el momento se encuentra lejos de ello.

De forma oficial, el nombre de Macedonia es FYROM: Former Yugoslavian Republic of Macedonia. Cuando Macedonia entró en la ONU, lo hizo con la condición de que su nombre real fuera diferente al de la histórica región de Grecia

Uno de los motivos es la disputa con Grecia por su nombre. De forma oficial, el nombre de Macedonia es FYROM: Former Yugoslavian Republic of Macedonia. Cuando Macedonia entró en la ONU, lo hizo con la condición de que su nombre real fuera diferente al de la histórica región de Grecia (cuna de Alejandro Magno). Lejos de ser una anécdota, este es otro foco de tensión política y un serio impedimento para que Macedonia agilice su proceso de integración en la Unión Europea. Sea como fuere, el país está muy lejos de ello, dadas sus condiciones políticas y económicas.

¿Qué puede suceder a partir de ahora? Es imposible de predecir. Se juntan numerosos factores: nacionalismos, rencillas étnicas, grupos paramilitares sin identificar, un gobierno autoritario y represivo acusado de coartar las libertades de sus ciudadanos, flujo masivo de inmigrantes y refugiados, protestas en las calles cada vez más intensas y una delicada posición internacional. Macedonia puede ser un polvorín, pero aún no ha estallado. En el momento en que lo haga, sin embargo, Europa podría enfrentarse a un escenario poco halagüeño en los Balcanes. Una vez más.

Imagen | Balkans Insight

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