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Los Picos de Europa escondían otra montaña subterránea: más de mil kilos de basura, el efecto de años de turismo en las alturas

Picos
  • El proyecto LIBERA SEO/BirdLife y Ecoembes dirigen a más de 14.000 voluntarios para combatir estos problemas

  • Nadie ha sido juzgado ni culpabilizado, pero las multas ascienden hasta los 3,5 millones de euros

Editor

Hace 300 millones de años, un mar cálido cubría lo que hoy es el norte de España. La lenta acumulación de sedimentos y el violento choque tectónico levantaron un coloso de roca caliza: así nacieron los Picos de Europa. Durante milenios posteriores, el hielo y el agua esculpieron en sus entrañas uno de los sistemas kársticos más profundos y complejos del planeta y estas simas, verdaderas catedrales geológicas, cuentan con agujeros kilométricos. Ante semejante joya, Pedro Pidal impulsó una ley pionera: en 1918, se convirtió en el primer Parque Nacional de España con el fin de blindar la pureza del territorio frente a la industrialización. Y ahora viene el giro tóxico: algunas de estas grietas abisales se han convertido en papeleras para alpinistas y turistas varios. Un almacén de mierda (literal) de tonelada y pico.

La Federación Cántabra de Deportes de Montaña y Escalada, que forma parte del proyecto de Apadrinamiento de Espacios Naturales LIBERA, se ha encargado de recuperar más de 1.000 kilos de residuos (bricks, botellas, metales) distribuidos en 8 sacas. La responsable de Comunicación del Proyecto LIBERA de Ecoembes, Eliezer Sánchez, indicó que esta colaboración ha sido fundamental para la lucha contra la "basuraleza". El problema es que, más allá de limpiar la sima, su efecto se ha extendido.

El hallazgo extremo. Imagina la escena: te encuentras a 2.300 metros de altitud, donde el viento corta la piel por muy caluroso que seas. El paisaje muestra la implacable roca caliza de estos Alpes españoles. En una de esas grietas verticales de origen kárstico que bosteza hacia las entrañas de la tierra encontraron el problema. Porque la sima, en vez de guardar estalactitas milenarias o restos fósiles de osos cavernarios, ha sido usada como almacén de basura, de vertedero clandestino. Exactamente, mil kilos de mugre humana. 

Una cápsula tóxica. ¿Por qué se ha descubierto ahora? Tengamos en cuenta que la montaña actúa como un congelador gigante: las bajas temperaturas detienen el reloj biológico, donde la degradación natural roza el punto cero. Un plástico arrojado en 1990 parece idéntico hoy. Por tanto, la basura, más que procesarse, se fosiliza. Este fenómeno crea un peligro tóxico, porque los ecosistemas de alta montaña sufren estrés extremo por el clima. La presencia de químicos, microplásticos y metales pesados inyecta veneno a un área pulcra. El agua pura del deshielo primaveral lava esta basura oculta y luego esa misma agua baja hacia los valles. Y, desde aquí, se filtra la contaminación hacia acuíferos subterráneos que alimentan manantiales y pueblos enteros.

Qué esconde el estómago de la montaña. Los voluntarios, más allá de sacar envoltorios de barritas energéticas o latas de refresco, encontraron un inventario surrealista: sillas rotas, bombonas de gas, botellas de vidrio grueso y chatarra de todo tipo. Hablamos de un vertido sistemático e intencionado para aligerar carga: la ley del mínimo esfuerzo que ha estado afectando a un santuario natural de valor incalculable. 

Poleas y espeleólogos. La Federación Cántabra de Deportes de Montaña y Escalada (FCDME) tomó el mando de la operación, la Federación Cántabra de Espeleología sumó su destreza técnica para asegurar el éxito y un equipo de especialistas y voluntarios cualificados planificó el asalto a la grieta. Aquí no pueden subir los camiones de la basura, así que la orografía exigió métodos primarios y fuerza bruta. Los expertos instalaron un sistema complejo de poleas sobre la boca de la sima. Espeleólogos equipados con arneses a un lugar donde el aire escasea y la humedad es del 100%.

Helicópteros al rescate. Extraer las sacas del pozo fue solo la mitad del reto. La evacuación final requirió apoyo aéreo: un helicóptero voló hasta la grieta, desafiando las corrientes de aire, enganchó las bolsas gigantes con un cable de carga y las trasladó hasta un punto seguro para su gestión final y reciclaje. Sara Novoa, vicepresidenta de la FCDME, confirmó el éxito rotundo de la maniobra. "Todo salió según lo previsto y sin incidentes". Desde 2017, el programa de Apadrinamiento de Espacios Naturales del Proyecto LIBERA. SEO/BirdLife y Ecoembes dirigen esta maquinaria verde que busca combatir el abandono de residuos en la naturaleza. Según este proyecto, casi 14.000 voluntarios han retirado 148,6 toneladas de residuos limpiando 919 puntos críticos distribuidos por toda España. Durante el pasado trimestre peinaron playas, barrieron bosques, sanearon ríos y, por supuesto, escalaron montañas.

El desastre invisible a gran escala. Esto recuerda lo sucedido en el pozo negro del Monte Serantes (en Bizkaia), a diez minutos del centro urbano de Santurtzi. Allí, una sima de unos 40 metros de profundidad acumuló desperdicios durante años. En 2021, la Federación de Espeleología de la Región de Murcia movilizó a 56 especialistas y 11 técnicos para sanear otras 30 cuevas y simas en las sierras de Cartagena, Lorca y Águilas. Los profesionales rescataron baterías de plomo, pilas sulfatadas, restos cerámicos y metales pesados, que filtraban veneno directamente hacia la red subterránea de agua. O el drama en las entrañas de la Cueva del Rubicón, un tubo volcánico desmantelado cerca de Playa Blanca (en Lanzarote). Espeleólogos y senderistas extrajeron 350 kilos de residuos y luego el mismo colectivo repitió el operativo en la Cueva de Los Lagos y en la Cueva del Camión.

De hecho, si vamos más allá solo tenemos que mirar en el techo del mundo. El Ejército de Nepal ejecuta las campañas Mountain Clean-up en los ochomiles del Himalaya. Sus contingentes militares y guías sherpas recogen más de 33 toneladas de residuos por temporada en picos como el Everest, Lhotse y Manaslu. El hielo conserva intactos miles de kilos de bombonas de oxígeno, tiendas de campaña rotas, latas de comida y excrementos desde hace medio siglo.

El coste real de la basura. Fletar un helicóptero de carga para labores de rescate o evacuación cuesta entre 2.500 y 3.500 euros por hora de vuelo. La intervención en esta sima requirió varios días de trabajo, equipos de progresión vertical y decenas de horas de especialistas. El coste público de extraer una tonelada de residuos supera por cien el valor comercial original de los productos arrojados.

Una lata de aluminio requiere 200 años para descomponerse en el entorno y una botella de vidrio necesita más de 4.000 años. Una bombona de gas de acero se oxida durante medio siglo, liberando sulfuros y óxidos de hierro en el microclima de la gruta. Gestionar un kilo de plástico en el contenedor urbano cuesta céntimos. Extraer ese mismo kilo de un pozo a 2.300 metros de altitud exige miles de euros e infraestructuras de alto riesgo.

Y el problema del agua. El agua subterránea no cuenta con filtros de tierra en el terreno kárstico. La roca caliza actúa como un colador directo hacia las capas freáticas. El 25% de la población mundial bebe agua procedente de acuíferos de este tipo. En estas simas, la humedad roza el 98% y la temperatura permanece estable entre los 4 y los 8 grados. La luz solar no entra. Sin radiación ultravioleta, la fotólisis no existe y la degradación sintética roza el cero absoluto. Un envase plástico tarda más de 500 años en fragmentarse bajo tierra. Durante ese tiempo, libera bisfenol A, ftalatos y metales pesados directamente al agua. La fauna troglobia sufre las consecuencias. Invertebrados ciegos como los anfípodos del género Niphargus o los escarabajos endémicos Aphaenops ingieren estos microplásticos. Estos organismos no poseen mecanismos biológicos para procesar polímeros, lo que altera la base de la cadena trófica subterránea.

Qué dice el marco legal. El Parque Nacional de los Picos de Europa alberga más de 3.000 cavidades catalogadas por las federaciones de espeleología. Muchas de estas grietas acumularon vertidos entre 1960 y 1990, décadas previas a la legislación ambiental moderna. Y recuperar enclaves de tan alto valor ecológico requiere una vigilancia ciudadana constante. La actual Ley 7/2022 de Residuos y Suelos Contaminados tipifica los vertidos no autorizados en espacios protegidos como infracciones muy graves. Las sanciones económicas alcanzan los 3,5 millones de euros para residuos peligrosos, si bien se clasifican de la siguiente forma:

  • Infracciones muy graves. Las sanciones van de 100.001 a 3.500.000 euros en residuos no peligrosos. Si son residuos peligrosos, van desde 600.001 a 3.500.000 euros.
  • Infracciones graves. Las sanciones van de 2.001 a 100.000 euros en residuos no peligrosos. Si lo son, van de 20.001 a 600.000 euros.
  • Infracciones leves. Las sanciones pueden ser de hasta 2000 euros en el caso de residuos no peligrosos y ascienden hasta 20.000 euros en el caso de que sean peligrosos.

Imágenes | SEO/BIRDLIFE, Ömer Gülcan

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