Paul Manafort: el hombre cuya detención vuelve a poner a Trump al pie de los caballos del FBI

Sería la clase de noticia que normalmente haría tambalearse a cualquier presidente de los Estados Unidos, aunque con Donald Trump es otra muesca más en su ya larga lista de escándalos. Paul Manafort, jefe de la campaña electoral que llevó al magnate a la presidencia, se ha entregado al FBI. Se le acusa de doce delitos; el más grave, conspiración contra los Estados Unidos.

Además de Manafort, también se han entregado Rick Gates y George Papadopoulos. Ambos trabajaron en la campaña de Trump, y el último ha admitido ser culpable de mentir al FBI sobre sus contactos con Rusia. Estas detenciones se producen en el marco de las pesquisas sobre la posible intervención de Rusia en la elección de Trump, liderada por el exdirector del FBI *Robert Mueller.

Manafort y Gates son los primeros acusados en esta investigación. Aunque aún no hay pruebas de la connivencia directa de Trump con Rusia, que dos colaboradores tan estrechos estén involucrados hace pensar que son las primeras fichas de un efecto dominó que podría llegar hasta la Casa Blanca. ¿De dónde surge Paul Manafort y cuales son las consecuencias de su detención?

Manafort, asesor político de dictadores

Manafort, hijo del alcalde de una pequeña ciudad de Connecticut y licenciado en derecho en Georgetown, tiene una larga trayectoria al servicio de candidatos republicanos. Fue un importante asesor en las campañas de Gerry Ford, Ronald Reagan, George Bush padre y Bob Dole; sin duda un currículum relevante para dirigir la campaña de Trump.

Pero la participación en campañas del Partido Republicano no es la faceta más destacada de la carrera laboral de Manafort. Se labró un nombre en Washington gracias a la firma de lobbying BMSK, de la que fue socio fundador (otro de los fundadores, Roger Stone, es también una pieza fundamental de la presunta conexión de Trump con Rusia, tras anunciar que Wikileaks tenía información comprometedora sobre Hillary Clinton antes de que fuese publicada).

La carrera estelar de BMSK comenzó en 1985 con un contrato de 600.000 dólares para conseguir apoyo por parte de Estados Unidos a Jonas Savimbi (líder de uno de los bandos de la guerra civil que desangró Angola durante 27 años). Funcionó. Tras este, siguieron trabajos millonarios para el dictador filipino Ferdinand Marcos y el zaireño Mobutu Sesé Seko. En los años 1990 BMSK realizó importantes trabajos de relaciones públicas para otros regímenes dictatoriales africanos como Somalia o Guinea Ecuatorial.

Manafort se labró un nombre en Washington lavando la imagen de dictadores como Ferdinand Marcos o Mobutu

Manafort estuvo involucrado en oscuros negocios con Pakistán que ya le supusieron problemas con el FBI. La agencia descubrió que el dinero que Manafort cobraba del Consejo Americano Cachemir para (supuestamente) promover la causa de Cachemira procedía en realidad de los servicios secretos pakistaníes como parte de una campaña para desviar la atención sobre el terrorismo. Paul Manafort llegó a hacerse pasar por reportero de la CNN para realizar entrevistas y obtener información en la India.

Sus actividades también se extendieron a la Unión Europea, en concreto, a Francia. Manafort trabajó para la candidatura de Eduard Balladur a las presidenciales de 1995, recibiendo sus pagos a través del traficante de armas libanés Abdul Rahman al-Assir, viejo amigo y cliente. El dinero procedería, según las investigaciones del affaire Karachi, de las comisiones por la venta de submarinos franceses a Pakistán.

Ucrania: la conexión rusa de Manafort

El trabajo de Manafort en Ucrania merece un capítulo aparte por su relevancia. Viktor Yanukovych, líder del prorruso Partido de las Regiones, había perdido la presidencia ucraniana tras la Revolución Naranja, y estaba dispuesto a recuperarla electoralmente. Yanukovych contrató a Manafort por consejo de sus asesores rusos, y este aceptó pese a las críticas de la embajada norteamericana en Kiev, que veía a Yanukovych como contrario a los intereses nacionales por su estrecha relación con Putin.

Oficialmente, Manafort trabajó para Yanukovych hasta que este finalmente ganó las elecciones presidenciales en 2010 (limpiamente, al contrario de las que propiciaron la Revolución Naranja y fueron anuladas por fraude). Durante esos años, Manafort también tuvo como cliente al oligarca ruso Oleg Deripaska, muy próximo a Vladimir Putin, a quien ayudó a adquirir empresas ucranianas. La conexión con Deripaska y Yanukovych convirtió a Manafort en uno de los norteamericanos más próximos al círculo de Putin.

Viktor Yanukovych con Vladimir Putin, ambos conectados a Manafort. (Kremlin)

La gira ucraniana de Manafort tuvo una segunda temporada tras la revolución del Euromaidán. En 2014, con Yanukovych huido y en la lista de sanciones norteamericanas, Manafort asesoró a su sucesor Serhiy Lovochkin para reconstruir sobre las cenizas del Partido de las Regiones un nuevo Bloque de Oposición uniendo a todos los elementos prorrusos y antieuropeos de la política ucraniana, en una maniobra contraria a los intereses estadounidenses y favorable a los rusos.

Oficialmente, el trabajo de Manafort acabó en octubre de 2014, pero las autoridades ucranianas tienen registradas frecuentes visitas anteriores y posteriores a esa fecha. Unos mensajes filtrados colocan a Manafort como una de las personas que aconsejó a Yanukovych la represión violenta del Maidán, aunque su autenticidad no terminó de ser probada.

Las autoridades ucranianas sí consideraron probados, en cambio, pagos en metálico de más de 12 millones de dólares del Partido de las Regiones a Manafort, no declarados hasta entonces, con el objetivo de influir en la opinión e instituciones norteamericanas. La explosión de este escándalo en agosto de 2016 propició su dimisión como jefe de campaña de Trump, que colocó a Steve Bannon en su lugar. Visto el resultado final de las elecciones, parece que el caso tuvo un impacto limitado.

Manafort, pieza clave en la injerencia rusa

Paul Manafort era un viejo conocido del FBI por sus manejos en Pakistán, pero trabajar para uno de los más cercanos aliados de Vladimir Putin volvió a colocarlo en el punto de mira de la inteligencia norteamericana. El FBI, con ayuda de la CIA y la NSA, investiga desde 2014 las acciones de Manafort como agente extranjero, especialmente tras las revelaciones realizadas por la justicia ucraniana.

Desde abril de 2017, las investigaciones contra Manafort se enmarcan en la amplia investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre la injerencia rusa en las elecciones que encabeza Robert Mueller. Las amistades peligrosas de Manafort son uno de los indicios de esta presunta colaboración, indicios confirmados por su participación en la reunión en la Torre Trump con el informador ruso que prometió a Donald Trump Jr material comprometedor sobre Hillary Clinton.

Según el FBI, las grabaciones realizadas durante los últimos meses demuestran que Manafort y su socio Robert Gates estuvieron ejerciendo como agentes extranjeros sin estar debidamente acreditados para ello y que elaboraron un esquema para ocultar el dinero que realmente estaban recibiendo de Ucrania y Rusia, que pudo ascender a 75 millones de dólares.

El dinero se movía facturando supuestas compras a sociedades pantalla del Reino Unido, las islas Granadinas y sobre todo Chipre, un país con importantes vínculos financieros con la oligarquía rusa. Que Manafort y Gates negaran el esquema y obstruyeran la investigación del Departamento del Tesoro es la principal razón que sustenta la acusación de conspiración contra los Estados Unidos. A ella se le suman varios cargos por blanqueo de dinero, fraude fiscal y omisión del deber de registrar su actividad como agentes extranjeros

De momento, tanto Manafort como Gates se declaran inocentes, pero se enfrentan a hasta 20 años en prisión.

¿Prueban esto la conexión de Trump con Rusia?

La respuesta corta es no. Las acusaciones se centran en la actividad de Manafort como agente extranjero y el blanqueo de enormes cantidades de dinero asociado a dicha actividad. No hay mención a Donald Trump en los 31 folios firmados por Mueller, lo que podría dar a entender que se ha extralimitado en su investigación.

Comienzo del escrito de acusación contra Manafort y Gates

Sin embargo, esta es sólo la primera acusación del comité de investigación. La pieza tiene que encajar en el más amplio puzzle de la injerencia rusa en las elecciones, cuyo aspecto final aún desconocemos. Junto a Manafort se están investigando las conexiones rusas de otros destacados miembros del equipo de Trump como Jeff Sessions o Mike Flynn, así como parte de su círculo familiar (Donald Trump Jr y Jared Kushner). Que un personaje tan fundamental en el ascenso de Trump como es Manafort sea objeto de estas acusaciones hace difícil de creer que no formen parte de una trama más compleja, que Mueller y su comité tratan de desenredar.

Trump mantiene que no colaboró con Rusia y de momento no hay evidencias directas de ello, pero sí de muchos de sus colaboradores directos

La postura oficial de Trump sigue siendo que no hubo ningún tipo de colusión con la inteligencia rusa y, de momento, no hay evidencias directas de que él haya estado implicado. Pero Manafort y compañía también negaron dicha conexión hasta que la justicia y la prensa han ido destapando caso tras caso. Es especialmente relevante el caso del fiscal general, Jeff Sessions. La confesión de George Papadopoulos conocida hoy hace casi insostenible su versión de que desconocía cualquier conexión con Rusia.

En cualquier caso, estamos ante los primeros pasos de la investigación. No sabemos si acabará probando que Donald Trump recibió ayuda rusa para su elección, pero lo que sí está ya demostrado es que varios miembros clave de su equipo sabían donde encontrarla.

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