París quiere vender todos los candados del Pont des Arts y donar lo recaudado a los refugiados

El Pont des Arts de París se ha convertido en el símbolo por excelencia de París, ciudad del amor. Durante los últimos diez años, centenares de miles de parejas han colocado sus candados románticos en los paneles laterales del puente, lo que ha sobrecargado su peso y ha puesto en peligro su integridad material. Hace unos meses, el ayuntamiento decidió quitarlos todos. Pero restaba una pregunta, ¿qué hacer con ellos?

La respuesta ha sido consonante al espíritu del puente: amor. O dicho de otro modo: utilizar los candaditos de un modo que tengan un efecto benéfico en otras personas. Así, las autoridades parisinas han anunciado una campaña para vender parte del más de millón de candados antiguamente adosados al puente y para donar lo recaudado a grupos en defensa de los refugiados. El ayuntamiento aspira a recaudar más de 100.000 euros.

La fiesta de los candados, no los toques, por favor.

La ayuda sería menor, pero simbólica. Y ante todo, confirmaría el interés de la ciudad de desprenderse de forma definitiva de los candados del puente. Para ello, las autoridades parisinas han hecho lo que mejor saben hacer: valerse de la marca París. Si bien defenestrados, comprar uno de los candados será hacerse con un pedazo de "la historia de París", o de la historia personal de una pareja que decidiera inmortalizar su amor. Los candados serán puestos a la venta por lotes y a precios económicos.

Di "no" al amor. Es por una buena causa

El problema de los candados parisinos se remonta a 2008, cuando algunas parejas decidieron adosar su romántica relación a los laterales del Pont des Arts. Desde entonces, la naturaleza turística, romántica y viral de París ha provocado que la anécdota se convierta primero en moda y más tarde en tendencia, alcanzando otros puentes de la ciudad y del mundo. El crecimiento de los candados ha sido alucinante.

A la altura de 2014, la situación era ya insostenible.
Alta densidad.

Hasta el punto de que cuando Anne Hidalgo, alcaldesa de París, decidió deshacerse de todos ellos, la ciudad se topó con toneladas y toneladas de hierro sin utilidad ni función. La campaña pro-refugiados sirve, en parte, para desprenderse de los candados y generar beneficio para la ciudad. En concreto, serán 10 toneladas las que el público podrá comprar (a 10 euros el kilo). Con el resto de candados, otros tantos, el ayuntamiento prevé fundirlos y venderlos para industrias interesadas en el material.

La medida es la última de un largo listado de acciones anti-candados ejecutadas por París. En aras de preservar al pobre Pont des Arts, objeto aleatorio del amor romántico de las parejas, las autoridades han instalado placas de plástico que impidan de forma física colgar candaditos o cualquier otro objeto similar.

Ya no habrá más candados. Esas placas de plástico lo impiden.
Así luce el puente ahora, sin candados.

De la aceptación a la prohibición, de la retirada a la protección, y del rechazo al dinero benéfico para los refugiados. El ciclo del amor es impredecible.

Y en este caso, justo. París ha sabido aprovechar una de las grandes olas informativas de 2016: los refugiados de la guerra siria y la precaria situación de millones de ellos tanto en las fronteras de la Unión Europea como en los países vecinos de Siria. En un contexto de rechazo político a su acogida y de un tortuoso acuerdo con Turquía para mantenerlos fuera de los estados europeos, millones de ellos siguen esperando entrar en el espacio común en campos de refugiados. Sólo en 2015 hubo más de un millón de solicitudes de asilo.

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Imagen | David McSpadden, Isabell Schulz, Derek Key, Guilhem Vellut, Jorge Láscar

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