Para localizar al piloto perdido en Irán EEUU utilizó dos herramientas. Una se la dio Boeing, la otra es ciencia ficción

Sea real o no en los términos descritos, el dispositivo proyecta lo más importante: la imagen de superioridad casi total

Miguel Jorge

Editor

La llamada magnetometría cuántica ha prometido medir campos magnéticos tan débiles que rozan los límites de lo detectable, utilizando defectos microscópicos en diamantes sintéticos capaces de registrar variaciones imperceptibles. En laboratorio, estas técnicas ya permiten observar señales biológicas a escalas sorprendentes, pero siempre en entornos controlados y a distancias muy cortas. Fuera de esas condiciones ideales, entre ruido, interferencias y distancia, la gran incógnita sigue siendo la misma: hasta dónde llega realmente esa sensibilidad.

Estados Unidos dice tener la respuesta, y es muy difícil de creer. 

Dos herramientas para encontrar a un desaparecido. Washington ha contado que la operación para rescatar al aviador derribado en Irán se apoyó en una combinación muy concreta de tecnologías que, juntas, marcaron la diferencia entre encontrar a un hombre o perderlo en un terreno inmenso. 

Por un lado, el piloto disponía de un sistema estándar y bien conocido como el CSEL de Boeing, un dispositivo de comunicaciones que permite enviar señales cifradas vía satélite y guiar a los equipos de rescate con relativa precisión. Este tipo de herramienta, ampliamente distribuida en las fuerzas armadas, fue clave para confirmar que seguía con vida y acotar su posición inicial en un entorno extremadamente hostil.

La otra herramienta que roza lo inverosímil. El segundo elemento del rescate es el que ha generado más interés (y dudas), ya que distintas informaciones apoyadas en una exclusiva del New York Post apuntan al uso de un sistema llamado “Ghost Murmur” capaz de detectar el latido del corazón humano a larga distancia mediante magnetometría cuántica combinada con inteligencia artificial. 

Sobre el papel, la idea es extraordinaria en una película, pero al parecer también en el mundo real: identificar la firma electromagnética de un cuerpo vivo en medio del desierto, aislarla del ruido y convertirla en una coordenada operativa. Ocurre que aquí también empiezan las incógnitas, porque ese tipo de señales son extremadamente débiles y, hasta ahora, solo se podían medir a muy corta distancia en entornos controlados, lo que plantea serias dudas sobre su alcance real en condiciones de combate.

Entre lo plausible y lo inflado. El propio contexto del rescate sugiere que, más que sustituir al sistema clásico, esta tecnología habría actuado como complemento en condiciones muy específicas: un entorno con baja interferencia electromagnética, pocas firmas o señales humanas y un objetivo obligado a exponerse brevemente para activar su baliza. 

Es decir, no tanto una herramienta omnisciente como una capacidad muy limitada, útil en escenarios ideales pero difícilmente extrapolable a situaciones más complejas. La narrativa de “encontrar a alguien por su latido a kilómetros de distancia” encaja bien como concepto o en una película de Nolan, pero hasta ahora chocaba con las limitaciones físicas conocidas.

El precedente “venezolano”. Muchos analistas escépticos se han lanzado a la yugular de estas afirmaciones hablando de ingeniería inversa de otra arma futurista para lograr el “Ghost Murmur”. Porque el escepticismo no surge en el vacío, sino en un contexto reciente donde ya se han presentado tecnologías envueltas en un halo casi fantástico, como el supuesto “discombobulator” mencionado por Trump en la operación contra Nicolás Maduro

En ese caso, expertos apuntaron que probablemente se trataba de una mezcla de capacidades reales (guerra electrónica, armas acústicas o sistemas de energía dirigida) presentadas como un único dispositivo casi mágico. El patrón es reconocible: tecnologías existentes reinterpretadas o exageradas en el relato público.

La guerra también se libra en el relato tecnológico. Si se quiere también, en conjunto, el rescate revela algo más profundo que una simple operación militar: la creciente importancia de la narrativa tecnológica en los conflictos modernos. Estados Unidos utilizó una herramienta tangible, eficaz y probada para localizar al piloto, ni más ni menos que un GPS, pero también dejó entrever otra capacidad que, real o no en los términos descritos, proyecta una imagen de superioridad casi total. 

Y posiblemente ahí, entre lo que es técnicamente posible y lo que se comunica, hay un espacio donde la percepción importa tanto como la realidad, y donde a veces la frontera entre tecnología avanzada y ciencia ficción se vuelve deliberadamente difusa. 

La película del rescate, desde luego, ya está prácticamente escrita.

Imagen | U.S. Air Force

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