Pagar por trabajar: el futuro distópico del mercado laboral ya es una realidad en Glovo

Glovo ha entrado en el terreno de la cotidianidad. Se ha insertado en nuestras vidas de forma automática. Y lo ha hecho gracias a una flota enorme de repartidores cuyas condiciones laborales son un permanente dolor de cabeza para la aplicación. La última noticia es, quizá, una de las más sorprendentes de cuantas han surgido a su vera: los trabajadores, ahora, tendrán que pagar a la empresa para utilizar su plataforma. Dos euros a detraer de su nómina cada quince días.

Dos euros, un seguro. Glovo defiende la medida, desvelada por ABC, anunciando un seguro de "responsabilidad civil" para todos sus repartidores, a instaurarse en los próximos meses. Los dos euros quinquenales, así, servirían para sufragar cualquier tipo de "accidentes" que sufran en el desempeño de sus labores. De forma más prosaica, Glovo quiere remarcar así que sus riders no son "empleados", algo que la compañía siempre ha defendido, sino "clientes".

La franquicia eres tú. Así, los riders funcionarían como las franquicias de comida rápida o las estaciones de servicio abanderadas. Si quieres utilizar la marca y la plataforma de Glovo, tienes que sufragarla. La realidad es terca, sin embargo: los repartidores sólo se constituyen como autónomos para trabajar con Glovo (deben pagarse su cuota de la Seguridad Social) y tienen poco o nulo control sobre las condiciones, turnos u otros aspectos tradicionales de una relación comercial, no laboral.

Es la última carga para los riders. También se costean su herramienta de trabajo (bici, moto, reparaciones, ropa, etcétera).

Más externalización. En parte, la decisión de Glovo es lógica. La app es paradigmática de la nueva economía "colaborativa", un neotérmino acuñado para difuminar las condiciones precarias de sus trabajadores. Su éxito se basa en externalizar los costes tradicionales de las empresas: es similar al modelo utilizado por AirBnb o por Uber en otros sectores. Al ser una "mediadora" no "emplea" trabajadores, sino que "colabora" con (falsos) autónomos a los que somete a condiciones libres.

Los riders trabajan desprotegidos. Y en condiciones de mucha competitividad y tensión (su sueldo depende de los repartos que hagan) genera grandes problemas.

Trabajo vigila. Las gravosas condiciones de los riders ya han sido sindicalizadas, en la que es la lucha obrera del futuro. Se han celebrado diversas manifestaciones y protestas en toda España, especialmente en Madrid, y las denuncias contra Glovo y otras empresas del sector (como Deliveroo o Uber Eats) han llegado a Inspección de Trabajo, que cuenta con una investigación abierta. Los repartidores piden ser considerados como "trabajadores" de Glovo y no como meros "autónomos".

La neolengua y el futuro. Lo que ilustra Glovo es la dirección de gran parte de la economía del mañana: una en la que el empleador exporta los costes laborales a sus trabajadores. Es la otra cara de la precaridad, la que se descarga en tu smartphone. Para ello, tanto Glovo como Deliveroo obligan a sus trabajadores a utilizar una suerte de neolengua despojada de cualquier tipo de referencia semántica a una relación laboral, como "trabajo", "pedido", "despido" o "salario".

Imagen | Akkupa John Wigham/Flickr

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